Trump y la diplomacia del poder

  • Los efectos de su gira por Europa
  • Movidas geopolíticas muy pensadas

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha planteado un pulso de poder a varias potencias, siempre en el marco de su reclamo permanente para que su país sea reconocido como el primero en materia geopolítica. En ese escenario, por ejemplo, suele recordarle a sus interlocutores el cuantioso monto que aporta Washington a la defensa de Occidente y contrastarlo de inmediato con el abultado déficit comercial que arrastra su nación con varios de sus principales socios económicos. Difiere la política del titular de la Casa Blanca con la de sus antecesores demócratas, Bill Clinton y Barack Obama, que procuraban mostrarse más condescendientes y flexibles con la Unión Europea y sus aliados en otros continentes. Trump, por el contrario, juega fuerte y no se escuda en eufemismos diplomáticos.

Una prueba de lo anterior se vio esta semana durante su impactante gira por el viejo continente. Mientras se desplazaba a Bruselas, desde el mismo avión presidencial en el que cruzaba el Atlántico empezó a destapar sus cartas. Vía twitter mandó un mensaje que cayó como una bomba en la cumbre de la OTAN, pues señaló que varios de sus integrantes no cumplían sus compromisos económicos para sufragar los gastos militares e incluso ironizó que esas naciones deberían “reembolsar" el cuantioso remanente a Estados Unidos. Es evidente que no practica el estilo de los tradicionales agentes de la diplomacia y más bien actúa como el más rudo magnate de negocios del competitivo capitalismo de Nueva York. Quizá por lo mismo su campanazo se sintió de inmediato en el seno de la alianza político-militar.

No menos impactante fue la advertencia del mandatario norteamericano en cuanto a que Alemania era ‘rehén’ de Rusia por la dependencia de sus reservas gasíferas, y que así como Berlín le hacía ganar muchos millones de dólares a Moscú, aportaba poco a la OTAN, en tanto Washington invierte muchos recursos a la defensa del mundo libre. 

Trump siguió poniendo las cartas sobre la mesa: varios países de la alianza no aportan el dos por ciento que les corresponde, señalándolos de morosos e incluso pidiendo que subieran su contribución como mínimo al cuatro por ciento. Y, de paso, recalcó que el déficit comercial de Estados Unidos frente a la Unión Europea debía reducirse, atizando así los vientos de la ‘guerra comercial’ que está abriendo con varios flancos, incluyendo a la propia China.

Tras remover el escenario en la cumbre de la OTAN,

Trump partió a Reino Unido. Llegó en un momento crucial para el gobierno de su más viejo y firme aliado en Europa, ya que coincidió con la renuncia de varios de los ministros más comprometidos con el Brexit y la apertura de una dura lucha interna de los conservadores, sobre todo entre la primera ministra Theresa May y el saliente canciller Johnson, sobre quien el mandatario estadounidense dijo que le gustaría verlo en el poder. Las especulaciones sobre las coincidencias políticas y económicas entre ambos impactaron no solo a Inglaterra sino al resto del continente. Y ello pese a que el titular de la Casa Blanca se mostró afable con May, de quien dijo que estaba efectuando un trabajo magnífico. Sin embargo, es claro que la relación entre Londres y Washington pasa por cómo se produzca el divorcio británico de la Unión Europea. Aunque Trump dejó claro que profesa un gran amor por el Reino Unido, reclamó que este sea correspondido.

El mandatario norteamericano, una vez más, volvió a concitar el foco de atención mundial. Cada palabra, gesto o insinuación suya es analizada al detalle con el fin de adivinar su verdadera estrategia o las próximas jugadas. Más allá de su personalidad muy particular y su sui generis estilo de gobierno, y de comunicarse, ya el mundo entendió que el mandatario estadounidense tiene una hoja de ruta geopolítica clara y definida. Por ejemplo, en el marco de la ‘guerra comercial’ que ha planteado, algunos se sorprenden, otros critican y pocos lo apoyan allende de sus fronteras, pero las cifras que presenta suelen ser exactas e inapelables.

Es evidente, de otro lado, que la figura de Trump polariza en todo el planeta, pero también que muchas de las protestas en Europa esta semana no eran tanto contra él sino contra los gobiernos locales que lo recibían. Por ejemplo, la oposición a May aprovechó la gira del mandatario para salir a las calles en momentos en que ella intenta mantenerse en el poder y viabilizar una salida tranquila del Reino Unido de la Unión Europea. Quedó claro que su prioridad es conseguir un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, el cual es bien visto por Trump, en tanto Inglaterra no sea cabeza de puente de la Unión Europea para seguir inclinando la balanza comercial negativa contra Washington.