¿Acuerdo duradero o acuerdo interino? | El Nuevo Siglo
Domingo, 6 de Noviembre de 2016

El momento que se está viviendo en Colombia definirá nuestro futuro como nación.

No es una frase de cajón, así lo parezca.

Se trata de una descripción de la coyuntura actual, que no se había presentado en la historia del país con las características que esta tiene.

Todo dependerá, entonces, del camino que decida escoger el Presidente de la República.

Si el jefe del Estado opta por el camino del gran acuerdo nacional para la paz, le hará mucho bien a la República.

En esas condiciones, honrará el mandato que recibió de sus compatriotas en el plebiscito, y fortalecerá hacia el porvenir la democracia de participación.

Así mismo, unirá a los colombianos, que hoy están divididos artificialmente, e incluirá a los millones que votaron No contra algunos puntos de lo que acordó con las Farc.

Por otra parte, garantizará la vigencia en el tiempo de lo que firme, y contribuirá a la recuperación de la credibilidad de las instituciones, que hoy, infortunadamente, son castigadas en todos los sondeos de opinión por los ciudadanos.

Adicionalmente, conseguirá un gran respaldo al proceso de implementación de todo lo negociado, tal como ya anunció el Centro Democrático, si es que se consigue el acuerdo nacional para la paz.

Como si lo anterior fuera poco, rodeará a las Farc de las garantías de todo tipo que, con razón, reclaman.

Naturalmente, tiene otro camino.

El Presidente Santos puede recoger algunas de las propuestas y opciones que le han presentado los distintos sectores que votaron  No, acordarlas con las Farc y presentarle a la nación y al mundo el texto de un acuerdo nuevo.

A partir de ese punto le sería posible escoger algún camino institucional para implementar dicho texto.

Ese escenario puede presentarse, pero, en la práctica, el tratamiento a la carta del asunto implicaría dejar de lado alguna o algunas de las fuerzas que abogaron por el No, u omitir el cambio sustancial de temas esenciales.

Es decir, de aquellos que suscitaron el rechazo de los electores.

¿Qué conseguiría el Presidente en esas condiciones?

Apenas otra de las tantas fotos que ya se ha tomado.

En el evento de que decida transitar esa ruta protocolizaría, en términos históricos, la división de la nación y excluiría a muchos colombianos.

En el mismo orden ideas, no le dejaría a su sucesor un acuerdo firme y sólido.

Por el contrario, su legado sería la interinidad y la incertidumbre toda vez que, en la hipótesis de que se mantengan en el acuerdo con las Farc las cláusulas que fueron rechazadas, ellas se convertirían en tema fundamental de la campaña presidencial.

 

En consecuencia, ese grupo armado ilegal carecería de las seguridades jurídicas y políticas que desea recibir, por cuanto todo dependería del nuevo pronunciamiento de los electores en el 2018.

¿Sería ese un buen escenario?

¡Desde luego que no!

Y hay que evitarlo. El Presidente posee todas las herramientas para impedir que se presente.

Las Farc, de otro lado, tienen que entender que el resultado del plebiscito fue un mensaje claro de millones para ellos.

Seguir obstinadamente defendiendo lo mismo en varios temas no le conviene a nadie. Empezando por ellos, que quedarían sometidos a los vaivenes de la política sin garantías reales.

Las verdaderas seguridades y certezas sobre el  cumplimiento de lo convenido, que anhelan tener, solamente se las dará un gran acuerdo nacional para la paz.

Eso es lo que reclama Colombia.