El gran Fujimori

Cuando pienso en Fujimori se me viene la imagen de una persona excepcional y digo excepcional porque este hombre rompió toda tradición política latinoamericana, marcando un hito en la historia presidencial de nuestro continente.

Alberto Fujimori hijo de inmigrantes japoneses se desempeñó durante su vida profesional como ingeniero agrónomo en la actividad académica. Fue un brillante profesor agropecuario y llegó a Rector de universidad. Desde muy temprana edad desarrollo la idea de una producción popular para los campesinos y pequeños agricultores. Su símbolo del tractor fue demoledor y arrasó con una votación inusitada en la década de los noventa. Vendió su casa para financiar una campaña política sin ninguna posibilidad por carecer de maquinarias  ni respaldo político, se arrojó hasta más no poder y ganó la presidencia.

Como presidente del sol naciente suramericano desarrolló la economía como nunca antes, mejoró la calidad de vida y eliminó las guerrillas marxistas de Sendero Luminoso poniendo tras las rejas al criminal Abimael Guzmán con traje de presidiario. Sacó a ese país  adelante, salvándolo de la bancarrota y se hizo reelegir dos veces, la última fue desastrosa y le reportó su caída.

Pero como la política no perdona, al caído caerle, sus rivales le capitalizaron los errores, muchos, entre ellos la masacre de la Cantuta donde él ejerció autoridad y orden cobrando vidas y algunas otras equivocaciones como Vladimiro Montesinos y en fin, varias más.

Fujimori fue unos años al exilio en la patria de sus antepasados, regresó al Perú para participar de nuevo en política, pero fue encarcelado,  enjuiciado y condenado a 25 años. Su hija Keiko tomó las banderas de su partido y se erigió como su sucesora. Hoy la heredera lo ha traicionado, si, traicionó a su padre oponiéndose a su indulto por ambiciones presidenciales. Su otro hijo Kenji, comprometido con su padre, en hábil maniobra salvó al presidente PPK de la destitución costándole la fustigación de su hermana y la familia se abrió.

Fujimori fue indultado y él como todo un samurái derrotado, decidió no hacerse el sepuku, contrario, sonrió al mundo para pasar sus últimos días, ya casi moribundo a sus 79 años revindicado políticamente, aunque sus detractores han realizado desórdenes por la humana y estratégica decisión del presidente Kuczynski.

Alberto Fujimori, un hombre admirable, que pagó su éxito y sus errores, pero cumplió con su destino. La historia lo absolverá y Dios será finalmente quien lo juzgue.

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