Regalías, desangre sin fin

  • $3,3 billones en riesgo por proyectos críticos
  • Un sistema con muchos flancos débiles

A lo largo de la última década se han tomado múltiples medidas para tratar de proteger los recursos de las regalías de los cuatro flagelos que más las afectan: corrupción, politiquería, malgasto e impericia en el diseño y ejecución de las obras y proyectos financiadas con estos billonarios recursos. La reforma a todo el sistema, aplicada en el primer mandato del presidente Santos, se suponía que era, al menos así se defendió desde las altas esferas del Ejecutivo y el Congreso, la modificación estructural de más hondo calado a la forma en que se asignaban e invertían las compensaciones económicas regionales por la explotación de recursos naturales no renovables.

Una reforma que, de un lado, incluyó un factor de redistribución más equitativo entre las regiones productoras y las no productoras y, de otra parte, creó un esquema drástico para la evaluación, aprobación y ejecución de los proyectos a financiar.

No en pocas ocasiones hemos advertido desde estas páginas que si bien esa reforma fue importante en cuanto a ampliar el ámbito de beneficio regional de las billonarias sumas de las regalías, con el pasar de los años fue evidenciando vacíos cada vez más preocupantes. Vacíos que tienen relación directa con las trabas en el funcionamiento de los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (OCAD), que son el corazón del sistema por ser la instancia de estudio y aprobación de los proyectos. A la par de ello también hay deficiencias en materia de estructuración de proyectos, formulación de pliegos y contratos tipo así como de funcionalidad de las  interventorías. Y lamentablemente las redes de corrupción regionales y locales aún continúan medrando alrededor de estos cuantiosos recursos, en complicidad directa con los andamiajes politiqueros que hacen y deshacen en algunas gobernaciones y alcaldías.

Visto todo lo anterior, lamentablemente no resulta muy sorpresivo un reciente informe del Departamento de Planeación Nacional, según el cual hay 382 proyectos financiados con regalías en estado crítico, por causales que van desde retrasos injustificados en los proyectos así como deficiencias e insuficiencias técnicas o falta de funcionalidad o sostenibilidad de las obras. Se trata de un campanazo muy alarmante, no sólo porque aumentó el número de proyectos críticos, sino porque hay en juego más de $3,3 billones.

¿Qué hacer? Responder a ese interrogante no es fácil. Quienes defienden las bondades del actual Sistema General de Regalías (SGR) sostienen que el problema no radica tanto en la aprobación de los diseños y presupuestos de los proyectos en los OCAD por parte de alcaldes, gobernadores y otras entidades, sino que el flanco débil real está en la ejecución y, sobre todo, en las interventorías.

Otros sectores, por el contrario, afirman que el cuello de botella son los OCAD, en donde la politiquería y los ‘carteles’ de la contratación siguen enquistados. No faltan los que culpan a la estructura misma del Sistema, sobre todo en relación a la complejidad para la asignación de recursos a rubros como los de ciencia y tecnología, pues mientras algunos proyectos aprobados no tienen relación directa, objetiva ni fáctica con la materia, en otros casos se aplican filtros tan drásticos que los recursos permanecen inmóviles, enfrentados a riesgos como el reciente en donde el Gobierno se apropió de más de un billón de pesos de este presupuesto y lo redirigió a vías terciarias… Y a todo lo anterior debe sumarse que en el Congreso y en varias de las regiones en donde están los yacimientos o explotaciones de petróleo, carbón y otros recursos naturales no renovables, hay una fuerte presión para reversar el factor de equidad en la distribución de recursos por más de 30 billones de pesos.

Sin embargo, más allá del debate sobre los ajustes estructurales y procedimentales que requiere el Sistema, lo más importante es blindarlo contra la corrupción, la politiquería, el desgreño administrativo y las fallas en ejecución y puesta en funcionamiento de los proyectos. No es, como se dijo, nada fácil hacerlo. Pero, por lo mismo, ahora que arranca la campaña presidencial y que el país está urgiendo de quienes aspiran a regir los destinos de la nación, ideas y propuestas claras sobre cómo solucionar sus principales y más graves problemáticas, es hora de que cada aspirante ponga sobre el tapete sus fórmulas para una inversión eficaz y transparente de las regalías. No puede resignarse Colombia a que estas continúen sufriendo un desangre sin fin…