Nunca más ‘El Bronx’ | El Nuevo Siglo
Martes, 31 de Mayo de 2016
*Extinción de dominio o expropiación en toda el área
*Plan de asistencia social para la población vulnerable
 
La intervención de la Fuerza Pública en el peligroso sector del Bronx, en el centro de Bogotá, marca un desafío muy alto para las autoridades, no solo desde el punto de vista policial y judicial para arrebatarle definitivamente esta zona a las bandas del microtráfico, prostitución, hurto y toda clase de delitos que la han dominado por décadas, sino desde el punto de vista de la rehabilitación social de centenares, sino miles, de drogadictos y habitantes de la calle. 
 
Desde estas páginas muchas veces hemos advertido que era inaceptable que a pocas cuadras de la sede presidencial, el Palacio Liévano, el Congreso, el Palacio de Justicia, batallones militares y policiales, así como varios ministerios y entidades de primer nivel, es decir del llamado centro de poder político y administrativo del país, existiera un sector en donde prácticamente los criminales eran amos y señores. Si bien es cierto que a cada tanto las autoridades se tomaban por sorpresa el área y anunciaban el fin de ese foco delincuencial, a los pocos días, una vez los uniformados se retiraban, todo volvía a quedar en manos de los llamados “ganchos”, como suele llamarse a las organizaciones ilícitas que llevan años controlando esta mal llamada “olla”, un término despectivo que ha hecho carrera en todo el país para referirse a los sectores más peligrosos de cada municipio o ciudad. 
 
En esta ocasión el operativo que se realizó el fin  de semana para tomarse el Bronx y que terminó con una gran cantidad de capturas, decomiso de armas, drogas, elementos hurtados, así como el rescate de un secuestrado e incluso el desarticulamiento de redes de prostitución infantil, al punto de hablarse también de liberación de “esclavas sexuales”, tuvo como origen las denuncias de las últimas semanas en torno a que muchos menores de edad ingresaban a esa zona a cualquier hora del día para participar de desenfrenadas fiestas en las que no había ni dios ni ley. Dichas denuncias hicieron eco, una vez más, a los testimonios de desesperadas familias sobre cómo sus hijos y allegados se habían, literalmente, perdido en esa área de crimen, siendo blanco de los jíbaros, proxenetas y mafias de toda ralea. 
 
Ahora lo importante es que esta sea la última vez que se intervino el Bronx. Ese es el gran desafío. Si apenas se trata de un operativo más, como los tantos que se han llevado a cabo en los últimos años, en pocas semanas volveremos a lo mismo, a una zona en donde el crimen es el que manda. La meta no puede ser otra: hay que erradicar de manera definitiva este nicho delincuencial. Bien se podría pensar en aplicar extinción de dominio o expropiación por vía administrativa a todas estas derruidas edificaciones que han sido escenario de tanto hecho criminal. También podría crearse allí un gran parque metropolitano o incluso, construir una sede militar y policial de gran espectro. En fin, todo lo necesario para borrar el Bronx. 
 
Para que ello sea posible es necesario que la estrategia de rehabilitación social de los centenares o miles de drogadictos y habitantes de la calle que se hundían en el Bronx día por día sea la más efectiva, permanente y definitiva aplicada en el país en la última década. De igual manera, hay que redoblar el pie de fuerza policial en la capital del país. Acabar el Bronx no puede implicar cambiar un foco grande de inseguridad por veinte más pequeños en distintas zonas de la ciudad. Se denunciaba ayer que las bandas criminales estaban incitando desórdenes, hurtos y ataques a la Fuerza Pública en el centro de la ciudad, con el fin de distraer a los uniformados que no se han movido del Bronx desde el sábado pasado o de crear ejes de presión social y comercial contra la Fuerza Pública o la Alcaldía para forzar que dejen regresar a estos desarraigados a la zona.
 
No hay, pues, que bajar la guardia. Los gobiernos Nacional y Distrital deben activar esa estrategia de atención social a las personas en estado de vulnerabilidad. Paralelamente debe mantenerse sin excusa ni pausa alguna la presencia de los uniformados en el Bronx y todos sus alrededores para garantizar y asegurar la tranquilidad ciudadana. Y, por último, definirse de una vez por todas cómo se va a recuperar toda el área, partiendo de la base de generarle un nuevo futuro. Si ello no se hace, en su conjunto, este último esfuerzo también perderá efectividad en poco tiempo. Ese es el desafío.