UNA LABOR QUE NO SE AGRADECE
Recicladores o recolectores

Foto archivo

A diario vemos trabajar en las calles de la ciudad a unos hombres que, en general, no significan mayor cosa para la mayoría de los ciudadanos del común, de hecho, en la mayoría de los casos se procura evitar la interacción al tener la idea de que se corren riesgos al interactuar con ellos. Me estoy refiriendo a los mal llamados recicladores que pasan los días separando y sacando algún provecho de los residuos generados por los habitantes de la ciudad.

Estos ciudadanos, con cierto desprecio y desentendimiento de parte del Estado y de la misma sociedad, rescatan a mano limpia una buena parte del material reutilizable que se deposita en las basuras y evita así que una gran cantidad de residuos llegue a ser depositado en los rellenos sanitarios, de esta manera no solo nos evita los daños ambientales que se derivan del uso de materia prima, sino que nos ahorra costos en el mantenimiento de unos servicios que finalmente quien paga es el ciudadano.

El problema de fondo radica en que estos ciudadanos no tienen ningún tipo de protección ni de condiciones dignas de trabajo, no resisten un análisis de trabajo seguro (ATS) ni disponen de ayudas especiales que garanticen el bienestar de sus familias; así las cosas, se han convertido en una suerte de esclavos del nuevo milenio que solo dependen de su capacidad de trabajo para poder sobrevivir.

Un recolector de basuras reciclables suele vivir en cinturones de miseria de la gran ciudad y llega a tener jornadas de trabajo de 6 días sin retornar a su hogar, no tiene otro lugar para dormir que el interior de su carretilla con las condiciones higiénicas propias de elementos desechados, es muy difícil tener posibilidades de ducharse o asearse, nunca se ve a un “reciclador” usando guantes, en las bolsas de basura sale una mezcla de desechos que no siempre son útiles y nunca son agradables, el trabajo no puede parar por el mal tiempo pues de él depende la precaria subsistencia de la familia, no existen programas de pensiones y seguridad social que se estén aplicando a este tipo de ciudadanos; si bien existen varios programas, no son fáciles de implementar por requerir la voluntad del afectado no teniendo este la cultura para hacerlo.

En la práctica, después del trabajo realizado por el recolector, se vende su producido a precios que cada vez son menores, el comprador almacena y vende separado a los verdaderos recicladores que los convierten a través de diversos procesos en materia prima para la elaboración de nuevos productos.  

El Estado entre tanto promueve la continuidad del sistema aumentando los riesgos a los que se expone esta población, no se conocen programas efectivos de culturización en el tema de la separación de residuos ni existen controles efectivos que obliguen a separar en la fuente los residuos, no existen programas alternativos de empleo para esta población que poco a poco va expandiendo su ocupación de padres a hijos. Va siendo hora de que los ministerios de Ambiente y de Protección se preocupen del asunto, para ello habrían de implementarse algunas medidas básicas pero urgentes; la separación en la fuente deberá ser obligatoria y el incumplimiento de la norma deberá tener consecuencias serias, los sistemas de recolección deberán tener algún tipo de ayuda mecánica que evite la sobrecarga de los recolectores, dado que el recolector presta un servicio social deberá garantizársele un mínimo de subsistencia y unas condiciones de trabajo y salud dignas.

No perdamos de vista que el problema es de todos y que de una u otra manera todos somos responsables de las condiciones de las personas que nos colaboran manteniendo la limpieza de nuestro entorno y aumentando la vida útil de nuestros rellenos.

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@alvaro080255

*Doctorado en ingeniería de caminos y experto ambiental

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