ONU y la hora del cambio

En la Organización de Naciones Unidas (ONU) existe una creciente preocupación por la postura que asuma el próximo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en cuanto a la financiación de dicho organismo. No hay que olvidar que el principal músculo financiero del ente multilateral es Washington, que muchas veces no comparte las políticas y decisiones del organismo. De allí que ahora se teme que si la Casa Blanca disminuye su financiación, en tanto terceros países no cumplen con sus responsabilidades financieras con el mismo, la ONU podría entrar en una grave crisis financiera.

Ya tiempo atrás Estados Unidos, con Obama al frente, amenazó con recortar sus aportes, lo que obligó al ente internacional a reducir sus gastos pero aun así su presupuesto continúa siendo deficitario.

¿Cómo puede irle a la ONU con Trump? El presidente electo en su más reciente comentario sobre ese organismo, expresó que la organización “es un club de gente que se reúne para hablar y pasárselo bien”. Sus palabras cayeron como un balde de agua fría sobre la humanidad del próximo Secretario General de la entidad, el portugués Antonio Guterres, quien se posesiona este domingo en reemplazo del surcoreano Ban Ki-moon.

En estos momentos es público el desacuerdo entre la administración demócrata que culmina su mandato en la Casa Blanca y el próximo gobierno republicano. Por ejemplo, Trump está en desacuerdo con la decisión del Consejo de Seguridad de exigir a Israel “el fin de sus asentamientos en territorios palestinos”. A ello se suma que Jhon Kerry, saliente Secretario de Estado, insiste en recalcar que la solución a ese conflicto en Medio Oriente pasa por reconocer la existencia de dos estados.

De otro lado, es claro que el relevo de Secretario General ha generado muchos debates sobre los retos de la ONU. Es claro que el papel de Ban Ki-moon ha sido cuestionado por la falta de efectividad en el manejo de crisis como la diáspora de millones de refugiados de Siria, Irak y el norte de África que huyen despavoridos a Europa. Se calcula en miles la cifra de los que han muerto intentando cruzar el Mediterráneo. La crisis política, bélica y humanitaria de Siria es otro pendiente. La cruenta toma de Alepo, según algunos expertos, está llevando a los extremistas islámicos a refugiarse en terceros países para seguir su guerra terrorista. Libia, Irán y Corea del Norte otras problemáticas que no se resolvieron durante el mandato que termina.

A todo lo anterior se suma que las relaciones de Estados Unidos y Rusia se mueven en medio de la inestabilidad y desconfianza. Pese al aparente entendimiento entre Trump y Putin, es evidente que tienen intereses geopolíticos muy diferentes.

Otro tema que pone en duda la efectividad de la ONU es su impotencia para combatir el terrorismo global. Aunque el organismo ha impulsado todos los debates, convenciones y políticas para combatir este flagelo, no se ha podido encontrar una estrategia efectiva, ni siquiera para contener el apoyo que algunas naciones le dan a las facciones radicales, sea las que sean.

Sobre ese tema la posición de Trump y sus asesores en seguridad es tajante: el terrorismo debe ser combatido de raíz y no se debe negociar con este. Guterres, al frente de un ente que debe privilegiar las salidas incruentas, tendrá que moverse así en un difícil campo en esta materia.

Por otra parte, existen temas latinoamericanos en la ONU que no han sido tratados con la suficiente claridad. Por ejemplo, está el de los prisioneros políticos en Cuba o la crisis humanitaria y política en Venezuela. En ambos asuntos se espera que el nuevo Secretario General tenga un papel más proactivo. Para el caso colombiano, el rol de Naciones Unidas frente a la verificación del proceso de paz con las Farc y el marco jurídico que lo sustenta, serán determinantes en el corto plazo.

Sobre Guterres, quien fue comisionado de la ONU  para atender la problemática de los refugiados, se tienen muchas esperanzas puestas. Ya se comprometió a darle prioridad a la búsqueda de alivio y soluciones a la diáspora, un objetivo que resulta cada vez más complejo no sólo por el costo económico, político, social e institucional asociado, sino por la prevención que la escalada terrorista genera frente a los emigrantes musulmanes.

Llegó, pues, la hora del cambio en la ONU. Se multiplican las voces que urgen al nuevo Secretario General una reforma urgente del organismo, objetivo que se estrella con la falta de recursos y la poca voluntad de las potencias para modificar su estructura, sobre todo en el Consejo de Seguridad. Se espera que un experimentado diplomático como Guterres logre maniobrar esta difícil coyuntura geopolítica y fortalecer el rol del ente multilateral. Tiene una agenda compleja en la que temas como el cambio climático serán centrales.