ACREDITAR BIEN A LAS UNIVERSIDADES
Escándalo en institución de educación superior

Foto civico
Esta semana aparecieron denuncias sobre irregularidades en la Corporación Escuela de Artes y Letras. Otra razón para fortalecer el sistema de aseguramiento de la calidad y que los negocios no se mezclen con la academia.

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DE NUEVO un escándalo por presuntas irregularidades y corrupción en una Fundación Universitaria, que ya está bajo la lupa del Ministerio de Educación. El turno es para la Escuela de Artes y Letras. Una institución creada en 1969 como un centro para promocionar las artes de color.

El asunto viene de hace varias semanas. Primero comenzó con las denuncias de los profesores por atraso en los pagos. De hecho, en algunos testimonios entregados a la W radio se habló de expulsiones y cancelaciones de contratos. Igualmente se dijo que algunos estudiantes tuvieron problemas para graduarse por ser acusados de publicar denuncias, entre ellas, la alta rotación de profesores. El problema de pagos de la nómina se suma a la compra de una hacienda por parte de la institución.

En terreno de la polémica, es una finca de 200 hectáreas localizada en Girardot y que según la oferta de la universidad se destina para el uso de las prácticas de algunos de los programas que ya se alejan del enfoque de la institución en artes y letras. Según las denuncias, no se está utilizando para los programas académicos, sino como lugar de recreo y propósitos personales del equipo directivo.  En las denuncias, afirman que la Hacienda San Martín tiene 300 cabezas de ganado y 70 caballos. Según la W, además, carga con una nómina que asciende a los 40 millones de pesos mensuales.

La prueba que muestran para decir que tiene más uso personal que profesional, es que los programas tecnológicos que oferta no tienen registro de Ministerio de Educación y los avala la Secretaría de Educación de Girardot. Además no cuenta con aulas, laboratorios o la infraestructura adecuada para cumplir con los requisitos académicos.

Algunos periodistas de la W radio se infiltraron en la institución universitaria, se presentaron como interesados a ingresar y entre las ofertas de programas les hablaron de los que no tienen registro calificado. El rector Edgar Díaz ha insinuado en sus intervenciones que todo es calumnia y que demandaría por injuria a quienes lo han señalado. Sin embargo, en las pistas recopiladas  se dice que él participa en ferias ganaderas en diferentes lugares del país. Esto haría suponer la existencia de la hacienda. Solo el Ministerio de Educación podrá intervenir de forma que si llegan a ser ciertas las afirmaciones se le ponga un freno al lucro de los recursos educativos.

La institución

La sede principal es en la Avenida Caracas con calle 70, pero se ha extendido con otras cuatro sedes en la ciudad. En 1973, la Corporación Escuela de Artes y Letras contaba con la aprobación del Ministerio de Educación Nacional para el funcionamiento de las siguientes carreras intermedias: Arte y Decoración, Dibujo Publicitario, Bellas Artes, Dibujo Arquitectónico, y Periodismo. Con la Ley 80 de 1980, la modalidad de la oferta pasó a llamarse técnica profesional y así continuó desarrollando programas académicos. Y la especialización en programas de arte, decoración y diseño.

La Ley 30 de 1992, permitió la creación de nuevos programas por parte de las IES, lo que facilitó el diseño, y desarrollo de programas académicos. Lo que fue aprovechado por la Corporación de Artes y Letras en 1995 para actualizar sus programas en las líneas de su experiencia académica adquirida, continuando su labor académica, pero además, tener programas profesionales y una expansión en otras áreas. Lo que la llevó contradictoriamente a ofrecer  programas de las áreas de ciencias agropecuarias, una ironía para una institución qué se había especializado en las artes.

El sistema de aseguramiento

La situación vivida por la Escuela de Artes y Letras, es otro ejemplo de la importancia de fortalecer y alinear los programas de aseguramiento de la calidad en la educación superior. No se pueden aprobar programas a una institución que no tiene el conocimiento, ni la experticia para desarrollarlos. Por otro lado, corresponde al mismo sistema universitario, construir un debate sobre la mal entendida autonomía, que no quiere decir hacer lo que se quiera. La autonomía requiere que las instituciones demuestren  experiencia, conocimiento, prácticas transparentes, para impedir que algunos directivos o particulares se aprovechen de la autonomía universitaria para convertir la educación superior en un negocio.

El asunto de la calidad no es sólo institucional, el país no puede permitir que se siga jugando con las ilusiones de los jóvenes, con sus esfuerzos por asumir créditos esperando un logro profesional, pero que se ven engañados por aquellos que solo piensan en el lucro y no en la calidad.

 

(*) Especialista en educación. Twitter: @hurtadobeltran  La opinión del autor no refleja necesariamente la posición del medio y es responsabilidad exclusiva del que la escribe”