Segundo editorial. Se le agota el tiempo a Gobierno y Eln

A medida que se agota la cuenta regresiva para la visita del papa Francisco a Colombia, a partir del 6 de septiembre, también crece la expectativa sobre la posibilidad de que las delegaciones negociadoras del gobierno Santos y del Eln, que desarrollan en Quito el tercer ciclo de conversaciones, puedan dar a conocer las bases de un posible cese el fuego y de hostilidades de carácter temporal, con ocasión de la llegada del Pontífice argentino.

Las discusiones en la mesa alrededor de este delicado asunto no han trascendido. Sin embargo, los pronunciamientos previos de cada una de las partes sobre los condicionamientos para concretar el cese de operaciones militares así como de acciones que afecten a la población civil y otros actores protegidos por el Derecho Internacional Humanitario evidenciaron que no será nada fácil alcanzar un pacto al respecto.

Es más, precisamente por la dificultad que esto implica, se han escuchado voces en las últimas semanas que se inclinan por sugerir que sería mejor aplazar este tema y concentrarse en el avance de los puntos temáticos de la agenda así como en otras medidas de menor dimensión en el objetivo del desescalamiento del conflicto.

Por el momento toda la expectativa sigue centrada en lo que pueda anunciarse en la capital ecuatoriana en los próximos días. Es claro, como lo indicamos tiempo atrás en estas mismas páginas, que esta negociación de paz tiene menor margen de acción frente a lo que fueron las tratativas en La Habana. La opinión pública, según lo muestran las encuestas, es muy desconfiada frente a la real voluntad de paz del Eln y su disposición a avanzar en acuerdos parciales que disminuyan la afectación de la población civil en el conflicto, sobre todo en cuanto a secuestros, extorsiones y atentados a infraestructura.

Obviamente cualquier pacto, por pequeño que sea, que disminuya el conflicto significa vidas que se pueden salvar. De allí que las partes deben acelerar sus conversaciones respecto a si habrá o no un cese el fuego y de hostilidades temporal, al que, incluso, varias decenas de ONG se ofrecieron ya a mediar y vigilar.