CONCIERTO
Bruno Mars: 24k de magia en Bogotá

El público enloqueció de principio a fin con las canciones del artista durante su primera presentación en el país.

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Desde que fue anunciada la llegada de Bruno Mars a Colombia, muchos se emocionaron, se paralizaron y gritaron por el primer concierto del artista en esta tierra, y no es para menos, ya que la puesta en escena, articulada con una espectacular voz y un tremendo carisma han demostrado que los shows de este jamaiquino son de otro nivel.

Las expectativas eran altas, 24k Magic World Tour ha recibido excelentes críticas a nivel mundial, además de que Mars se encuentra en un momento cúspide de su carrera. Pero esas expectativas no se cumplieron, fueron 24 mil veces superadas, pues la puesta en escena fue como traer a Colombia un pedacito de sus exitosas presentaciones en los Grammy’s y el Super Bowl.

Afortunadamente, el cielo no se estremeció como días anteriores, incluso pareciese que hasta el cielo se armonizó para lograr una velada extraordinaria, en la que el cielo brillaba tanto como los ojos de muchos niños y adultos que fueron a ver a su ídolo.

Los encargados de abrir camino a la tan esperada velada fueron DNCE, agrupación que a pesar de su poca trayectoria en la industria musical, lograron cautivar al público con sus atrevidos movimientos, bailes, solos de guitarra y mucho color. La banda liderada por el ex Jonas Brother, dejé con la curiosidad a más de uno frente a su propuesta musical.

Y aunque el concierto inició con toda la energía, no fue hasta la aparición de un símbolo que el público enloqueció, una corona, la cual anunciaba la llegada de Bruno a la tarima y que además dejó muy en claro “él es el rey”.

Como se esperaba, fueron dos horas en las que el artista deleitó a más de 50.000 personas en el estadio El Campín con sus movimientos y su exquisita voz. El repertorio se puede resumir en una excelente retrospectiva de la carerra del artista, el cual fue una interesante mezcla entre sus éxitos más recientes como “24k magic”, y clásicos como “Just the way you are” –sencillo que lo llevó al estrellato-.

La primera canción del repertorio fue la nominada al Grammy y la cual es la canción titular de su último disco, “24k magic”, presentación que de inmediato subió el nivel del concierto a tope para nunca bajar, pues los ojos de muchos se iluminaron y su bocas se quedaron completamente abiertas con la espectacular y sorprendente puesta en escena, repleta de fuego y unos dorados juegos artificales.

Desde ahí, Bruno Mars nunca bajó el ritmo, el nivel o la calidad del show, pues no hubo una persona que no bailara o cantara éxitos Thats What I Like, Treasure y Perm, canciones cargadas de su usual estilo funk, su toque de Michael Jackson y su actitud arrolladora.

Sin embargo, ésta no fue la mejor parte, pues no cabe duda que a pesar de la cautivadora iluminación, el fuego, las luces y los bailarines, el éxito de la noche recayó en canciones con melodías más suaves, en donde el público no cantaba, sino gritaba bajo un solo coro los títulos de canciones como “Versace on the Floor”, y en donde además el interior del estadio se vistió de luces violetas y blancas.

Sorprendentemente, fueron sus clásicos los que mayor emotividad causaron entre los asistentes, las lágrimas rodearon a más de uno, los brazos no bajaron y las miles de voces dentro de El Campín nunca se silenciaron cuando el artista entonó “When I was your man”, “Grenade” y la más espectacular de todas, “Just the way you are”, canción que incluso evocó a un momento singular y romántico, pues hasta propuesta de matrimonio hubo.

Frases como “ese man es muy épico”, “quiero llorar en este momento”, “esto es como un sueño” y un simple “woaw”, fueron las que el público nunca dejó de repetir durante el concierto, ya que Bruno Mars dejó muy en claro que es un artista que promete dejar una huella en el mundo de la música, pues a diferencia de otros cantantes, él tiene un toque y una magia que lo identifica, que va desde su tremenda capacidad vocal, su habilidad con diversos instrumentos, sus pegajosos pasos, hasta su envolvente magia.

En resumen, fue un show apoteósico, como muy pocos en Colombia,  pues a parte del extraordinario final con fuegos artificiales que se postergaron por casi 20 minutos, ese pequeño artista, de un poco más de 1.65 de altura, se devoró el escenario no sólo con su bailes y canciones, sino con un “gracias Bogotá”.

 

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