Ante todo la autoridad | El Nuevo Siglo
Martes, 13 de Marzo de 2012

* El libertinaje de los vándalos

* Respaldo total a la Policía Metropolitana

 

La garantía de funcionamiento del sistema TransMilenio por parte de la Alcaldía de Bogotá y la Policía Metropolitana ha resultado plausible. La autoridad, en estas materias, no se discute, mucho menos cuando el país vio cómo la protesta se convirtió en una especie de asonada. No hubo vandalismo, sino verdadero pillaje, como se pudo constatar en las cámaras que filmaron el saqueo y la depredación. Fue evidente, además, que hubo una movilización para romper el sano tránsito del ejercicio ciudadano.

Los vándalos deben ser castigados en todo su rigor. Inclusive poner sus fotografías e imágenes como ejemplo de lo que nunca debe ser. Es cierto que el sistema TransMilenio requiere de ajustes y mejoras. De hecho, desde el principio, cuando el entonces alcalde Antanas Mockus presentó la idea del Metrobus al Concejo distrital, se dijo que aquello solamente resolvería una parte del problema de la movilidad. Luego, durante la administración Peñalosa, se puso el nombre de TransMilenio, pero de antemano el sistema estaba previsto y financiado.

La idea original consistía en que se prestaría por parte del Distrito en determinadas vías y carriles para uso exclusivo de los buses y siempre se dijo que su adecuación y mantenimiento estarían en cabeza de los operadores. Pasó lo contrario. Se delegó la operación y se trasladó al Distrito el gravoso mantenimiento. Es una de las anomalías que se deben corregir por cuanto existe una clara ley del embudo: lo ancho para los operadores, lo angosto para el Distrito.

Es innegable, desde luego, que de no haber sido por el Sistema y de haber continuado con lo que se venía el colapso citadino hubiera sido cosa de un par de años. De manera que indudablemente el TransMilenio, frente a lo anterior, ha sido benéfico. No obstante, como todo quedó a medias desde el comienzo, nunca se chatarrizaron los buses que debían salir de las avenidas. Por el contrario, hoy hay un doble sistema que convive malamente, porque los dueños de los automotores se han negado, en buena parte, a sacarlos del mercado, pese a, de otra parte, ser los dueños de la operación del TransMilenio.

Es claro que hoy el ciudadano, frente a las rémoras y el apretujamiento en el TransMilenio, recurre a las otras posibilidades. Sigue siendo un reto mejorar los tiempos y lograr un transporte público más cómodo y menos peligroso. Las mujeres, como se sabe, suelen padecer en los buses tratamientos indignos. Ciertamente, en muchas partes del mundo el transporte público, especialmente en los Metros, tiene características casi temerarias, pero en pocos lugares las mujeres soportan semejante asedio. En algunas ciudades donde hay Metrobus, se ha dictaminado dividir los automotores por géneros. El problema consiste en que se perderá tiempo de movilidad de los vehículos dentro de los carriles.

El alcalde Petro ha sugerido claramente que las protestas contra TransMilenio vienen dadas por los círculos izquierdistas que quieren ver fracasar su gestión. Se ha referido en particular a Clara López y Jorge Robledo. Aquellas divisiones de la Izquierda que aún palpitan luego de la campaña para la Alcaldía, donde el Polo Democrático prácticamente quedó borrado, no suscitan interés alguno para la ciudadanía. Lo que importa al común de la gente es que la urbe marche bien y no sea motivo de semejantes tropelías.

Las ciudades tienen un elemento particularmente sensible en la autoridad y el orden. No se trata, precisamente, de deslizarse hacia el autoritarismo o similares. Pero sin la autoridad serena y fehaciente es imposible que una ciudad pueda marchar bien. Todos los sectores ciudadanos son conscientes de que hay que mejorar el sistema TransMilenio, pero lo son más de que lo peor que puede pasar es el vandalismo visto recientemente. Por eso el apoyo integral a la Policía y a los agentes del orden es consustancial para que la autoridad no desfallezca ante semejantes síntomas de anarquía y libertinaje.