Piñera retoma Chile

  • Conservadores ganarán elecciones
  • Un país que urge salir del bache

 

Los candidatos que compiten por la primera vuelta en los comicios presidenciales de Chile, el próximo domingo, son, en orden de preferencias electorales, Sebastián Piñera, Alejandro Guillier, Beatriz Sánchez, Carolina Goic, José Antonio Kast, Enríquez Ominami, Alejandro Navarro y Eduardo Arias. El primero de ellos es conservador y ya ejerció la presidencia entre el 2010 y 2014. Aunque aventaja a todos sus contendores en las encuestas de cara a la primera vuelta, no le alcanzaría para ganar, pero aun así en el balotaje definitivo las tendencias también le son favorables.

 

La competencia de Piñera viene de las toldas del gobierno Bachelet. Se trata de la Nueva Mayoría, una coalición de socialistas y democristianos que, sin embargo, tiene dos candidatos, con Guillier a la cabeza, lo que la debilita sustancialmente. Entre los otros aspirantes se destaca Sánchez, del Frente Amplio, quien ha dado muestras de verticalidad y capacidad de convocatoria y si bien no le alcanza el apoyo para ganar este domingo sí podría fortalecerse hacia el futuro. El resto de presidenciables no marcan mucho en los sondeos y, en realidad, se trata de ensayos de proyección política que, por ahora, carecen de apoyo popular importante.

Uno de los temas esenciales que ha marcado la evolución de la campaña proselitista ha sido el de la lucha contra la corrupción. Como se sabe, varios escándalos recaen, como una lápida, sobre el gobierno de Michelle Bachelet, salpicando incluso a familiares suyos. Contra Piñera también hay algunas acusaciones por la financiación de su anterior campaña, señalamientos que niega, pero es obvio que las mayorías chilenas consideran esencial suscitar el voto castigo contra la alianza gubernamental.

 

El Gobierno saliente, por sus compromisos políticos con los sindicatos socialistas, no consiguió reformar el sistema educativo ni modernizar la función pública, incumpliendo así sus promesas de campaña. Perdió, en consecuencia, gran parte del apoyo popular. Así que de alguna manera se repite una situación similar a la de la izquierda francesa, que por cuenta de la defensa a ultranza de los privilegios burocráticos de sus militantes, terminó por perder la confianza del electorado y convertirse en sinónimo de enemigo del cambio.

 

En contraste con la alianza gubernamental austral, el candidato conservador ofrece un amplio plan de reformas, lo que le gana la opinión favorable no solamente de su partido sino de masas de independientes que se han sumado a su campaña. Piñera, uno de los empresarios más capaces y reconocidos de su país, abandera la tesis del cambio en democracia y la defensa a ultranza del estado de derecho. Su discurso se centra en poner a marchar de nuevo la economía, que no sale del bache en que la metió el actual gobierno, y ha captado la atención de jóvenes y desempleados. Su promesa de realizar a todo lo largo y ancho del país numerosas obras públicas, vitales para el desarrollo y generar plazas laborales, le ganan aprobación de las masas, que en su mayoría están por la modernizar el impulso productivo austral.

 

Una de las preocupaciones centrales y casi obsesivas del candidato conservador ha sido la de preservar la familia como núcleo básico de la sociedad, lo mismo que favorecer a la clase media y los sectores deprimidos. En el caso de Santiago de Chile, por ejemplo, Piñera propone una ambiciosa política de transporte para fortalecer y modernizar el Metro, así como otros planes en materia de seguridad, movilidad y productividad.

 

Dado que es el gran favorito para ganar en las urnas el próximo domingo y luego en la segunda vuelta, sus propuestas centran la mayoría de los análisis. Por ejemplo, se afirma que su actual discurso de campaña es más firme que el de su primera contienda y, en cierta forma, más conservador y crítico con el gobierno Bachelet, a quien sucedió en su primer mandato. Consignas como "Buena Onda, Piñera Presidente 2018" contribuyen a atraer a los indiferentes y moderados del espectro electoral, entre quienes son marcados los sentimientos de frustración por flagelos como la delincuencia, drogadicción, baja calidad de la educación, inseguridad urbana, desempleo, crisis en el sistema de salud y un Estado que se debilita. Frente a todo ello, el candidato conservador responde que “hay algo mucho más preocupante: la creciente pérdida del sentido de unidad nacional, del principio de autoridad, de la amistad cívica entre los chilenos". Bajo esa premisa asegura que su misión principal es alcanzar la unidad nacional. El próximo domingo tendrá que dar un primer paso en esa dirección.

 

 

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