BOGOTÁ , COLOMBIA / Jueves 31 Julio / 2014  |   Primer diario de análisis y opinión                 


¿Y el marco político?

*Prevalecen los parágrafos y los incisos

**En la paz interesa el consenso nacional

En general, lo que interesa en cualquier proceso de paz, más que los instrumentos jurídicos, es el marco político en que se desenvuelve. Por lo pronto, la Cámara de Representantes, en sexto debate, dio un apoyo abrumador e irrestricto a los elementos constitucionales que pretende el presidente Juan Manuel Santos para terminar con el conflicto armado en Colombia. Su primer paso, en efecto, fue el reconocimiento legal del mismo en uno de los incisos de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, y el segundo es la garantía jurídica para poder crear leyes estatutarias a fin de aplicar la Justicia Transicional en las diferentes manifestaciones de las hostilidades colombianas.

Dicho esto, no es, ciertamente, por más debatido, el marco jurídico lo que debe interesar a cualquier proceso de paz. Sin duda, nunca, en los diferentes ejemplos mundiales, los procesos de paz han tenido de acicate la articulación jurídica, sino que ella ha sido el resultado del consenso político y la voluntad concomitante para producir la reconciliación. Es decir, que los parágrafos y los incisos son secundarios a la decisión política de finiquitar cualquier conflagración interna.

Es posible, desde luego, que el presidente Santos y sus asesores prefieran primero tener todo el arsenal de posibilidades judiciales para luego generar el escenario propio de la paz. No se sabe fehacientemente si el Gobierno tiene ya contactos adelantados con ese propósito, bien sea con las Farc, el Eln o los neoparamilitares, o si dentro de las Fuerzas Armadas existe la idea de que es posible recurrir a esos nuevos mecanismos para lograr la subrogación penal en los juicios que se siguen a miembros de los organismos castrenses y policiales. El hecho, en todo caso, es que el denominado Marco Jurídico para la Paz hasta ahora se debate en el Congreso, con muy posibles ajustes en la Corte Constitucional, una vez se verifique el control correspondiente. De suerte que es bastante prematuro incurrir en debates sobre elementos que aún no se han configurado en su totalidad.

Lo que sí se observa con claridad, por el momento, es que la situación política para cualquier eventual proceso de paz ha producido todo tipo de encontrones y alinderamientos ideológicos. Frente a ello, no se vislumbra con nitidez cuál es la orientación gubernamental al respecto. Puede, inclusive, que así se haga a propósito, a fin de no descubrir cartas que el Presidente todavía tiene la reserva y cautela de jugar. Es claro, precisamente, que cualquier Presidente, en un país como Colombia, tiene el anhelo de la paz y de poner su influjo en esa dirección desde el solio. Algunos de ellos optaron por la denominada salida política negociada y otros por la vía exclusivamente militar, pero en general en casi todos los gobiernos, desde hace más de 30 años, se ha dado una mezcla de los dos. En ciertos momentos se ha hecho énfasis en las guerrillas, como ocurrió con el M-19, el Epl, parte del Eln y otros derivados subversivos, mientras que en los dos mandatos del expresidente Álvaro Uribe el énfasis estuvo en el paramilitarismo.

Ahora durante el gobierno del presidente Santos, al parecer, se pretendería un cartapacio para tener tratamiento diferente para los llamados actores del conflicto. Así, de la constitucionalización del Marco Jurídico para la Paz podrían derivarse leyes o artículos para uno u otro sector, con base, en todo caso, en la Justicia Transicional.

Como ya se dijo, sin embargo, lo que más interesa a cualquier proceso de paz es la cantidad de voluntad política en la materia y el consenso social respectivo. Por el contrario, lo que hoy pervive en el país es una honda división en el tema, donde líderes de diversa índole, incluidos el presidente Santos y el expresidente Uribe, tienen apreciaciones divergentes sobre los métodos y los objetivos. Las encuestas, por su parte, muestran cierta desorientación de la opinión pública en este aspecto. Si bien en ocasiones hay manifestaciones a favor del diálogo, ante otras preguntas se opta por una salida militar.

Desenredar la madeja, pues, no sólo comienza por la articulación de leyes. Incluso, muchos pueden pensar que eso es mejor hacerlo al final. El tema, más bien, debe comenzar por lo político, sincerando las opiniones. Fue precisamente lo político, en primer lugar, lo que permitió avanzar en un proceso de paz eficaz en Irlanda, lo mismo que en Sudáfrica. En Colombia, a hoy, ocurre exactamente lo contrario, y de allí que cuando se habla de si se abrirán o no las llaves de la paz nadie sepa muy bien de qué se está hablando. Lo que sí se observa, como sucedió con el atentado contra el exministro Fernando Londoño, es que una cantidad de fuerzas encontradas se mueven en el subfondo nacional. Para evitar estremecimientos de semejante índole es mejor las agendas públicas y abiertas, antes que la neblina y la incertidumbre.