De nuevo Santurbán

  • Por fortuna hay Parque Regional
  • Sin la comunidad es imposible

 

Como están las cosas la única protección vigente en el páramo de Santurbán en el área correspondiente a Santander, donde se han dado tantas polémicas en procura de la defensa del agua para Bucaramanga, es la del Parque Natural Regional creado allí a instancias del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en 2013. Es lo único que permanece a salvo, entre tantos ires y venires, después de que en estos días la Corte Constitucional derogara la resolución posterior, de diciembre de 2014, con el fin de hacer una delimitación paramuna ampliada y que careció, según el máximo tribunal, de la debida socialización y aportes de la comunidad para lograr el consenso. De tal manera, la protección esencial del páramo sigue su curso en las 12.300 hectáreas del Parque Regional Santurbán, con 600 hectáreas de Distrito de Manejo Integrado (DMI), asimismo gemelo con el que se compone de 20.000 hectáreas en Norte de Santander.         

La creación del Parque Regional Santurbán en Santander, con todos los beneficios de área protegida al mismo nivel de los Parques Nacionales, se obtuvo luego de largas discusiones en la Corporación Autónoma correspondiente, de las que hizo parte el ministro del ramo, cuando no es de uso común ocupar el escaño en los consejos directivos de esas entidades, sino a través de delegados. En esa ocasión, en el seno de la Corporación y en varias oportunidades, se libró un extenso diálogo tanto con el gobernador y sus delegados como con los alcaldes de la zona, y se llevó a cabo una amplia socialización con las organizaciones no gubernamentales representadas en el organismo así como con universidades y líderes populares. La idea fue adelantar una delimitación acorde con los estudios científicos del Instituto Alexander von Humboldt, con el fin de proteger el páramo de las actividades antropogénicas, en torno a los 3.000 metros por encima del nivel del mar, y garantizar el recurso hídrico para la meseta bumanguesa y el agua para el acueducto de la capital departamental.

Con la creación del área protegida se obtuvo amparar el sistema compuesto en la región santandereana por 24 lagunas, la cuenca del río Suratá y un ecosistema de robledales de primer orden. El debate venía dándose básicamente en torno a los varios proyectos de las multinacionales mineras cuyos títulos se habían otorgado sin tener en cuenta la protección ambiental. De otra parte, poblaciones como Vetas y California, de reconocida y antigua vocación minera, tenían también parte en el asunto. Y por igual debía tenerse en cuenta a un número importante de pobladores dedicados, en el páramo, a la siembra de cebolla, siendo el segundo lugar más importante del país para este cultivo, después de Aquitania, en Boyacá. En tal sentido y a instancias del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible se logró, en medio de la ardua polémica, el consenso al que venía tratándose de llegar en los últimos tres años. Algunos, sin embargo, anunciaron la demanda de la resolución respectiva, pero hoy el Parque Regional sigue plenamente vigente y es patrimonio de todos los santandereanos, además de cumplir con su misión de proteger tanto las aguas superficiales como los acuíferos. No en vano, el acueducto de Bucaramanga vive en buena parte de los servicios ecosistémicos provenientes del río Suratá y el páramo de Santurbán.

Posteriormente, bajo lo señalado en el Plan Nacional de Desarrollo, se pretendió hacer la delimitación total del páramo de Santurbán, entre los departamentos de Santander y Norte de Santander, buena parte del cual está deshabitado y que fue motivo de la resolución posterior del Ministerio de Ambiente, la misma que acaba de tumbar la Corte Constitucional. De las miles de hectáreas que componen todo el complejo de Santurbán interesan particularmente aquellas que pueden verse afectadas por las incidencias mineras, agrícolas, de hidrocarburos o de torres de energía y que, ciertamente, están en buena medida protegidas dentro de los parques regionales antedichos. Obtenido eso como una primera etapa era necesaria una segunda en la que, precisamente, resultaba indispensable la participación de la comunidad. No basta con trazar una línea en torno de los 3.000 metros de altura para darse por satisfechos puesto que la ley también ordena los estudios sociales correspondientes para poder delimitar el área.

Las Cortes han señalado no hace mucho que los páramos deben estar exentos de toda actividad humana, a fin de proteger el recurso hídrico. Está por supuesto bien que así sea, mucho más más en un país gravemente afectado por el cambio climático. Para ello es indispensable contar con la comunidad. En estos casos, vale más la mayor cantidad de consenso posible que los hechos cumplidos que, al cabo, serán derogados y todo terminará en cero.

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