COLOMBIA SE JUEGA MUCHO EN ESTAS ELECCIONES
Llegó la verdadera encuesta: la de las urnas

Foto Montaje El Nuevo Siglo
Tras una campaña sui generis, marcada por las consultas interpartidistas, el nuevo mapa político derivado de las parlamentarias y un alud de candidatos por firmas, y sin la sombra de la expectativa de reelección luego de tres contiendas por la Casa de Nariño, cinco fórmulas llegaron a la hora de la verdad para definir quiénes pasan al balotaje final. Política e ideológicamente es la campaña más diversificada de la última década. Los puntos débiles de cada aspirante pesarán mucho. El voto de opinión es una incógnita. Fuerte pulso entre discursos de experiencia y de cambio
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Colombia se juega hoy algo más que la definición de cuáles candidatos pasan a la segunda vuelta presidencial para seguir en carrera por la sucesión de Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño.

Esto porque la campaña que hoy llega a su punto culminante, en su primera fase, ha sido muy distinta a anteriores contiendas. Muchos meses han pasado desde que arrancaron más de una treintena de aspirantes, todo un récord incluso para un país en donde ser “excandidato” se ha vuelto casi que una profesión. Al final de cuentas sólo seis fórmulas llegaron a las urnas.

También es clave que los colombianos, a diferencia de las últimas tres citas en las urnas para escoger titular de la Casa de Nariño, hoy saben que ya no hay expectativa de reelección. Es un elemento clave, toda vez que frente a algunos candidatos se afirma en varios sectores que todavía están muy jóvenes o que pueden sumar más experiencia en altos cargos para volverse a presentar en cuatro años. Con la posibilidad de repetir mandato, esas hipótesis difícilmente se plantearían.

Otra de las particularidades fue que pese a tener claros y conocidos orígenes partidistas, buena parte de los candidatos decidieron lanzarse a nombre de los llamados “movimientos significativos de ciudadanos”. Es decir que recogieron firmas para poder respaldar sus aspiraciones, en lugar de ampararse bajo la personería jurídica de sus respectivas colectividades.

¿Las razones? Dos principalmente: primero, tener una mayor libertad para poder plantear alianzas multipartidistas; y segundo, no cargar con el lastre del desprestigio de los partidos políticos de vieja y nueva data. Un desprestigio casi generalizado por los picos de corrupción y rachas escándalos en la mayoría de las colectividades.

Así las cosas Germán Vargas Lleras, Juan Carlos Pinzón, Marta Lucía Ramírez, Gustavo Petro, Sergio Fajardo, Alejandro Ordóñez, Carlos Caicedo, Piedad Córdoba, Jairo Clopatofsky, Frank Pearl y el general (r) Luis Mendieta se inscribieron por firmas. En tanto que por el aval de los partidos se inclinaron el liberal Humberto de la Calle, el uribista Iván Duque, Clara López (MAIS), Claudia López de la Alianza Verde y Jorge Enrique Robledo, a nombre del Polo.

Paradójicamente de esa amplia baraja de aspirantes, varios dieron un paso al costado, ya sea porque no alcanzaron el mínimo de firmas, perdieron en consensos internos o en las urnas, porque las encuestas no los favorecían o simplemente terminaron como fórmulas vicepresidenciales.
 

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Este último caso es el de Pinzón, que es el segundo a bordo de Vargas Lleras; Clara López, tiquete de De la Calle; Ramírez, fórmula de Duque; y Claudia López, llave de Fajardo. Tan solo Petro escogió a una fórmula ajena a la baraja inicial de aspirantes, eligiendo a la parlamentaria verde Ángela María Robledo. Hay otra fórmula, desconocida para muchos: la del pastor cristiano Jorge Antonio Trujillo Sarmiento y su aspirante vicepresidencial Freddy Obando Pinillo, aspirantes por el partido Todos Somos Colombia.

Es evidente que esta particularidad de la campaña (de presidenciables que terminaron como fórmulas vice) tendrá su prueba de fuego hoy, en las urnas, en donde se mide el real alcance de sumatoria y capacidad de endosar potencial electoral.

 

Ajedrez partidista

Otro de los elementos determinantes para lo que pueda pasar en la votación de primera vuelta es que los partidos serán claves para inclinar la balanza. Como se sabe, la crisis de las colectividades que muchos analistas advirtieron con base en la gran cantidad de candidatos presidenciales que se inscribieron por firmas, se terminó descartando en las elecciones parlamentarias, pues su vigencia se volvió a revalidar.

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Cambio Radical y la Alianza Verde fueron los que más avanzaron en materia de escaños, en tanto que el Centro Democrático, aunque fue el más votado, perdió una curul en Senado, mientras que conservadores, La U y liberales también retrocedieron en bancada pero continúan siendo decisivos a la hora de las coaliciones.

¿Cómo impacta ese nuevo mapa político lo que hoy pueda pasar en las urnas? Mucho, los partidos continúan siendo el principal motor electoral colombiano, sobre todo en materia de maquinaria proselitista. Duque tiene la base del Centro Democrático, la votación de Ramírez y sumó adhesiones clave como las de los partidos de origen religioso. Vargas parte con el potencial de Cambio Radical, el grueso del partido de La U y la mayoría de la bancada electa de los conservadores. Petro tiene, además de los 500 mil votos de su lista “decentes” al Senado, el apoyo de buena parte del Polo, otros sectores de izquierda y confía en el voto de opinión; De la Calle, además de ondear la bandera de la paz, logró que el liberalismo lo apoyará en bloque pero es claro que algunos dirigentes y parlamentarios se fueron con Vargas y Duque. Y, por último, Fajardo tiene a su movimiento Compromiso Ciudadano, la Alianza Verde, una parte del Polo y apuesta por el voto de opinión e independiente…

Consultas a prueba

Una de las mayores incógnitas a despejar hoy en las urnas es qué tanto la votación de las consultas interpartidistas del pasado 11 de marzo para escoger candidatos presidenciales se puede mantener en cabeza de los aspirantes elegidos por esta vía.

Como se sabe, las consultas interpartidistas no sólo marcaron un récord en materia de votación (diez millones de sufragios), sino que Duque y Petro, que ganaron con amplia ventaja sus respectivas coaliciones, se dispararon desde entonces en la contienda proselitista. Incluso, no pocos analistas sostienen que De la Calle, Vargas y Fajardo cometieron un error al dejarles el campo abierto a Duque y Petro que tuvieron dos meses de publicidad política, exposición mediática y campaña proselitista por todo el país, lo que los impulsó luego en las encuestas.

Es evidente que muchas personas que no pertenecen ni militan en el uribismo o la “Colombia Humana” participaron en esa escogencia de precandidatos de dos coaliciones el 11 de marzo. Ello se evidencia en la gran diferencia entre el récord de votación de las consultas y las que lograron para Senado partidos como el Centro Democrático o la lista petrista.

Hoy la situación es distinta, pues ya todos los aspirantes están en juego y cada quien va a votar por su candidato directamente, lo que podría variar sustancialmente el escenario con que se llega a este punto culmen de la campaña.

¿Podrá el uribismo revalidar los seis millones de votos de su consulta (sumando a Duque y Ramírez)? ¿Podrá Petro repetir los 2,8 millones que alcanzó? En la noche de este domingo las respuestas se conocerán.

 

¿Cómo está el escenario?

La respuesta a este interrogante es incierta. Si fuera por las encuestas hay que decir que Duque y Petro llegan con la mayor opción de pasar a segunda vuelta, en tanto que Vargas y Fajardo están detrás de esa dupla de punteros y De la Calle en el último lugar.

Sin embargo, las encuestas, que ya se equivocaron garrafalmente en el plebiscito refrendatorio de paz de 2016, han estado muy cuestionadas en esta campaña, a tal punto que hoy se juegan gran parte de su credibilidad.

De otro lado, una nueva metodología denominada “modelo de pronóstico”, que se basa en hacer promedios de encuestas y aterrizar los potenciales electorales de los mapas políticos posibles con base en el ajedrez de las alianzas y adhesiones, proyecta un escenario en donde los más opcionados son Duque y Vargas Lleras, con Fajardo y Petro persiguiendo.

En lo que hace al voto de opinión, para algunos algunos analistas estaría más inclinado hacia Fajardo, en competencia directa con Petro, aunque es sabido que se trata de franjas poblacionales muy volubles e imprevisibles.

 

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Elementos diferenciadores  

Al ser esta la campaña en donde mayor cantidad de perfiles políticos y posturas ideológicas distintas están en competencia, luego de tres comicios con la expectativa de reelección a bordo y supeditadas al pulso entre partidarios de una solución de fuerza o negociada al conflicto, el país asiste hoy a las urnas con un escenario inédito.

Mientras que en 2006, 2010 y 2014 el acuerdo de paz estaba en el centro del debate presidencial y polarizaba ampliamente a la opinión pública, en esta ocasión la discusión alrededor del tema ha sido distinta, no sólo porque el acuerdo de paz ya está firmado y difícilmente se puede reversar o renegociar, sino porque, a decir verdad, los ajustes a la fase de implementación que los candidatos han propuesto, incluyendo al propio Duque, no son drásticos.

De otro lado, la polarización entre santismo y uribismo que marcó el día a día de los últimos ocho años, teniendo como máximo punto de ebullición los comicios de hace cuatro años y la votación del plebiscito refrendatorio de paz, ya perdió mucho vapor.

Por el contrario, lo que hoy se ve es un país dividido entre más propuestas de estilos y énfasis de gobierno, todas las cuales se distribuyen a lo largo y ancho del espectro político. Tras su fraccionamiento, en la izquierda sólo quedó en campaña Petro, pero hay que decir que es la primera vez que un candidato de ese sector llega con tanta fuerza a la primera vuelta.

En 2006 el aspirante del Polo, Carlos Gaviria (que perdió con Álvaro Uribe, quien ganó en primera vuelta), logró una votación (2,6 millones) que nadie esperaba ni las encuestas preveían. Con el exalcalde bogotano la situación es distinta, ya que se ha mantenido en el top de las encuestas por varios meses y es claro que plantea un programa de gobierno muy distinto al de la mayoría de sus competidores en aspectos políticos, económicos, sociales e institucionales.

En el centro del espectro político también hay novedades. De un lado está Sergio Fajardo, un candidato que ha insistido en situarse como independiente y ajeno a los extremos de la política colombiana, teniendo como bandera diferenciadora la lucha anticorrupción en momentos en que los desfalcos, sobornos y trampas en lo público están a la orden del día.

Es claro que por su pasado político y electoral, y las alianzas que hizo con el Polo, pero sobre todo con la Alianza Verde, logró abrirse un espacio en el espectro proselitista que ningún otro de los aspirantes que en anteriores contiendas posaba como “independiente” logró consolidar.

En esa misma franja del centro se trató de ubicar De la Calle, ex vicepresidente, exjefe negociador en La Habana y, sin duda, uno de los dirigentes políticos de peso desde tiempos del proceso constituyente del 91. Aunque proviene de uno de los partidos más tradicionales y de la entraña del gobierno Santos, puede considerarse que su intención de hacer del acuerdo de paz una bandera políticamente rentable no le terminó funcionando, lo que confirma la tesis de que la polarización del país alrededor de este tema ya perdió terreno.

Es más, puede decirse que la lenta evolución de la aspiración de De la Calle prueba que si bien la opinión pública sigue dividida entre quienes consideran positivo o tolerable el acuerdo de paz, y los que lo critican férreamente, ya la disyuntiva no gira en torno a si hoy en las urnas se define su continuidad o el echarlo para atrás. En realidad, renegociar con las Farc ya no se considera una opción viable y a lo sumo se discute por el ritmo de la implementación, el nivel de ajustes a la misma y cómo castigar los incumplimientos de los desmovilizados.

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Paradójicamente a lo largo de la campaña candidatos de distinta perfil político terminaron coincidiendo en criticar las falencias de la puesta en marcha del acuerdo, tales como las disidencias de las Farc, el aumento de los narcocultivos en zonas dejadas por la guerrilla desmovilizada, el arranque accidentado de la JEP o el riesgo de reincidencia criminal que tiene en el caso del detenido excabecilla ‘Jesús Santrich’ su máxima alerta y preocupación.

Volviendo al tema del espectro político de la campaña, en la derecha se plantearon dos perfiles que el país y los propios candidatos se encargaron de ir diferenciando. En la centro-derecha se afincó el ex vicepresidente Vargas Lleras, quien viene de liderar el plan más ambicioso de infraestructura en las últimas décadas y basó su estrategia en presentarse como el dirigente con más experiencia y resultados probados para manejar el país. Para ello presentó, en opinión de todos los analistas, la plataforma programática más detallada.

Contrario al paradigma que trataron de imponer Petro, Fajardo y Duque sobre la necesidad de renovación en la cúpula del poder, Vargas buscó hacer valer su trayectoria como hombre público, carrera política de larga data y resultados tangibles en distintos campos. Insistió en que la disyuntiva no es apostar por lo nuevo o lo viejo, sino por el que sabe y da resultados positivos, y no por quienes no han tenido grandes responsabilidades a nivel nacional o fallaron cuando las desempeñaron.

Ya en la derecha-derecha se plantó Iván Duque, a quien el expresidente Álvaro Uribe escogió (en un proceso interno en donde el elemento determinador fue el guiño del máximo jefe) como su portaestandarte en esta campaña, así como lo hizo cuatro años atrás con Óscar Iván Zuluaga, quien ganó en la primera vuelta y perdió en la segunda ante Santos.

Desconocido para la mayoría de los colombianos hace un año, sin mayor trayectoria en altos cargos del Estado, Duque  viene de ser un senador destacado dentro de la bancada uribista y logró en menos de ocho meses pasar del margen  de error en las encuestas a puntearlas, apostando por un discurso en el que priman los mensajes de orden, autoridad y cambio frente al desgaste santista.

Aunque el aspirante uribista trató de centrar el grueso de su campaña y posicionamiento en el tema de la paz y las falencias del acuerdo con las Farc, le pasó lo mismo que a De la Calle: se encontró con que el país está dividido al respecto pero no por ello apostando por renegociar el pacto o echarlo para atrás. Incluso la intención de enfocar otra parte de la estrategia en el pulso con Santos, un mandatario impopular y con una crisis de imagen de gestión, no funcionó porque el Presidente se cuidó al extremo de entrar directamente en el ring electoral.

 

 

Los pulsos

Como se ve, frente a campañas como las de 2010 y 2014, en la actual hay elementos diferenciadores que impactan directamente la decisión de cada votante hoy. Y ello hace, por ejemplo, que aquella gaseosa hipótesis de la política colombiana en torno a que en la primera vuelta se vota con el corazón y en la segunda con la razón, no parezca tener mayor viabilidad en esta ocasión.

De otro lado, aunque la franja de indecisos no parece muy amplia, al tenor de las cuestionadas encuestas, sí es claro que una cantidad considerable de personas no se inclinan por exteriorizar su preferencia electoral y sólo lo hacen en la intimidad del cubículo de votación. Eso pasó en el plebiscito refrendatorio de 2016, en el que el No ganó cerrada pero sorpresivamente.

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De igual manera hay pulsos interesantes entre los aspirantes por presentarse (Vargas) como el más experimentado y ejecutor, (Petro) como el más decidido a cambiar y corregir drásticamente políticas públicas, (Fajardo) como la verdadera alternativa independiente y sin ataduras al establecimiento político, (Duque) como la vía para reconducir el país por el orden y principio de autoridad perdidos y (De la Calle) como la fórmula para que el esfuerzo del acuerdo de paz, con bondades y defectos, no se reverse a estas alturas de la implementación…

A lo anterior hay que sumar que para no pocos analistas, más que pensar en los puntos fuertes de cada candidato, lo que verdaderamente inclinará la balanza será lo que pesen los puntos débiles de cada uno, sean ciertos o no.

Así, a Duque le critican su inexperiencia en altos temas de Estado y una dependencia excesiva de la figura del expresidente Uribe. A Vargas Lleras le tachan de tener tras de sí la mayor maquinaria política y burocrática; Petro, a su turno, tiene su flanco débil en su cuestionada gestión en Bogotá y propuestas que podrían afectar la propiedad privada o dirigir el país a la crisis venezolana; De la Calle es blanco de muchas dudas porque defiende un acuerdo de paz que tiene no pocas inconsistencias y arrastra una alta desconfianza de la ciudadanía; y a Fajardo le critican un discurso gaseoso en muchos temas clave y poca experiencia en temas nacionales…

¿Qué puede pasar? Nadie lo sabe. Encuestas, “modelos de pronósticos”, mapas políticos, las propias “calculadoras electorales” de las campañas y los cálculos de los analistas proyectan resultados disímiles… Todo eso sólo empezará a quedar atrás a partir del momento en que empiece el conteo de votos hoy después de las cuatro de la tarde. Lo único claro es que Colombia, más que definir quiénes siguen en competencia por la Casa de Nariño, tiene hoy mucho más en juego. Las urnas tienen la palabra.