EU: menos impuestos, más economía

La reforma tributaria que está impulsando el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump, que se encontraba ayer en la instancia de conciliación con la Cámara, luego de haber sido aprobada por el Senado la madrugada del sábado, deja tres lecciones clave.

En primer lugar que en materia de reactivación económica hay que apostar por la audacia. Con una deuda pública de 20 billones de dólares, los analistas más ortodoxos recomendaban que la carga de impuestos en Estados Unidos no fuera disminuida, e incluso había quienes urgían que se ampliara la base tributaria para ayudar a tapar el hueco en las finanzas del gobierno federal. Sin embargo, desde su campaña presidencial Trump había prometido una fórmula alternativa consistente en que para reactivar el aparato productivo había que hacer, precisamente, todo lo contrario. Propuso la que desde entonces denominó como "la mayor reducción de impuestos de la historia".

Tras ganar la Casa Blanca, se pensó que el mandatario no aterrizaría su plan económico, sobre todo con un Congreso que aunque dominado cerradamente por los republicanos, no garantizaba que la agenda política gubernamental fuera fácilmente aprobada.
Sin embargo, Trump, quien se ha distinguido en este primer año por poner en marcha todo lo que prometió en campaña, sumando triunfos y derrotas en el lapso, presentó al Parlamento un ajuste tributario bastante ambicioso que generó inmensos debates en todo el país y un pulso político y parlamentario sin antecedentes. Sin embargo, al final, las bancadas de los republicanos en Senado y Cámara hicieron la tarea. A grandes rasgos la reforma, la primera en 30 años, apunta a aumentar el crecimiento en 0,3 por ciento en la próxima década. Para ello rebaja la tasa del impuesto de sociedades que pagan las empresas de 35 por ciento a 20 por ciento, sin contar las deducciones y exenciones ya vigentes. Las compañías ya establecidas en el país tendrán una serie de beneficios fiscales de amplio espectro. A la par, con el ánimo de Trump de promover la repatriación de capitales y de operaciones de las multinacionales estadounidenses, se aprobó una tasa preferencial de incentivo, buscando atraer más de 2,5 billones de dólares, hoy en el extranjero. La clase media, a su turno, también será impactada por la reforma ya que se duplicó el mínimo de exención tributaria por ingresos familiares o de parejas. En total el recorte de impuestos será superior a 1,5 billones de dólares en el plazo de dos años. Los mercados estaban muy ansiosos por su aprobación, y ello se verá reflejado hoy en la apertura de Wall Street.

Aunque los detractores de la reforma sostienen que ampliará en un billón de dólares el déficit, no pudieron derrotar con certeza la premisa de que el aumento del dinamismo productivo, los mayores flujos de inversión, un margen más alto de ganancias de las empresas y otros efectos del cambio impositivo impulsarán el crecimiento económico y la generación de empleo rentable y formal, lo que redundará en mayores ingresos al fisco federal. De igual manera, la tesis es que si las empresas tienen mejores resultados, demandarán más mano de obra calificada y no calificada, generando una competencia salarial por captar trabajadores y, por ende, aumentando los ingresos de estos, que en términos reales llevan tres décadas estancados. Esto es clave en momentos en que Estados Unidos va rumbo a un estatus de “empleo pleno”, con una tasa de desocupación apenas del 4,1 por ciento.

Una segunda lección clave que deja el avance de esta reforma tributaria va en la dirección de la fortaleza política del gobierno Trump, que poco a poco ha ido aterrizando su programa de gobierno, más allá de las polémicas diarias que protagoniza por sus pronunciamientos y posturas, que si bien alimentan el tráfico de las redes sociales y acaparan los cubrimientos periodísticos, no lo distraen de avanzar en sus grandes objetivos. Incluso, aunque la reingeniería al “obamacare” no se ha podido concretar, en esta reforma tributaria se logró incluir un artículo que elimina la penalidad a las empresas que no contrataran esa clase de seguros médicos.

La tercera lección clave que deja la reforma tributaria en Estados Unidos, que si pasa la conciliación debe ser suscrita antes de que termine este año, se refiere a lo que podría aprender Colombia de las políticas económicas de otras latitudes. Mientras que algunos analistas y expertos locales siguen empeñados en que es “populista” e “irresponsable” proponer una rebaja de impuestos, hay visionarios, como es el caso de la propuesta tributaria del candidato presidencial Germán Vargas Lleras, que apuestan por fórmulas audaces para disminuir la carga impositiva de las empresas –entre las más altas del continente-, impulsar su competitividad, la generación de empleo y, por ende, los ingresos del fisco.

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