Francisco y deporte: “portero de almas”

Foto Agence France Press
La visión de un Papa que pone metas para la vida, sin embargo, de todas las frases, tal vez la más significativa es: “Les pido que recen por mí, para que también yo, en el «campo» en el que Dios me puso, pueda jugar un partido honrado y valiente para el bien de todos nosotros”.

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Especial para EL NUEVO SIGLO

El papa Francisco, siendo un niño, jugaba baloncesto en los patios de su escuela y luego peloteaba ese balón por la calle y dedicaba otro tiempo a ese deporte si llegaba con pocas tareas qué hacer a su casa; pero también le gustaba apreciar los encuentros de boxeo, ese pugilismo argentino que ha sido, junto con el fútbol y el polo, uno de los que más logros le ha dado a ese país austral, pues con él se han obtenido, durante la era de Bergoglio, 24 medallas olímpicas.

Incluso, los argentinos, paisanos de Bergoglio, han logrado inscribir a cuatro deportistas en el salón de la fama del boxeo de Nueva York. Esas figuras eran líderes para Jorge Mario Bergoglio, quien con sus hermanos coleccionaba álbumes con estampas de estas figuras del deporte porteño, algunos de ellos eran vecinos o se les conocía por los gimnasios donde alentaban a los muchachos a irse a los puños con miras a ganarse algún recurso y hacerse famosos, aunque esa no fue la aspiración de Jorge Mario.

Sin embargo, José Mario Francisco Bergoglio, animó a su hijo Jorge Mario y a los otros integrantes de la familia, Alberto Horacio y Óscar Adrián y, a veces a las chicas de la casa Marta Regina y María Elena (Malena), a ver los partidos de un equipo de fútbol fundado en 1908 por el sacerdote Lorenzo Bartolomé Martín Massa, quien usó su nombre, no sólo para buscar que los muchachos de las barriadas de clase media-baja se alejaran de la delincuencia, del vicio y de las calles, sino para fundar el mítico club San Lorenzo de Almagro, que jugaba en el Gasómetro, un estadio hoy en día inexistente, cerca del hogar de los Bergoglio Sivori.

Jorge Mario se aficionó tanto al azul-rojo, porque el primer color representa los ideales y el segundo la lucha, dos valores que alientan el día a día del máximo líder del catolicismo, quien aunque no siempre ve los partidos, saca tiempo para que le cuenten cómo va la clasificación de su equipo.

Bien se sabe que el equipo, en 2013 no había tenido una campaña muy buena y que cuando ascendió Francisco al trono de Pedro, los resultados se dispararon, pues los jugadores le enviaron una camiseta al Papa con el mensaje: “Rezá por nosotros, que nosotros rezamos por vos” y ese compromiso recíproco los llevó a que ganaran el torneo y el presidente del club y los jugadores le llevaran de regalo los guantes del portero. Incluso Aurelio De Laurentiis, el presidente del Nápoles, se atrevió a llamarlo “el portero de las almas”, cuando en Italia, los jugadores del Nápoles y de la Fiorentina lo visitaron y él respondió: “…soy un portero especial porque debo dejar que todos entren en el Cielo”.

Los regalos deportivos no se han quedado allí; ha recibido una camiseta firmada por Ronaldo; un balón con la firma de Pelé; la visita de Maradona y hasta Álvaro Uribe le llevó una camiseta de la Selección Colombia el día en que no lograron reconciliar el actual Senador con el presidente Santos, llamados al orden por el Papa, el delantero del equipo, el que le da emoción a los encuentros, pero también le gusta estar recibiendo espinillazos del enemigo, aunque también, en la mayoría de las oportunidades, Francisco se lleva el balón de oro, porque desde 2013 nos “golea” permanentemente con sus frases. 

En la Jornada Mundial de la Juventud de Rio de Janeiro, animó a los muchachos y niñas así: chicos y chicas, por favor, no se metan en la cola de la historia, ¡sean protagonistas! ¡Jueguen para adelante! ¡Pateen adelante! ¡Construyan un mundo mejor! ¡Un mundo de hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de fraternidad, de solidaridad! ¡Juéguenla adelante siempre! 

El 12 de junio de 2014, el papa Francisco emitió un tuit en su cuenta: “Les deseo a todos que puedan disfrutar de un maravilloso Mundial de fútbol, con un espíritu de verdadera fraternidad”. Ese es el Papa, alguien que quiere ver al deporte como un lugar de encuentro y a su vez de santificación, como se lo refirió en 2016 a los participantes del Primer Encuentro Mundial de Deporte y Fe, a quienes además señaló que deberían “mantener la autenticidad del deporte, protegerlo de la manipulación y de la explotación comercial”. “Sería triste para el deporte y la humanidad, si la gente no lograra confiar más en la verdad de los resultados deportivos, o si el cinismo y el desencanto tomaran ventaja sobre la participación alegre y desinteresada”.

"Con el deporte es posible construir la cultura del encuentro entre todos, por un mundo de paz"

Pero también, en diversos momentos, su apoyo al deporte con más aficionados en el mundo, han sido los siguientes, que también se han referido al deporte en general:

1.    ¡Sed campeones del deporte, pero sobre todo de la vida! Exaltad siempre lo que es realmente bueno y bello, mediante un testimonio claro de los valores que deben caracterizar el deporte.

2.    ¿Qué hace un jugador cuando se le llama para formar parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor.

3.    Con el deporte es posible construir la cultura del encuentro entre todos, por un mundo de paz.

4.    Cuando se suda la camiseta, tratando de vivir como cristianos, experimentamos algo grande: nunca estamos solos.

5.    El deporte es importante, pero debe ser auténtico deporte. Promuevan esta actitud de «aficionados» que elimina definitivamente el peligro de la discriminación. Cuando los equipos van por este camino, el estadio se enriquece humanamente, desaparece la violencia y vuelven a verse a las familias en las tribunas.

6.    El éxito de un equipo es el resultado de una serie de virtudes humanas: la armonía, la lealtad, la capacidad de amistad y de diálogo, la solidaridad. Se trata de valores espirituales que se convierten en valores deportivos.

7.    El secreto de la victoria, en el campo de juego, pero también en la vida, está en saber respetar a mi compañero de equipo, pero también a mi adversario.

8.    En el deporte, como en la vida, es importante luchar por el resultado, ¡pero jugar bien y con lealtad es todavía más importante!

9.    Hagamos una oración en silencio, todos. Que cada uno de vosotros piense en su equipo, en sus compañeros de juego, en sus entrenadores, en su familia. Y pidamos a la Virgen que bendiga a todos.

10.    Hay que rezar para ganar y saber rezar cuando se pierde.

11.    Invito a todos los dirigentes y entrenadores a ser, ante todo, personas acogedoras, capaces de tener abierta la puerta para dar a cada uno, sobre todo a los menos favorecidos, una oportunidad de expresarse.

12.    No os comáis la pelota, desarrollad el juego de equipo. Pertenecer a una sociedad deportiva quiere decir rechazar toda forma de egoísmo y de aislamiento, es la ocasión para encontrarse y estar con los demás, para ayudarse mutuamente, para competir en la estima recíproca y crecer en la fraternidad.

13.    Por favor, que todos jueguen, no sólo los mejores, sino todos, con los talentos y los límites que cada uno tiene, más aún, privilegiando a los más desfavorecidos, como hacía Jesús.

14.    Qué fea y estéril es la victoria que se alcanza haciendo trampas en las normas y engañando a los demás.

15.    Queridos amigos, no se olviden: ustedes son el campo de la fe. Ustedes son los atletas de Cristo.

16.    Si en un estadio en una noche oscura, una persona enciende una luz, se vislumbra apenas; pero si los más de setenta mil espectadores encienden cada uno la propia luz, el estadio se ilumina. Hagamos que nuestra vida sea una luz de Cristo.

17.    Vivan el deporte como un don de Dios, una oportunidad para hacer fructificar sus talentos, pero también una responsabilidad.

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