El nuevo Congreso

  • Cambiaron reglas del juego y marco político
  • Primera legislatura será la más determinante

 

El inicio de todo cuatrienio parlamentario siempre está cargado de muchas expectativas y promesas. Partidos, congresistas y gobierno nacional se fijan metas ambiciosas y anuncian múltiples propósitos. Lamentablemente no en pocas ocasiones ese alud de buenas intenciones se va difuminando por el camino y de allí que el Legislativo sea desde hace varios años la institución más desprestigiada del país, así como la que más desconfianza genera entre la ciudadanía.

Cambiar esa percepción se impone, entonces, como la primera tarea del Parlamento que hoy se instala con varias novedades a bordo. En primer lugar, como producto del acuerdo de paz, cinco senadores e igual número de Representantes a la Cámara del partido Farc, que nació tras la desmovilización de esa guerrilla, se posesionarán. Y lo harán en medio de una polémica no sólo porque varios de ellos -sindicados de delitos atroces y de lesa humanidad- no han sido procesados por la Justicia Especial de Paz (JEP), sino porque el mismo pacto habanero había previsto 16 curules para las víctimas del conflicto, pero estas no fueron viabilizadas por el anterior Congreso. En otras palabras, pese a su ínfima votación los victimarios tendrán 10 escaños, pero los millones de afectados por su barbarie y depredación criminal no.

En segundo término, es sabido que en este Parlamento debutante hay unas nuevas realidades políticas, no solo por el mapa de bancadas dejado por los comicios parlamentarios, sino también por el balance de poder reflejado tras el relevo en la Casa de Nariño. Pero a ese marco hay que agregar un nuevo elemento de mucha trascendencia: el Estatuto de la Oposición. Esta norma, también derivada del acuerdo de paz, establece una serie de garantías en materia de vocería, capacidad de réplica y margen de control político al Gobierno y sus mayorías por parte de las colectividades que se declaren oficialmente en contradicción al Ejecutivo de turno. La aplicación de estas nuevas reglas del juego se torna, incluso, más determinante si se tiene en cuenta que tanto el candidato presidencial perdedor en la segunda vuelta, como su fórmula vicepresidencial, tienen desde hoy curul automática en Senado y Cámara, respectivamente. Esto lleva, entonces, a que el pulso electoral ya zanjado se traslade ahora al debate parlamentario.  

De otro lado, no se puede negar que el Congreso que hoy comienza a sesionar difiere mucho de los tres últimos, ya que en aquellos la existencia de la alternativa de reelección presidencial generaba unas realidades políticas sui generis, pues tanto el gobierno nacional como sus mayorías parlamentarias siempre tenían en el horizonte la aspiración de repetir mandato. Ahora, como se sabe, la opción reeleccionista ya fue derogada y, por lo tanto, Ejecutivo y Legislativo se juegan todo su capital político y capacidad de acción a un solo cuatrienio.

Visto todo lo anterior es evidente que ahora la primera legislatura cobra una importancia inusitada ya que el Gobierno entrante casi que está obligado a tramitar durante estos doce meses sus proyectos de acto legislativo y de ley más cruciales para cumplir lo que prometió en campaña y recibió el apoyo mayoritario en las urnas. Una urgencia aún mayor si se tiene en cuenta que en menos de un año el país estará otra vez en contienda proselitista, ahora para gobernaciones y alcaldías. También parece obvio que dejar para la segunda o tercera legislaturas algunos de esas iniciativas prioritarias resultaría inconveniente porque un cuatrienio gubernamental es muy corto para aprobar e implementar con eficacia y productividad un programa de gobierno.

Se puede concluir, entonces, que el Parlamento que hoy se instala no tiene tiempo que perder. Aparte de los proyectos propios de todo arranque de cuatrienio legislativo, como la discusión del Plan de Desarrollo o del Presupuesto General para el siguiente año, o la elección del Contralor General y los magistrados del Consejo Nacional Electoral, hay que priorizar la discusión y aprobación de reformas de alto calado como la política, electoral, judicial, tributaria, pensional y laboral, entre otras. Así mismo es claro que se vienen grandes debates alrededor de temas candentes como los ajustes al acuerdo de paz o la restricción al porte de la dosis mínima de drogas…

Más allá de la siempre intrincada mecánica para escoger las mesas directivas y de los pulsos políticos que enmarcan esta puja, lo cierto es que el nuevo Parlamento tiene grandes y profundos retos. Giran a su alrededor muchas expectativas y promesas, las mismas que solo el tiempo dirá si cumplió con eficacia o decepcionó.