¿Qué hacer con Tumaco?

  • Desorden público y criminalidad campean
  • Urge repensar toda la estrategia estatal allí

La situación de orden público en Nariño se deteriora día tras día pese a que ese departamento es teatro de grandes e intensas operaciones militares y policiales desde el año pasado, sin que hasta el momento se haya podido detener en forma sustancial a los actores violentos que no solo tienen atemorizada a la población y en alto riesgo a los líderes sociales, sino en jaque a las autoridades por el boom narcotraficante en la zona y la racha de asesinatos y atentados a uniformados y civiles, tanto en la margen fronteriza colombiana como en la ecuatoriana.

El diagnóstico es aún más complejo si se focaliza en Tumaco, el atribulado puerto sobre el Pacífico que hoy por hoy es el municipio con mayor cantidad de área sembrada de narcocultivos en todo el país. Pero también es una de las zonas con mayor presencia de las disidencias de las Farc, sobre todo al mando de alias ‘Guacho’, un guerrillero no desmovilizado que en cuestión de pocos meses pasó de ser un desconocido mando medio de una cuadrilla insurgente a convertirse en un “objetivo de alto valor” tanto para la Fuerza Pública colombiana como para la ecuatoriana, ya que se le sindica de haber asesinado a un equipo periodístico del diario El Comercio así como a una joven pareja de ciudadanos de la vecina nación, a quienes pretendió ‘canjear’ por algunos familiares y cómplices suyos capturados por las autoridades de ese país.

También es Tumaco una de las poblaciones en donde más se producen asesinatos y amenazas a líderes sociales, comunitarios, indígenas, campesinos y activistas de derechos humanos. E igualmente es allí en donde la propia Fiscalía y otros organismos de seguridad denuncian que se detectó una fuerte presencia de carteles del narcotráfico mexicanos como el de Sinaloa. Asimismo es la capital nariñense, su extensa zona rural y los municipios circunvecinos, en donde la erradicación forzada de narcocultivos más oposición encuentra por parte de campesinos que, la mayoría presionados por las disidencias, el Eln y las bandas criminales, se resisten a dejar que los sembradíos ilícitos sean destruidos por los uniformados. Y, como si todo lo anterior fuera poco, también es este municipio y sus alrededores en donde la estrategia de pactos firmados con cultivadores pequeños para la sustitución voluntaria de los cocales más es cuestionada, ya sea por presuntos incumplimientos en los incentivos económicos prometidos por el Estado o porque la resiembra ilegal asoma con fuerza.

¿Qué hacer con Tumaco? No hay una solución fácil a esta crisis. El Gobierno saliente indica que tanto esta población como el departamento de Nariño en general han sido escenario en el último año de la mayor operación de la Fuerza Pública, también fue objeto de una alta presencia estatal para activar programas y proyectos inmediatos de inversión social, al tiempo que se combinan en el terreno las dos estrategias para acabar con los cultivos ilícitos. Las autoridades locales y regionales admiten que es indudable que hay una mayor presencia de las tropas y que los recursos destinados a la salud, educación, vías, infraestructura y combate a la pobreza y exclusión son sustancialmente superiores a los de la última década. Sin embargo, tanto el Ejecutivo nacional como las instancias departamentales y municipales advierten, resignadamente, que el plan de choque no ha dado resultado. Lamentablemente los violentos continúan actuando de forma cada vez más desafiante y peligrosa. El ataque esta semana a una delegación del CTI de la Fiscalía, que dejó tres funcionarios asesinados, es una prueba de la gravedad de la situación de orden público.

Le corresponderá al gobierno entrante evaluar lo que está pasando en Tumaco y Nariño en general. Es claro que se requiere repensar la estrategia y adoptar un nuevo plan de choque. A finales del año pasado, cuando la situación se empezó a complicar de forma sustancial en esa zona, no pocos analistas advirtieron que lo que estaba en juego allí era el éxito o fracaso del posconflicto, pues era claro que el Estado había fallado en asumir el control territorial e institucional de las áreas en donde antes operaban las desmovilizadas Farc, falencia que permitió que las disidencias, los ‘elenos’ y las bandas criminales entrarán a sangre y fuego, pese a estar esos tres actores armados aliados con un mismo socio: los narcos mexicanos.

El entrante Ejecutivo ha dicho que aplicará una política de orden y autoridad más eficaz para recuperar el control del orden público. De entrada ya tiene en Tumaco y Nariño un reto de marca mayor que, dados los últimos acontecimientos, no da espera.