Retos de candidatos | El Nuevo Siglo
Sábado, 18 de Noviembre de 2017

“Demostrar cómo dejar de procrastinar o de aplazar reformas estructurales que no tienen pierde”

 

Hablar de cambio suele ser normal en tiempos de campaña electoral. Igual es la pretensión constante de un gerente innovador. En este sentido la ciencia de la administración acoge características que distinguen al buen ejecutor, en tiempos de grandes avances o de crisis, e incluso identifica tres atributos o talentos -con términos sofisticados- que cobran vigor en la medida que nos socializamos con ellos: resiliencia, dejar de procrastinar y disrupción. Estos no son otra cosa que la capacidad para asumir con flexibilidad y sobreponerse a situaciones difíciles; virtud para no aplazar acciones claves y facultad para generar cambios determinantes con desafío a ideas establecidas.

En igual forma podemos pensar en estas habilidades entre los tantos candidatos que se han propuesto a la Presidencia de Colombia. Pero más allá de sus calidades impera la necesidad de conocer de sus programas esas situaciones que requieren temple o aguante; cuáles no pueden seguir en rezago u olvido y en aquellas que requieren de fuerte innovación.

La firma KPMG presentó, para dar un ejemplo, el Índice Global de Respuesta frente a Cambios 2017, que se identifica también como el Índice de Disrupción o el Índice de Preparación para el Cambio, que se traduce de Change Readiness Index CRI y hace una clasificación entre 136 países en torno a la capacidad de un país para responder y adaptarse a grandes cambios como resultados de eventos en el corto plazo (desastres naturales) o ante las tendencias demográficas, económicas, sociales y tecnológicas en el largo plazo. Colombia se ubica en el puesto 65 y tiene fortalezas en seguridad alimentaria y energética, y en planificación estratégica como oportunidades de mejora en protección y seguridad, infraestructura y transporte, entre otros.

Pero más allá de nuestra ubicación, el reto es cómo brindar oportunidades a una ciudadanía que debe enfrentar la desaceleración de la economía, la lenta recuperación industrial e inseguridades en muchos frentes, como los efectos del acuerdo con las Farc, la carga tributaria y la corrupción. Una línea muy delgada puede afectar especialmente a la clase media o a los emprendedores e incluso a quienes han logrado entrar en la formalización laboral o empresarial, como también a sectores tradicionalmente productivos. Reconocer los renglones que pueden caer en mayor fragilidad puede ser un principio para programar políticas alternativas y debería ser un ejercicio que permitiera, sin miedo, generar hechos contundentes.

Tendrán los candidatos que demostrar su capacidad de disrupción en asuntos no tolerables como la corrupción o el rezago de la industria o nuestra identidad competitiva. Demostrar cómo dejar de procrastinar o de aplazar reformas estructurales que no tienen pierde: la educativa, la de la justicia y la tributaria (no exactamente para imponer más carga) y ser resilientes en un país que gira a las mil revoluciones por minuto y se encuentra políticamente polarizado.

Presidente Corporación Pensamiento Siglo XXI. uribemariaelisa@gmail.com