Reingeniería educativa

  • Un sector con múltiples problemáticas
  • Principios y desafíos del Plan Decenal
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El lanzamiento esta semana del Plan Nacional Decenal de Educación 2016-2026, “El camino hacia la calidad y la equidad”, constituye un paso adelante en el objetivo de, por fin, señalar una hoja de ruta de largo plazo a la calidad de la instrucción escolar, secundaria y superior en nuestro país. No en pocas ocasiones hemos advertido que las pruebas internacionales estandarizadas que miden la capacidad de los estudiantes en materia de ciencias, matemáticas y comprensión de lectura evidencian un rendimiento apenas potable, con algunos pocos avances en los años recientes que no ocultan lo atrás que estamos frente a otros países con similar nivel de desarrollo y calidad de vida que Colombia.

También es claro que el debate sobre el nivel educativo se ha concentrado en los últimos años ya no tanto en los índices de cobertura, escolarización y alfabetización, en los que el país, sin duda, marca la delantera regional, sino en la calidad de la enseñanza que se imparte.

Un debate que ha derivado en otras controversias no menos álgidas como los índices de deserción escolar y universitaria; el verdadero impacto del programa “Ser pilo paga”; el eterno pulso por la financiación de la universidad pública; las controversias con Fecode por la cualificación del personal de maestros; el rubro presupuestal para educación dentro del Sistema General de Participaciones; la dilatada reforma al Estatuto Docente; los avances o retrocesos en infraestructura; la sostenibilidad del régimen salarial y pensional de los profesores; las falencias en la vigilancia de los programas y pensum académicos; la polémica sobre los costos finales de los créditos del Icetex para la educación superior; el bajo índice de posgrados, especializaciones, doctorados y maestrías; y la incursión de las nuevas tecnologías en los métodos pedagógicos colombianos…

Y como si todo lo anterior fuera poco, no hay año en el que no se ponga sobre el tapete la necesidad de la reforma integral a la Ley General de Educación, como la relativa a la instrucción superior que tuvo que ser retirada en noviembre de 2011, tras la presión del paro estudiantil, y aunque se prometió que un nuevo articulado sería construido con la participación de todos los sectores y llevado de nuevo al Congreso, lo cierto es que pasaron los años y ello nunca ocurrió, siendo evidente ya que este Gobierno, al que le restan menos de diez meses de su doble mandato, dejó pendiente un tema que siempre tachó de urgente.

¿El nuevo Plan Decenal apunta a avanzar en la resolución de la mayoría de esas problemáticas? Esa es la pregunta que todo el país se hace. Según el Ministerio de Educación la estrategia de largo plazo busca el robustecimiento de un sistema educativo de calidad que aumente las posibilidades de todos los colombianos de tener mejores condiciones de vida, generar movilidad social y reducir las desigualdades económicas. De allí su enfoque incluyente, innovador y participativo, al punto de que más de un millón de personas ayudaron en la construcción de esta política pública, siempre con el liderazgo de expertos en educación, ciencia, tecnología e innovación.

En ese orden de ideas, los cinco principios orientadores del Plan parten de contribuir con la construcción de la paz, la cultura ciudadana y el sentimiento de Nación; impulsar el desarrollo humano, la sostenibilidad y la equidad en este servicio; reducir las brechas regionales; ampliar los temas educativos en todos los ámbitos del Gobierno y la sociedad; y entender este derecho como una responsabilidad de todos. Principios que deben llevar a enfrentar 10 desafíos puntuales relacionados con regular y precisar el alcance del derecho a la educación; la construcción de un sistema educativo articulado, participativo, descentralizado y con mecanismos eficaces de concertación; el establecimiento de lineamientos curriculares generales, pertinentes y flexibles; la formulación de una política pública para la formación de educadores; el fomento de una educación que transforme el paradigma dominante; el uso pertinente, pedagógico y generalizado de las nuevas y diversas tecnologías para apoyar la enseñanza, la construcción de conocimiento, el aprendizaje, la investigación y la innovación; la construcción de una sociedad en paz; la priorización al desarrollo de la población rural; y el aumento de la participación del gasto educativo en el PIB y accionar gubernamental.

Hay, pues, una hoja de ruta educativa, con metas generales y retos puntuales. Es claro que el sector afronta múltiples problemáticas y lo que se espera es que el nuevo Plan avance en su resolución a corto, mediano y largo plazos. No será nada fácil, pero si Colombia quiere, en realidad, ser el país con mejor sistema educativo en 2025, hay mucho trabajo por hacer.

 

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