Libertad de prensa = democracia

  • Alerta por amenazas a medios y comunicadores
  • Estado debe reaccionar ante la grave situación

 

La libertad de prensa es uno de los elementos determinantes de la democracia. Cuando la primera se ve amenazada, restringida o condicionada, entonces la segunda se debilita. De allí que el nivel de respeto y garantía para ejercer el derecho a la libertad de expresión y opinión es correspondiente al mayor o menor grado de democracia que tiene un país.

Esa premisa debe tenerse como principal referente en momentos en que en Colombia se empiezan a multiplicar, de nuevo, las intimidaciones a los periodistas.

La semana comenzó con las alertas prendidas por amenazas vía redes sociales, panfletos y llamadas anónimas a comunicadores, columnistas e investigadores de distintos periódicos, revistas, cadenas radiales y portales web. Como es apenas obvio los autores de las intimidaciones se esconden en la trinchera anónima y cobarde de las cuentas falsas en las redes sociales, panfletos apócrifos y comunicaciones en donde no se identifican los autores de las mismas. Las hipótesis en algunos casos apuntan a grupos guerrilleros, en otros a bandas criminales, igual a grupos radicales de extrema izquierda y derecha,  pero también se sospecha de la delincuencia común y hasta de las redes de corrupción local. Y, claro, no se descarta que se trate también de personas que llevadas por el intenso clima de polarización política e ideológica quieren acallar como sea a todo aquel que consideren contradictor…

Mala señal para el país que, de nuevo, los periodistas estén en la mira de los violentos y de personas o sectores que no toleran la libertad de expresión ni opinión, por lo que acuden a las vías de hecho para tratar de silenciar a todo reportero, medio, investigador u opinador que piense diferente. Una señal aún más grave toda vez que en Colombia, lamentablemente, se pasa con pasmosa facilidad de la crítica descarnada y la descalificación grosera a los periodistas, a la amenaza y el atentado.

Ya la semana pasada la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) expresó su preocupación por el incremento en el número de amenazas contra periodistas en Colombia. Advirtió que en los últimos seis meses muchos reporteros que alternan sus labores con el activismo social han sido víctimas de intimidaciones. Las estadísticas de esa organización señalan que mientras a julio del año pasado se había documentado 65 casos de amenazas, en lo corrido de 2018 ya se han reportado 89. Tras lo ocurrido en esta última semana es evidente que la situación se complica aún más. Hay, pues, una tendencia creciente, ya que mientras en todo el 2015 la FLIP documentó 59 casos de intimidaciones, en 2016 la cifra ascendió a 90 y el 2017 cerró con 129.

Las autoridades deben ponerse al frente de esta difícil circunstancia. No solo en cuanto a analizar la situación de riesgo de seguridad de cada comunicador amenazado y proporcionarle las respectivas medidas de protección, sino que la Fiscalía y demás organismos de seguridad deben profundizar sus pesquisas para rastrear, identificar y judicializar a los autores de estas intimidaciones. Si no se procede urgentemente en esta dirección, se aumenta la posibilidad de que de las intimidaciones se pase a las agresiones físicas y atentados. No se puede volver a la crítica situación de décadas atrás cuando guerrilla, paramilitares, narcotraficantes y otros factores delincuenciales asesinaban comunicadores año tras año, tal como hoy ocurre en países como México, en donde los carteles y los corruptos ultiman a cada tanto trabajadores de la prensa.

Es evidente que la situación de orden público en Colombia se está complicando. Al auge narcotraficante, el desdoble de las disidencias de las Farc, el accionar de las Bacrim, el boom de la minería ilegal, la corrupción campeante y la racha de asesinatos de líderes sociales y activistas de derechos humanos, se suman ahora las intimidaciones a los periodistas.

Para un país que se precia de ser una de las democracias más antiguas y sólidas del continente, es claro que las amenazas que se ciernen sobre la libertad de prensa constituyen una mácula muy grande que desdice de la capacidad del Estado y todo el aparato institucional para hacer respetar los derechos más fundamentales de la población. Es urgente que se tomen cartas sobre el asunto y que todos aquellos que estén tratando de acallar al periodismo entiendan que los medios no se subordinan ni rinden ante la violencia, la intolerancia y la presión criminal. El día que lo hagan, la democracia en Colombia empezará a difuminarse.