La campaña económica

  • Germán Vargas Lleras abre el debate
  • Reducción de impuestos y equidad social
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Las advertencias hechas por Germán Vargas Lleras sobre la economía, en el arranque de su candidatura presidencial, son para tener en cuenta. Indudablemente el país puede reputarse en recesión si se entiende que con un incremento económico de poco más del 1 por ciento se está apenas saldando la inercia del aumento poblacional, con resultado final cero o negativo. En ese sentido, si bien el debate público viene siendo copado por los ajustes a la implementación del acuerdo de paz, cuyos elementos son tal vez igual o más importantes que las etapas previas, no se puede en modo alguno abandonar el flanco económico que, como se dijo, presenta duras realidades que, además de evidentes para los empresarios, son calamitosas para todo el entorno social.

Tampoco hay duda, por lo demás, de que entre los resultados de las dos últimas reformas tributarias está, ciertamente, el de que se espantó la inversión colombiana, impactando las posibilidades de crear empleo sano y adecuado. Como se sabe, las cifras en la materia suelen enfocarse particularmente en la creación de empleo informal, pero son pocos los índices que muestran una tasa ocupacional favorable y dentro de los estándares legales, incluyendo afiliación a la seguridad social, primas y otras garantías laborales.

De hecho, el propio Vargas Lleras ha dicho, en la entrevista en “El Tiempo” con María Isabel Rueda, que estamos ante el peor éxodo de capitales colombianos en muchas décadas. De acuerdo con los cálculos hechos por el candidato presidencial habrían salido alrededor de 15 mil millones de dólares, por parte de más de siete mil nacionales que han buscado residencia fiscal en otros países. Todo ello, en buena parte, porque hoy ciertamente en Colombia se tributa a una tasa de alrededor del 71 por ciento, una situación ni siquiera vista en gobiernos europeos o americanos de estirpe socialista y que ronda la confiscación. Con ello, por supuesto, se ha minado ostensiblemente la capacidad industrial, cada día en mayor declive, lo mismo que se ha resentido el comercio, tal cual muestran los datos de los últimos meses.

La paradoja consiste, justamente, en que Colombia continúa siendo uno de los países más desiguales del mundo, pese a la amplísima y efectiva tasa tributaria. Lo que señala, precisamente, que si bien el Estado goza de grandes ingresos y presupuestos nunca vistos en la historia del país, de otra parte falla estruendosamente en generar una eficaz redistribución del ingreso. Está claro, por ejemplo, que uno de los factores evidentes de la desigualdad social consiste en la brecha entre el sector urbano y el sector rural, sobre todo en este último en donde las condiciones son ampliamente insatisfactorias. Frente a ello lo que claramente se vislumbra es que, pese a tener recursos, el gasto público es particularmente deficiente, en buena medida porque los costos operativos del Estado son excesivamente altos, hasta el punto de afectar la lucha contra el desequilibrio socioeconómico.

El país, ciertamente, ha dado un salto en propuestas sociales llevadas a cabo, inclusive bajo el mando y de la mano de Vargas Lleras, como el exitoso programa de vivienda gratuita y el del agua potable para casi un 100 por ciento de la nación. Todo ello colabora, por supuesto, en cerrar la brecha social. Pero, desde luego, se requiere de una economía sana y productiva a fin de que se puedan seguir destinando más recursos a la inversión en los sectores poblacionales más deprimidos.

Por eso resulta hoy de la mayor importancia que de verdad se aboque la reforma tributaria estructural que se viene prometiendo hace décadas y nunca se ha logrado. En ese sentido, la propuesta de Vargas Lleras de modificar los impuestos antitécnicos que afectan la competitividad, llegando a un impuesto sobre la renta del 30 por ciento, seguramente combinada con disminuciones y reorientaciones del gasto público, resulta atractiva. Es un debate que hay que dar pero que pocos candidatos quieren abrir por andar enredados en la mecánica electoral.

No hay duda, por lo demás, de que el país tiene que continuar con el ambicioso plan de infraestructura, so pena de quedarse definitivamente estancado y por fuera del concierto internacional. Tiene en ello Vargas Lleras grandes acciones y aportes que son, indudablemente, menester continuar y acrecentar a fin de poner al país a tono con las exigencias contemporáneas en la materia.

Progreso económico con equidad social parece ser la ruta escogida por Vargas Lleras en la apertura de su campaña presidencial. Con ello el debate queda abierto para que se escuchen las propuestas de los demás aspirantes.

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