SIGNIFICADOS DE LA REUNIÓN
Santos-Uribe ante el Papa: 7 respuestas clave

Foto Agence France Press

No se puede hablar de fracaso de Francisco pues no se perseguía lograr un acuerdo por arte divino. Pero es claro que sólo el Pontífice era capaz de reunirlos, agotado ya el escenario interno. No se sabe si este es apenas un primer paso en una gestión papal más larga y cautelosa. Se evidenció que mientras el Presidente ofrece un acuerdo para reglamentar el acuerdo de paz, el exmandatario insiste en reformar este último, dos escenarios muy distintos. Al final de cuentas, Uribe ganó un importante estatus externo que no tenía, al tiempo que se envió a la comunidad internacional el mensaje realista de la división nacional que aun genera el pacto, pese al discurso del Nobel. Todo ello será clave para definir el tono y objetivo de la visita papal en 2017 

1.    ¿LA REUNIÓN FRACASÓ PORQUE NO HUBO ACUERDO SANTOS-URIBE?: no se puede negar que el jueves, cuando se anunció que a instancias del Papa Francisco el presidente y el exmandatario estarían cara a cara, nada menos que en el despacho del Pontífice en el Vaticano, muchos colombianos pensaron que, literalmente, el máximo jerarca de la Iglesia Católica era el único capaz de “hacer el milagrito” de un acuerdo entre los dos principales referentes políticos y símbolos de la polarización en el país en los últimos cinco años. Sin embargo, la realidad política indicaba tres elementos básicos a tener en cuenta. En primer lugar, el Papa no impulsó la reunión con el objetivo de que, en la misma y por arte divino, Santos y Uribe dejaran atrás sus profundas diferencias y salieran fumando la pipa de la paz o siquiera ofreciendo una rueda de prensa conjunta a la salida de la Santa Sede. Pensar que algo así podía pasar era claramente ingenuo. Dos, el Vaticano no buscaba actuar como mediador en un proceso de renegociación entre santismo y uribismo alrededor del proceso de paz, tratando de cumplir una labor similar a la que desarrolla en Venezuela. Se trata de dos escenarios muy distintos y con realidades también muy diferentes. Y tres, la diplomacia vaticana es quizá una de las más sólidas y experimentadas del mundo. Cada vez que realiza un movimiento analiza con sumo cuidado las implicaciones, y para ello se soporta no sólo en los insumos que le da la respectiva nunciatura sino la Conferencia Episcopal del caso. Pensar que la reunión se organizó de un momento a otro, que fue un capricho de un Papa que resulta ser el primer latinoamericano en el solio de San Pedro, o que se convocó a Santos y Uribe sin sopesar riesgos, ventajas y escenarios resulta ingenuo. El Vaticano, su secretario de Estado y el propio Francisco sabían de la complejidad del ambiente y qué debían esperar de la cumbre en el despacho papal.

2.    ¿LA REUNIÓN FUE UN ÉXITO AL GENERAR UN IMPENSABLE, A NIVEL NACIONAL, PUNTO DE ENCUENTRO?: tras la forma caótica en que terminó el “diálogo nacional” entre el Gobierno y los voceros del No con miras a reajustar, por consenso, el denegado acuerdo de paz de Cartagena, era muy difícil que Santos y Uribe se volvieran a sentar en la misma mesa. No hay que olvidar que tras la primera reunión de ambos, el 5 de octubre en la Casa de Nariño -luego de cinco años de ruptura política y personal- en donde se sentaron las bases del “diálogo nacional”, ambos dirigentes se volvieron a encontrar a encontrar el 12 de noviembre, en Medellín. En esa ocasión, Santos y el jefe negociador gubernamental le presentaron a Uribe el borrador del nuevo acuerdo y el exmandatario dijo que esperaba analizarlo con el resto de los voceros del No, por lo que pidió al Gobierno no anunciarlo hasta entonces. Santos, sin embargo, horas más tarde no sólo lo dio por firmado ante la opinión pública sino que dijo que el texto ya era inmodificable. Eso generó una ruptura del “diálogo nacional” y llevó la polarización entre santismo y uribismo a un nivel más alto que el previo al plebiscito del 2 de octubre. Así las cosas, sumando luego todo el pulso por la negativa de Santos a una segunda  refrendación popular y la posterior presión a la Corte Constitucional para que reactivara el ‘fast track’ con el fin de acelerar la implementación legislativa del acuerdo, las relaciones Santos-Uribe quedaron en un punto de no retorno. ¿Alguna instancia o personaje en el país habría logrado convencerlos de sentarse de nuevo a la mesa? Nadie. Sólo una personalidad del peso, credibilidad y neutralidad del Papa Francisco era capaz de generar un escenario de reencuentro entre Santos y Uribe. Se lo propuso y lo logró, por más que uno y otro pudieran tener reservas respecto a volverse a ver las caras. Desde ese punto de vista, la reunión del viernes, como punto inicial de un nuevo camino de distensión y posible entendimiento, si se quiere una paz estable y duradera, cumplió su objetivo plenamente.

3.    ¿LA REUNIÓN SERÁ IMPORTANTE EN LA MEDIDA EN QUE VAYA MÁS ALLÁ?: para algunos analistas lo que interesa de la reunión del viernes no es la foto en sí del Papa, Santos y Uribe hablando del proceso de paz, y lo que ello implica para un país altamente polarizado alrededor de este tema, sino que la cumbre sea un punto de partida para que el Vaticano y la Iglesia Católica colombiana asuman un papel de tercero facilitador de buena fe en busca de sentar las bases de un proceso, lento pero sostenido, en donde los dos principales referentes políticos del país puedan discutir y pactar algunos puntos básicos y fundamentales alrededor de la paz como bien supremo. No se trata de buscar el unanimismo ni convencer a uno u otro de ceder en sus posturas y criterios. En realidad, lo que el Vaticano podría estar gestionando es la necesidad de que santismo y uribismo se concienticen –y actúen en consecuencia- de que es necesario volver el proceso de paz irreversible. Puede que hoy el Gobierno tenga las mayorías parlamentarias y el poder para imponer la forma de refrendación e implementación del acuerdo con las Farc, pero al mismo tiempo el uribismo ya anunció que proyectará un nuevo referendo para someter a las urnas los puntos más controversiales del pacto con las Farc. Dos visiones que hace apenas dos meses largos se midieron en las urnas y que hoy sería ingenuo decir que ya desaparecieron o se debilitaron sustancialmente porque el acuerdo fue refrendado por el Congreso o la Corte dio vía libre al ‘fast track’. Tratar de llevar este pleito otra vez al pulso de los votos, y que la Corte o el Congreso intenten atravesarse, podría desembocar en una situación complicada desde el punto de vista político, institucional y electoral. Si el Vaticano logra convencer, a partir de la reunión del viernes y de una gestión continuada en esa dirección, tanto a Santos como a Uribe de ese riesgo, ya sería un logro muy importante.

4.    ¿IMPOSIBLE ACUERDO ENTRE DOS VISIONES TAN DISTINTAS?: si algo quedó claro de las declaraciones de Santos y Uribe a la salida de la reunión con el Papa, es que ni el mediador más efectivo podría lograr un principio de acuerdo entre ellos, porque simple y llanamente hablan lenguajes distintos. El Presidente se mostró a favor de lograr acuerdos con Uribe en el tema de la implementación, lo que significa que se podrían modificar, en consenso con el Centro Democrático, los proyectos de ley y reforma constitucional que se tramiten en el Congreso vía ‘fast track’, pero sólo si tales ajustes reglamentarios no contradicen el espíritu y objetivo del acuerdo de paz ya firmado y refrendado. No hay que olvidar aquí que el Gobierno y las Farc hacen parte de Comisión de Verificación de la Implementación del Acuerdo, y que la guerrilla ya designó a seis voceros para que la representen en Senado y Cámara con el fin de asegurarse de que las leyes y reformas no violen lo pactado. En otras palabras, para negociar con el uribismo la modificación de un proyecto habría que tener el visto bueno de las Farc. Uribe, entre tanto, dijo el viernes que el Gobierno “debe aflojar un poquito” y permitir que en el Congreso se ajuste el acuerdo de paz en temas clave como justicia transicional o elegibilidad política. En otras palabras, Uribe sólo aceptaría un acuerdo con el santismo en la fase de implementación en el Congreso si allí se corrigen temas de fondo del pacto, lo que el Gobierno ni la guerrilla aceptarían. Es claro, entonces, que se trata de dos visiones muy distintas, ya que Santos ofrece ajustes en la fase de reglamentación del acuerdo, sin que se cambie de forma sustancial el mismo, y Uribe quiere precisamente lo contrario, es decir que sí se pueda en el Congreso meterle mano al pacto ya firmado y refrendado por vía legislativa. ¿Es viable una posición intermedia entre esas ópticas? Todo es posible, pero el problema radica en que para ello tendría que hacerse una especie de mesa tripartita, en donde Gobierno, voceros de Farc y uribismo pacten los cambios. A estas alturas del proceso, esa alternativa parece inviable.  

5.    ¿LA REUNIÓN SIRVIÓ PORQUE ATERRIZÓ LA REALIDAD DEL PROCESO A NIVEL INTERNACIONAL?: para algunos analistas, el encuentro del viernes sirvió porque si bien en Colombia la mayoría de la dirigencia y la población son conscientes de que hay una inmensa polarización y división alrededor del acuerdo de paz, a nivel internacional no se entiende ni conoce en su justa dimensión esta circunstancia. El Papa Francisco al llamar a una reunión de Santos y Uribe le evidenció al mundo que por más que se crea que con la firma del acuerdo se acabó la guerra en Colombia, la cuestión no es tan fácil ni automática, pese a que los discursos del mandatario y ahora Premio Nobel de Paz sobre la mecánica de la negociación y sus resultados indiquen lo contrario o, más aún, insistan en que el proceso tiene un apoyo mayoritario e irreversible, lo que a la luz de la polarización nacional y el resultado electoral del 2 de octubre claramente no es cierto. Es más, hay quienes consideran que cuando el Papa Francisco convocó a Uribe dejó en evidencia a nivel internacional que no se puede desconocer que sin él es imposible hablar de una paz estable y duradera. En otras palabras, la cumbre en el Vaticano puso de presente que hay un trecho entre los escenarios que pinta en el extranjero el discurso oficial y la realidad política interna del día a día colombiano. Una realidad que es necesario conocer para saber cuál es el papel que la comunidad internacional debe cumplir para el posconflicto y si las estrategias que hoy se están contemplando son realmente las más adecuadas para un país polarizado alrededor, no de la paz, sino del acuerdo firmado para alcanzarla. En Europa es obvio que hay una visión más favorable y proactiva hacia el acuerdo de paz y sus implicaciones, en tanto que en Estados Unidos, sobre todo ahora que Donald Trump se alista para asumir el poder, la visión crítica y más precavida al respecto pareciera que se empieza a abrir campo poco a poco, sobre todo por el influjo de muchos congresistas republicanos de línea dura en el nuevo gobierno.

6.    ¿QUIÉN GANÓ MÁS CON LA REUNIÓN: SANTOS O URIBE?: la gira que hace más de una semana comenzó el presidente colombiano por Europa, que lo llevó primero a Oslo para recibir el Premio Nobel de Paz, y luego a Suecia, España y el viernes pasado a Italia, era vista por algunos analistas como una especie de “paseo de la victoria” del mandatario, pues no sólo llevaba bajo el brazo el renegociado acuerdo de paz, sino la refrendación por la vía legislativa del mismo, que logró en cuestión de pocos días en un Congreso dominado por sus mayorías, evitando exponerse así al riesgo de una nueva derrota en las urnas en caso de optar por someter a votación este segundo pacto con las Farc. No sólo por el significado del Premio Nobel sino por todos los honores que recibió Santos en esta gira por su trabajo incansable sobre la paz, era claro que el Presidente colombiano estaba cosechando a nivel internacional lo logrado en estos seis años de proceso. Una celebración que, en realidad, tenía pensada para la noche del 2 de octubre y fechas posteriores, pero el resultado de las urnas le aguó todo. Ahora, como se dijo, la situación era distinta: renegoció el acuerdo con las Farc y pese a no alcanzar el consenso con la oposición lo refrendó por una vía en que le era imposible perder, así ello implicará romper su promesa de que la ciudadanía tendría la última palabra. Sin embargo, el hecho de que el Papa llamara a Uribe y lo citara en Roma tiene muchas implicaciones. En primer lugar, le dio un estatus a nivel internacional muy alto, ya que en esa mesa del viernes se sentó junto al máximo jerarca de la Iglesia Católica y un jefe de Estado y Premio Nobel. En segundo lugar, la diplomacia vaticana es muy selectiva con las audiencias papales y sabe la significancia de cada reunión con el Pontífice. De allí, entonces, que la presencia de Uribe en la reunión con Santos fue como poner en el mismo rasero al jefe de gobierno y al jefe de la oposición, con similar peso político, enviando un mensaje a la comunidad internacional respecto a que la paz no es posible a espaldas de uno y otro. En tercer lugar, tras las acusaciones al uribismo por una campaña de mentiras para impulsar el No, la reunión con el Papa hace las veces de elemento purificador de su causa crítica al proceso. Y, por último, para un Santos que se mueve como pez en el agua en las grandes ligas internacionales, es claro que la presencia de Uribe en las mismas, y a su mismo nivel ante el Papa, evidencia que la oposición ahora gana eco a nivel externo, algo que antes no hacía en forma sustancial.

7.    ¿IMPACTARÁ ESTA CUMBRE EL TONO Y SENTIDO DE LA VISITA PAPAL EN 2017? Parece claro que el Papa Francisco y el Vaticano  querían esta reunión como un insumo clave para la planificación de la próxima visita al país, que será muy posiblemente en el primer trimestre del próximo año. Para la Santa Sede es imperativo que la visita del Pontífice, que se daría en medio del proceso de implementación normativa en el Congreso del acuerdo de paz, y paralela a la segunda etapa del desarme subversivo, no sea vista como un aval a ninguno de los bandos políticos enfrentados ni manipulada por alguno de ellos. En otras palabras, la Iglesia quiere ponerse por encima de la polarización política y no caer en el riesgo de ser señalada como una actriz de la misma. Es claro que así como el Papa se identifica con el hecho de que las víctimas estén en el centro del proceso de paz, también advirtió tiempo atrás que la paz necesita de una dosis de justicia e institucionalidad. De otra parte, no hay que olvidar que, por ejemplo, la Iglesia colombiana en el plebiscito del 2 de octubre pidió a la gente votar a conciencia, sin inclinarse por el Sí o el No. Incluso, después de la renegociación de acuerdo y su refrendación por vía legislativa se ha cuidado de respaldar abiertamente el proceder gubernamental, y tampoco obviamente ha dado visto bueno a las posturas y criterios de la oposición. Incluso algunos pronunciamientos del presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Augusto Castro, sobre la mecánica de esta última etapa del proceso de paz han sido criticados porque podrían desdibujar esa posición de neutralidad activa que quiere mantener la Iglesia colombiana, un rol que, dicho sea de paso, busca revalidar con la comisión de obispos que está acompañando el proceso de paz con el Eln, pero fungiendo como facilitadora.