MIRADA A LA LITERATURA NACIONAL
Gamboa: escritores colombianos crecen solos y eso es bueno

Foto cortesìa Portal Vox

SEGÚN datos del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlac), América Latina, es una de las regiones con menos índices positivos de lectura y, además, la desigualdad en el número de libros que se leen al año entre los países de la región ahonda el desequilibrio educativo.

Un país como México, que cuenta con la Feria del Libro más importante de la región y con una de las más bastas industrias editoriales y traductoras de Latinoamérica, sólo alcanza los 2,9 libros leídos, por persona, en un año. Aunque la estadística está determinada por la variable del número de habitantes, un país como Colombia tampoco sale muy bien parado. México tiene una población de 120 millones de personas, mientras que Colombia, con 48 millones -menos de la mitad de la población mexicana-, sólo llega a 1,9 libros, por persona, al año. La semejanza resulta especialmente crítica cuando se compara el índice de lectura de estos países con lugares como España que, con 46 millones de habitantes -71 millones de personas menos que México-, alcanza los 10,3 libros leídos, por persona, al año.

Las ferias de libros se han convertido en acontecimientos que tratan de fortalecer la lectura en la región. Hoy, ya se puede hablar de algunas ferias como las de México, Argentina y Colombia, como reconocidas internacionalmente dada su atención mediática. Sin embargo, las cifras no acompañan del todo lo que los medios titulan como encuentros literarios del año.

El escritor y antiguo diplomático colombiano, Santiago Gamboa, habla sobre la calidad de la Feria Internacional del Libro de Bogotá y el talento de los jóvenes narradores de su país, que no van a la par, según Gamboa, con la cantidad de libros que el público está dispuesto a consumir.          

 

¿Ha cambiado la Feria Internacional del Libro de Bogotá?

Es cada vez más una feria de negocios, no sólo una feria dedicada al público. Esto la hace más profesional, pues vienen muchos agentes y editores extranjeros. Esto es una gran ventaja para su proyección regional. La de Guadalajara (México) es la primera feria del mundo hispano precisamente por ser la que más espacios profesionales tiene. En cuanto a las personalidades y escritores que asisten, en eso es similar a otras de América Latina.

 

Usted fue consejero cultural de la Embajada de Colombia en India. ¿Qué hace falta, desde las instituciones, para que la cultura colombiana tenga una mayor y oportuna difusión internacional?

Creo que la cultura colombiana es muy conocida fuera de Colombia. Hoy hay, al menos, 15 escritores contemporáneos, vivos y con obras en marcha, que son leídos en toda América Latina, Europa y Estados Unidos. Incluso en Asia. Tal profusión es algo que no se había visto nunca antes en la literatura colombiana. Otros países tienen fondos para subvencionar las traducciones, como España y, en ocasiones, México. En Colombia esto no existe. Se podría decir que el artista, en Colombia, está un poco más solo. Los presupuestos para cultura son exiguos, pero de cualquier modo existen. Muchas de las embajadas de Colombia invitan escritores colombianos allí donde son conocidos para darle contenido a sus programas de diplomacia cultural, y esto también puede verse como una ayuda a la promoción del autor. Los escritores colombianos han crecido solos, sin ayuda del Estado, y esto me parece sano.

“El Estado podría invertir un poco más en cultura como parte de sus compromisos con la educación, pues esto redunda, por ejemplo, en que la gente lea más y, al hacerlo, sea más crítica con la realidad y más selectiva en sus decisiones”

«Países como España y México tienen fondos para subvencionar las traducciones. En Colombia esto no existe. Se podría decir que el artista, en Colombia, está un poco más solo»

Como escritor, ¿qué políticas recomendaría?

El Estado podría invertir un poco más en cultura como parte de sus compromisos con la educación, pues esto redunda, por ejemplo, en que la gente lea más y, al hacerlo, sea más crítica con la realidad y más selectiva en sus decisiones. Hoy el índice de lectura está en 1,9 libros por persona al año. Algo dramático, pues un pueblo inculto está a la merced de quien quiera engañarlo. Y la incultura en las mayorías tiene consecuencias gravísimas, como se vio, por ejemplo, en el plebiscito sobre la paz.

 ¿Le gusta lo que están escribiendo los jóvenes colombianos?

La literatura colombiana de hoy es muy variada y rica. Me gusta muchísimo la frescura de la cartagenera Margarita García Robayo, por ejemplo. O la precisión y el lenguaje implacable de Juan Cárdenas. Ambos son muy jóvenes. También Daniel Ferreira, un gran arquitecto de tramas.

 

Usted dice en un escrito: «Después de los 40 años, uno cambia la sonrisa, el humor y la alegría por una elegante melancolía» ¿Cómo vive esa elegante melancolía?

Bueno, es algo poco consciente. Simplemente está ahí, en las actitudes de mis personajes, en su descreimiento. Mi recorrido vital aparece en algunos de ellos, sobre todo en el cónsul (Plegarias nocturnasVolver al oscuro valle), que cada vez es más una especie de alter ego mío, o mi representante en el mundo de la ficción.

“¿Quién nos iba a decir, en los años ochenta, que uno podría ser ametrallado en plena calle, tomando un café en una terraza de París o Bruselas o Berlín?”

Ha vivido muchos años en Francia, en España, en Europa. ¿Cuál es su apreciación de la tormenta de políticos corruptos y xenófobos por la que pasa Europa?

La política europea, como la de otras regiones, también está sujeta a la ley del péndulo. Las cosas van y vienen. No olvidemos que el mismo país que eligió dos veces a Barak Obama, ahora eligió a Trump. Como si tuviera necesidad de envilecerse un poco para seguir adelante. Lo mismo pasa en Europa. Después de una época de grandes estadistas, ahora viene un cierto periodo de tránsito por la mediocridad. Pero es que Europa entera está viviendo una  época muy difícil. Sus principios morales están siendo puestos en duda por la crisis de los refugiados de la guerra en Medio Oriente y la de los balseros africanos, que han convertido al Mediterráneo en un cementerio. La economía de los países del sur aún se tambalea y empieza a haber diferencia entre europeos del norte y del sur. Son los primos pobres. Y la crisis de la seguridad, con el terrorismo. ¿Quién nos iba a decir, en los años ochenta, que uno podría ser ametrallado en plena calle, tomando un café en una terraza de París o Bruselas o Berlín? Y además, agarrada en tenaza por Estados Unidos y Rusia al mismo tiempo. Es urgente para Europa reinventarse, echar mano de su prodigiosa cultura y capacidad de innovar.

 Hablando de innovar, ¿qué está escribiendo ahora?

Algo alegre, una especie de novela negra jocosa, si es que esto es posible.

¿Qué está leyendo?

En este preciso instante una novela de Rubem Fonseca: Bufo & Spallanzani.

¿Cuál es el autor que lo ha marcado?

Graham Greene. Lo leo hace treinta años y todavía me cambia el modo de ser y de escribir. Me gustan sus personajes, esos que se llaman por los apellidos y entran a un bar a las once de la mañana a tomarse un buen trago.

Recomiende un libro y diga por qué hay que leerlo. 

Una novela de la escritora francesa Virginie Despentes: Vernon Subutex. Son tres tomos y es un retrato descarnado y entrañable de la Francia de hoy.

(*) Vivian Murcia, director de El PortalVoz / @vivimur83

 

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