Por una Colombia moderna

  • Duque, solución joven a un país conflictivo
  • La clave está en mantener la iniciativa

 

Del presidente que hoy se posesiona, Iván Duque Márquez, no solamente puede exaltarse su juventud, sino particularmente la visión que, como joven, tenga y le imprima al país. Porque la edad, a fin de cuentas, es asunto circunstancial, no así sin embargo la impronta que pueda dejarse a partir de los conceptos refrescantes y modernos que sirvan para reorientar la nación hacia propósitos definidos y en buena parte inéditos.

Los colombianos podrían esperar, naturalmente, del presidente Duque un salto a lo moderno. Es decir, el acompasamiento nacional a los tiempos contemporáneos que deje atrás algunas taras y ciertas nociones enquistadas que han impedido el progreso y una mejor vocación de futuro.

En principio, la mayor talanquera de la sociedad colombiana consiste en haber dejado implantar una cultura del conflicto, tanto con las armas como con ciertas actitudes. En efecto, ser conflictivo es al fin y al cabo un estado temperamental que, antes de buscar salidas a los problemas, se desenvuelve dentro de la queja y la parálisis para tomar decisiones.

Sobreponerse a ello, es decir buscar sinergias sin el fatalismo tradicional de los colombianos, podría generar un espíritu completamente renovado. Pero el salto a lo moderno también tiene que darse en otros frentes que permitan poner los soportes de una nueva cultura.

En ello, por ejemplo, cuenta sobremanera ajustar el Estado a los propósitos nacionales en un mundo globalizado y que actúa en tiempo real. En esa ruta, hay entidades sobrantes pero también algunas que faltan por crear. Cuando un joven llega al poder sus responsabilidades, en ese sentido, pueden ser superiores pues nadie está esperando que su gobierno sea simplemente de transición o de equilibrar las cargas precedentes. Se entiende naturalmente que debe haber un punto de inflexión.

En su momento un joven de edad similar a la de Duque, César Gaviria, hubo de enfrentar las más duras circunstancias de orden público, pero al mismo tiempo creó, por consenso, una plataforma institucional completamente novedosa en la constituyente de 1991, luego de suscitarse para ello el voluminoso respaldo de los jóvenes en la “séptima papeleta”. Es posible, desde luego, que después de casi treinta años deban realizarse ajustes, pero en todo caso, el espíritu juvenil, mal bautizado como el “revolcón”, permitió, así mismo, abrir nuevas rutas y responder fehacientemente a los anhelos nacionales. Desde entonces el cambio quedó como acicate de lo que significa que un joven llegue al solio de Bolívar.

Lo que interesa, pues y como se dijo, no es la edad en si misma sino el empuje y la creatividad que ella supone. Fue lo que permitió al país, de otra parte, que otro joven de edad parecida a la de Duque, Andrés Pastrana, pudiera sentar las bases de una nueva visión de la seguridad nacional a partir de la creación del Plan Colombia que paulatina y finalmente llevó a la proscripción de la guerrilla como política de Estado.

De otro lado, es claro que una Colombia moderna exige el territorio libre de cultivos ilícitos, como cualquier otro país. Se estuvo considerablemente cerca de ese objetivo, cuando estos llegaron a disminuirse a 47 mil hectáreas, en 2013, durante la administración Santos, pero ese anhelo de la modernidad colombiana fue imposible de concretar al haberse cambiado intempestivamente de estrategia y permitir una nueva bonanza hasta el borde, hoy, de las 210 mil hectáreas y la disparada del consumo interno.

Por igual, se requiere una fuerza pública concentrada en el combate a la delincuencia interna, por parte de la Policía, y la defensa de las fronteras, misión de las Fuerzas Militares. Del mismo modo, urge revitalizar la justicia y sacarla del lodo en que la metieron algunos de sus más altos operadores. Por igual, en un país moderno es indispensable purificar los procedimientos de la política y afianzar la democracia a través de sistemas tecnológicos renovados.

Dentro de ese marco de modernidad es apremiante para Duque pedir que el Acuerdo de París sea vinculante para todas las naciones, puesto que como bien lo dice el último informe de The Economist, el cambio climático se está llevando por delante la viabilidad planetaria. Y en tal sentido, concomitante con su sensibilidad ambiental, el nuevo Presidente trabaja en la dirección correcta para crear el ministerio de la Ciencia y la Tecnología.

Una economía moderna, acompasada con lo que ocurre en otras partes del mundo, requiere por descontado de menores cargas tributarias y, para el caso de cualquier país latinoamericano, una reducción de las desigualdades sociales a través de la adecuación del Estado para cumplir esa meta. En Colombia, paradójicamente, ha sucedido lo opuesto: entre más ingresos estatales más desigualdades sociales.

Con Duque Colombia espera, por todo lo dicho, un salto a lo moderno y, con base en una iniciativa permanente, dejar atrás las trabas y sinsabores de una sociedad que más mal que bien se ha acostumbrado a vivir en el pozo de los elementos conflictivos y regresivos.