De las decisiones políticas | El Nuevo Siglo
Sábado, 9 de Diciembre de 2017

Las coincidencias en varias votaciones ocurridas en las cámaras legislativas han puesto de presente la afinidad entre las fuerzas de la centro-derecha colombiana. Es como si el flujo natural de los acontecimientos las llamara a entenderse en la batalla por una Colombia que le dé prioridad a la libertad dentro del orden, a la equidad, basada en la dignidad de la persona humana, y al trabajo, reconocido cogestor en la creación y funcionamiento de la empresa, impulsadora del progreso de los pueblos. Estos deben ser los principales objetivos en la gran lucha actual de las naciones democráticas, estremecidas por el terrorismo, agobiadas por la desigualdad, capturadas por el neoliberalismo y desorientadas por los falsos profetas de una izquierda totalitaria que se agazapa para darle el zarpazo a la democracia.

Esos, también, son los retos a los que se enfrenta nuestro país en las elecciones que tendrán lugar el próximo año. La polarización es propia de los debates democráticos y no debe alarmar. Lo importante es que se respeten las reglas del juego y cesen los intentos por amañarlas o interpretarlas en beneficio de las tendencias que se sirven del poder. Por el contrario, el poder debe ser árbitro imparcial de las contiendas.

Tan particulares circunstancias obligan a dejar atrás temeridades y vetos. Todo es secundario ante el deber de brindarles un futuro de tranquilidad y bienestar a los colombianos. El anhelo colectivo de seguridad y paz necesita una respuesta confiable, que se refleje en un entendimiento amplio, antes de la primera vuelta, para asegurar la victoria. Tenemos sabido que a los campaneros de la unión les disparan desde todas las esquinas por los apasionados voceros de su propia verdad. Son los mismos que se lamentarán de la derrota que no se supo evitar. Con realismo, conviene encajar en todo su significado las recientes elecciones de Yopal. Los autores de “Megatendencias”  aconsejan observar las pequeñas poblaciones porque reflejan el sentimiento nacional más que las grandes urbes. Además, como lo predijimos hace un año, Sergio Fajardo, avanza sereno por entre el desorden de sus adversarios.

Realmente, las victorias que se obtienen con generosidad y magnanimidad son las que despejan definitivamente el horizonte. Hoy, las masas están inquietas, interrogan y reclaman mayor atención.

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Hace 8 años Germán Vargas hizo una excelente candidatura. Ahora, raudamente, reverdece sus bien ganados laureles. Por los lados del Centro Democrático, la disputa se ha limitado a tres admirables candidatos, Iván Duque, Carlos H. Trujillo y Rafael Nieto, quienes le hacen honor al quehacer político. Desafortunadamente, en el conservatismo persisten las inconsecuencias. Cuando hay solo dos insignes gladiadores: Martha Lucia y Ordoñez, la bancada azul deshoja la margarita ignorando que sin candidato propio no podrá mantener las curules actuales.

Es más, un resultado adverso en las parlamentarias tendría dimensión de catástrofe. De ahí mi insistencia en el acuerdo. Más que vetos y vacilaciones lo que se requiere es voluntad de historia. Guiado por ese sentimiento, encuentro en la altiva decisión del Presidente del Senado, Efraín Cepeda, consecuente con las votaciones referidas inicialmente, una oportunidad para abrir las puertas y tender la mano. La gallardía puede dar frutos de victoria.