COLECTIVIDAD AÚN MÁS DIVIDIDA
Saldo en consulta liberal: más heridas que ventajas

Foto campaña
La pugna entre De la Calle y Cristo más pareció un trámite insignificante, en el cual no hubo confrontación ideológica, cuyo ejercicio sin embargo le costó al país alrededor de 55.000 pesos por voto.

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Los exiguos resultados de la consulta popular liberal, que sumaron alrededor de 690.000 votos efectivos, demuestran el error de haber marginado del evento a senadores como Juan Manuel Galán, Viviane Morales y Sofía Gaviria.

Es muy posible que con ellos, desde luego, las cifras hubieran ascendido al millón de votos. De hecho, en todas las encuestas Galán solía sacarle una gran ventaja a Humberto de la Calle y Juan Fernando Cristo, a los que se redujo intencionalmente la justa liberal.

El problema para estos dos estaba, por supuesto, en que Galán pudo haber ganado la contienda y de algún modo ser un motivo de renovación en esa colectividad. Pero al contrario, bajo la jefatura del expresidente César Gaviria, se cerraron hacia el tradicionalismo más acérrimo, produciendo el peor resultado en mucho tiempo.

Del mismo modo, evitaron que una víctima directa del conflicto armado interno, como la senadora Gaviria, hubiera podido aglutinar en torno de sí a este nutrido sector nacional. Y lo mismo ocurrió con la precandidatura de la senadora Morales, cuyo ‘pecado’ consistió en mantener sus convicciones disímiles a ciertos sectores liberales que no parecerían compadecerse con ninguna profesión de fe.

De tal modo, los principales senadores de ese partido fueron marginados para abrirle paso al gaviro-santismo. Ni siquiera se aprovechó la oportunidad para haber reforzado las toldas rojas con personajes como la exministra Clara López Obregón, si bien claramente con convicciones de centro-izquierda, no necesariamente apartada del Partido Liberal, de cuya casa alguna vez hizo parte.

Se quedó, pues, el liberalismo sin ninguna representación femenina en la contienda, lo mismo que hizo caso omiso del galanismo y eventualmente del lopismo. Como se dijo, el espacio quedó reducido única y exclusivamente al gaviro-santismo.

De esta manera, el Partido Liberal no se acercó ni por asomo al 1,8 millones de votos que había obtenido en las últimas elecciones parlamentarias ni mucho a los 2,2 millones de elecciones a diputados regionales en 2015. La pugna entre De la Calle y Cristo más pareció un trámite insignificante, en el cual no hubo confrontación ideológica, cuyo ejercicio sin embargo le costó al país alrededor de 55.000 pesos por voto, dado que la consulta popular tuvo un precio de 40.000 millones para el fisco. Una cifra, claro está, completamente desmesurada y nunca vista en la nación para lo que se pretendía. A ello habrá que sumar el retorno financiero por cada voto, con el fin de acrecentar el tesoro del liberalismo.

Pero lo más grave es que, con esa votación, el liberalismo parece abiertamente resignado a ser vagón de lo que llaman la “locomotora de la paz”. Que como están las cosas, no estará liderada, ciertamente, por los artífices de los acuerdos de La Habana, antes de las recientes modificaciones hechas por la Corte Constitucional, sino seguramente por alguno de los componentes que pretenden liderar la coalición  de centro-izquierda.

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Pero tan exigua votación también demuestra, de otra parte, que el liberalismo de base ha decidido de antemano tomar otras alternativas. En efecto, una proporción importante, frente a los resultados de las elecciones parlamentarias y regionales, decidió abstenerse. Ante ello, es posible que muchos liberales, no solo provenientes de Juan Manuel Galán, Viviane Morales y Sofía Gaviria, prefieran otras opciones hace un tiempo originarias en ese partido, como la de Germán Vargas Lleras.

De hecho ayer la precandidatura de Vargas Lleras anunció, en Bogotá, antes de salir para Bucaramanga, para dar a conocer su programa de salud, que su aspiración había llegado a más de cuatro millones de firmas. Si bien una cosa son los votos y otras las rúbricas, es evidente, en todo caso, la ventaja enorme de esta candidatura sobre la consulta liberal.

Frente a todo lo anterior es claro que antes de unión lo que hizo la consulta liberal fue protocolizar la división entre un sinnúmero de sectores.

Hoy en día, después del drástico ajuste hecho por la Corte Constitucional, al acuerdo de paz liderado por De la Calle y Cristo, parecería claro que este tema ya no concita un motor para adelantar una campaña presidencial. Es posible, no obstante, que De la Calle fuere en todo caso un candidato de opinión, frente a la maquinaria adversa que intentó armarle Cristo. Como los rubros de ambos son relativamente cercanos, aunque De la Calle ganó casi por el 10 por ciento, tendrán que hacer un acuerdo. En ese caso Cristo aspiraría a la Vicepresidencia, dentro de la fórmula liberal, a fin de manejarle desde allí la maquinaria a De la Calle.

La otra alternativa consiste, si De la Calle no es el candidato de la coalición, con Fajardo, Robledo y López, que pase a una jefatura de debate de una fórmula Fajardo-Cristo. Lo mismo para el caso de Petro. Es decir, un tiquete Petro-Cristo, por cuanto muy posiblemente De la Calle no vuelva a ejercer la Vicepresidencia ya que hace tiempo pasó por allí.

La consulta liberal no suscitó ni la pasión ni el alinderamiento que muchos pretendían, salvo por un simple trámite interno. Este fácilmente pudo obviarse, mucho más pudieron ahorrarse las heridas internas dejadas, pero las vanidades pudieron más que la sindéresis.

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