Por las regiones empieza el cambio en Venezuela

Foto archivo Agence France Press
En elecciones atípicas, por ser anunciadas por la Constituyente, la oposición se enfrenta al chavismo por 19 gobernaciones. Siete de diez venezolanos creen que puede haber fraude. Pero son más los que van a participar, de los que se abstendrán 

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DICEN que votar es un antídoto contra los regímenes dictatoriales. Porque las dictaduras buscan el quiebre de la libertades cívicas para llenar a los ciudadanos de apatía y desconfianza. Esto, en una Venezuela polarizada y doliente, parece estar pasando. 

En vísperas de las elecciones regionales del próximo domingo la oposición venezolana se divide entre abstencionistas, convencidos de que los comicios son una fachada democrática, y los electores, que, con el sin sabor de las marchas de hace unos de meses, ven una oportunidad única para empezar a vencer al chavismo.

Pocos quieren a Maduro. En la última encuesta de Venebarómetro sólo 9,7% de los venezolanos valoran positivamente su gestión; cuatro años antes, este porcentaje era del 54%.  La impopularidad del jefe chavista es indiscutible, pero la cúpula que lo rodea no está dispuesta a ceder el poder.

Todo lo tienen mínimamente calculado. Ascienden a generales del ejército por doquier -en Venezuela hay más generales que en Estados Unidos-, les pagan mejor que a cualquier venezolano y les dan el manejo de la comida o los puertos. Se blindan.

Enterados de las gabelas, los abstencionistas no creen que el voto cambie los beneficios que tiene la fuerza pública, ni modifique el modelo económico que, según numerosos organismos multilaterales, tiene a Venezuela pasando hambre y sufriendo por la desesperación de una hiperinflación incontrolable.

Según la FAO (Organización de alimentos de la ONU), la desnutrición aumentó 4 puntos en Venezuela, pasando de 9,1% a 13% en 2017. La estadística, sorprendente en un país que en 2001 era el más rico de la región, es la peor de América Latina, por encima de Haití.

La mayoría de los venezolanos comen dos veces al día, o menos. No es una opción, a diferencia de las veces que Maduro –obeso- degusta una arepa. Allá, en Venezuela, “la vida es una lucha”. Lo cuentan los medios, lo narran las redes, lo cantan los llaneros.

Si no hay para la pasta, la gente mucho menos tiene para el ron. Venezuela, según el ranking de la revista GQ (México), tiene los mejores rones del mundo, pero paradójicamente a nivel local casi nadie los puede consumir. Son inalcanzables, por sus precios.

Hace unos días, para hacer más digerible la inflación, una persona publicó que en 2014 con un salario mínimo se podían comprar 11 botellas de ron. Tres años después, con ese sueldo se adquiere una botella. Hay subsidios. ¿Para todos?

Por las gobernaciones

El chavismo dice que siempre ha celebrado las elecciones. Que por eso es democrático. Los comicios de este domingo, sin embargo, son atípicos, dentro de la atipicidad democrática del país. Por primera vez, en Venezuela la gente irá a las urnas por un mandato de la Asamblea Constituyente (ilegítima para la oposición) y  no por las autoridades electorales.

La poderosa Constituyente se ha abrogado esa facultad, de centenares.  Lo ha hecho para conceder una de las peticiones electorales de la oposición, que ha exigido que se celebren las tres votaciones que el oficialismo le debe. Aunque esta es, por cálculos políticos, la que tiene menos implicaciones.

Sin embargo, el chavismo citó a las urnas con desasosiego. No quería verse enfrentado a un monstruo creciente: el descontento. Al final, llamó a elecciones y ha venido buscando la manera de bloquear a la oposición con cambios repentinos de los puestos de votación y la imposibilidad de que participe en tres estados.

Fraccionada por desgaste y apetito político, la oposición tendrá algunos partidos que han decidido no participar. Por numerosas razones, María Corina Machado y algunos líderes del partido, “Bravo Pueblo”, han preferido no ser parte del proceso electoral. Dicen, entre otras, que no hay garantías.

Esta sensación ha invadido al elector promedio venezolano. Voy, y ¿voto? Para qué  -dicen-, si se las van a robar. La oposición que sí va participar le ha tratado de dar la vuelta a este argumento diciendo que al no participar se abre un boquete enorme para que el chavismo se enclave en el poder. No lo sacará nadie, dicen.

Los índices de abstención aumentan. Alrededor del 72% de los venezolanos dice que es válido que la oposición participe en las elecciones regionales, pero 7 de cada 10 dice que las regionales son fraudulentas. La apatía, la desazón y el no futuro, marcan su manera de pensar.

Pero hay otra cara: la del venezolano que sí va participar. Según las encuestas, son mayoría. No se pone en duda que el votante chavista lo vaya hacer, pero en el caso de la oposición, mayoritaria en este momento, la cantidad de gente que participe puede marcar una tendencia electoral.

Para acabar la apatía, la dirigencia opositora dice que en estas elecciones no sólo se escogen los gobernadores de 23 estados. Un triunfo puede significar el principio del fin del régimen hegemónico. Explica el analista político, Ángel Oropeza, en Prodavinci, que “si logras un triunfo contundente, la presión sobre Maduro aumenta. Ya no tendrá las gobernaciones serviles y sumisas a él, sino 23 instancias de lucha”.

El fraude, después de lo que sucedió con la consultora Smartmatic, que denunció la manipulación de votos en la elección Constituyente, está presente en los análisis de políticos y electores. Siete de cada diez venezolanos cree que se puede configurar algún tipo de fraude, según Datanalisis.

El martes el Consejo Nacional Electoral (CNE) reubicó 200 centros de votación, afectando, según el rector de esa institución, a más de 300.000 electores. El argumento para la reacomodación fue falta de material electoral. ¿Habrá suficiente?

El oficialismo ha hecho proselitismo con el miedo de ser vencido por segunda vez. De 21 elecciones –argumento para demostrar su supuesta legitimidad democrática-, ha ganado 19. A ganar, la consigna de la oposición.

 

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