Descalabro venezolano

  • El régimen contra la pared
  • Otro líder opositor en fuga

 

Hace varias décadas el famoso escritor, político y talentoso visionario Arturo Uslar Pietri advirtió que el día en que los precios del crudo bajaran, Venezuela se hundiría en la peor de las crisis. No solo entendía que una nación monoproductora estaba expuesta a este tipo de desgracias, sino que hacía un llamado a los gobernantes y a la ciudadanía a “sembrar el petróleo” para educar mejor a la población y desarrollar un aparato industrial, comercial y agrícola menos dependiente de los hidrocarburos. En particular insistía en fortalecer el campo y la ganadería para ser autosuficientes en materia alimenticia. Advertía que los que no ahorran en la bonanza sucumben en la desgracia en los tiempos de crisis. Mas no siempre los grandes hombres tienen éxito como profetas en su país.

Los pueblos, tanto en Venezuela como en cualquier otra nación, también son responsables por no seguir a los mejores líderes y votar por los peores.

La situación económica y política de Venezuela se torna insostenible, por cuanto la inflación devora los escasos recursos del gobierno, que ya no puede pagar su abultada deuda externa, como se confirmó esta última semana. Ya prácticamente no hay inversión social, en tanto los empresarios que han sobrevivido a la crisis, cada vez están más agónicos.

En medio del caos el chavismo está contra la pared, desesperado y se le crispan los nervios cuando se entera, por ejemplo, de las sanciones por violación de los derechos humanos que le impuso días atrás la Unión Europea. Igualmente, tanto por violar garantías fundamentales como por casos de corrupción, Estados Unidos y otras naciones también aumentan la presión sobre Caracas y sus más altos funcionarios que se han enriquecido por cuenta de los negocios turbios.

El asistencialismo social que utilizó el extinto presidente Hugo Chávez para captar los votos, en el gobierno de Maduro se torna impagable por la crisis de los precios del petróleo en los últimos tres años. Los regateos de empréstitos de China y Rusia apenas le dan al régimen un pequeño respiro. La crisis se extiende a todos los sectores de la sociedad, en especial a la salud en donde los enfermos mueren por falta de atención y medicamentos. Es evidente que la estampida de venezolanos de todas las edades al extranjero se debe a qué, de quedarse en su país, estarían condenados a padecer más hambre y miseria, sin contar con la persecución y atropellos por cuenta de los servicios de seguridad estatales. Sin posibilidades de empleo o con salarios de miseria por la hiperinflación, los profesionales migran. Buscan afanosamente encontrar una fuente de ingresos en otras naciones y ayudar desde allí a sus familias, muchas ya al borde de la mendicidad.

Hasta los chavistas más recalcitrantes, que recuerdan cómo el populismo les ofrecía una vida mejor por cuenta de los jugosos dividendos de la venta del petróleo, ya no creen en el gobierno y ven convertido su sueño demagógico en la peor pesadilla de sus vidas.

Los viajeros que por alguna necesidad tienen que arribar a Venezuela se espantan al ver a todo un pueblo desesperado por la inseguridad, la falta de alimentos y oportunidades. La dura realidad contrasta con la demagogia de un discurso oficial delirante que habla de un país que vive en ‘democracia’, con un proceso constituyente en marcha y que está superando sus problemas económicos poco a poco. Esa fachada contrasta con la realidad de una oposición atropellada y violentada política, económica y hasta físicamente. Al tiempo que es un hecho que se da una sorda lucha de poder en el interior del gobierno, en donde algunos de los ministros tienen agenda propia.

Así como la exfiscal general Luisa Ortega se vio obligada a fugarse para evitar ser encarcelada por su valiente postura contra el régimen, lo mismo tuvo que hacer ayer el exalcalde mayor de Caracas, Antonio Ledezma, uno de los más prestantes políticos y administradores venezolanos. Explicó, al arribar a Colombia, que muy a su pesar suyo salió de Venezuela por cuanto se enteró, de fuentes oficiales, que esbirros del régimen lo tenían en la lista de secuestrables para obligar a la oposición a aceptar el accidentado diálogo político con el Gobierno en Santo Domingo.

Es cada vez más claro que el régimen de Maduro, por más que quiera darle un matiz de fachada democrática a los comicios regionales recientes y busque hacer lo mismo con las elecciones municipales que se aproximan -a las que la oposición no asistirá-,  está contra la pared. La declaratoria del default ya es irreversible por lo impagable de su deuda externa y la crisis política y social insalvable.