Nubarrón económico

Sin duda alguna este 2017 será un año muy difícil en materia económica. Es claro que el sistema productivo colombiano atraviesa un lento pero sostenido proceso de enfriamiento, como la evidencia el crecimiento de 1,2 por ciento en el Producto Interno Bruto del tercer trimestre.  A ello se suma que otros indicadores macro y micro también se mantienen en terreno negativo o con una evolución deficiente. Salvo la construcción, sectores como la industria, el comercio, el sector de los hidrocarburos y el agropecuario presentan desempeños mediocres, aunque algunos voceros oficiales traten de señalar todo lo contrario, sobre la base de que venimos de una situación peor. El desempleo ha vuelto a presentar un leve aumento con corte a noviembre, en tanto que la inflación, que tuvo una escalada bastante pronunciada durante el primer semestre, ha ido revirtiendo esa tendencia pero de forma bastante lenta en los últimos meses.

Si bien es cierto que a nivel mundial la economía está registrando un bajo dinamismo y que los pronósticos del Banco Mundial, el FMI, la Cepal y otras entidades multilaterales  indican que el promedio de crecimiento latinoamericano en materia del PIB no irá más allá del 2 por ciento del promedio este 2016, economías como la boliviana,  peruana, panameña o paraguaya están evolucionando muy por encima de este porcentaje. Caer en la excusa de que a Colombia le va bien porque está por encima de algunas economías regionales, como la brasileña o la venezolana, ambas en estado recesivo, termina siendo, como se dice popularmente, como un consuelo de tontos.

Sobre esa base la economía para 2017 pinta complicada. De entrada hay que advertir el pesimismo gremial respecto a temas como la industria y el agro. De igual manera las esperanzas fundadas en que el acuerdo de la Opep sobre recorte de su producción forzará un aumento sustancial en el precio del barril del petróleo, tienen por ahora pronóstico reservado.  Si bien es cierto que la cotización del crudo ya se puso por encima de los cincuenta dólares, los analistas a nivel global advierten que aún es muy temprano para cantar victoria y que deberá esperarse varios meses para establecer si la crisis petrolera se revertirá de forma definitiva.

A lo anterior hay que sumar que todavía es incierto cuál será el verdadero impacto de la reforma tributaria que acaba de aprobar el Congreso. Mientras el Gobierno sostiene que el aumento de varios impuestos y la creación de otros no afectarán sustancialmente el ritmo de la economía, otros centros de estudio y analistas sostienen todo lo contrario, señalando consecuencias negativas a corto y mediano plazo en materia de menor consumo en los hogares, crecimiento de la cartera morosa del sistema financiero, un aumento en el desempleo, precaución empresarial para ampliar el uso de su capacidad instalada, cautela en la llegada de capitales de trabajo frescos del extranjero  así como una nueva ola de presión inflacionaria.

En el entretanto, sólo hacia febrero se tendrá noticia cierta sobre el desempeño de la economía en 2016. Sin embargo es claro que a diciembre el PIB puede que no haya crecido más allá de un 2 por ciento, tal como lo señalan las propias metas recalculadas a la baja por parte del Gobierno, el Banco de la República y otras fuentes privadas.

En medio de ello, aunque los analistas bursátiles sostienen que habrá una recuperación en el mercado de capitales, el impacto de la misma dependerá de otros elementos como la evolución de la tasa cambiaria y los pasos que dé el Banco de la República en materia de tasa de interés. Como se sabe en su última sesión el Emisor rebajó sus tipos de intervención tras un año, apenas unos días después de que la Reserva Federal de Estados Unidos tomara, tras muchos meses de expectativa, una decisión en contrario.

Así las cosas es evidente que si bien muchas proyecciones apuestan a que la desaceleración económica podría frenarse e incluso iniciar un efecto rebote, lento pero sostenido, todo esto dependerá de factores externos e internos que al día de hoy tiene un desempeño muy voluble y demasiado sensible a coyunturas económicas y políticas.

En síntesis la economía colombiana atraviesa por un trace delicado. Negarlo sería ingenuo e irresponsable. Obviamente no se está en un rumbo recesivo, pero tampoco se puede sostener que va viento en popa. El análisis objetivo de las cifras así lo concluye.  De allí que tanto en el sector público como en el privado los próximos meses estarán marcados por la cautela tanto en la inversión como en el gasto. Y solo con el pasar del tiempo se verá la capacidad de Colombia de sobreaguar la tormenta.