Emergencia migratoria

  • Crisis en Latinoamérica, EU y Europa
  • ONU debería expedir un nuevo estatuto

Las presiones migratorias parecen estar a la orden del día en todo el planeta. Por lo menos así se desprende de lo que está ocurriendo en distintas zonas del globo por los movimientos recurrentes de masas poblacionales.

En Latinoamérica, por ejemplo, la diáspora de millones de venezolanos en los últimos dos años afecta a no pocas naciones del continente, empezando por Colombia. El éxodo obligado por la crisis política, económica, social e institucional generada por el régimen chavista no se detiene y los cálculos más cautelosos hablan ya de, por lo menos, cuatro o cinco millones de venezolanos que han abandonado esa nación en busca de alimentos, medicinas, trabajo o simplemente huyendo de la inseguridad desbordada a nivel rural y urbano, la quiebra económica así como la violenta represión oficial a todo contradictor.

Tanto Naciones Unidas como la OEA así como distintos gobiernos de la región están adelantando planes de choque para atender a esos centenares de miles de venezolanos que se han dispersado por todo el continente. Lo más grave es que el fenómeno migratorio no parece que vaya a detenerse porque el régimen Maduro cada vez se atornilla aún más al poder, acudiendo a todos los mecanismos legales e ilegales que tiene a la mano.

Pero, como reza el refrán, si por aquí llueve… En la Unión Europea, por ejemplo, hay un pulso geopolítico de gran espectro entre varias de las principales potencias en torno a cuál debe ser la estrategia comunitaria frente a las oleadas migratorias de africanos, asiáticos y árabes.

El choque de criterios entre los gobiernos de Italia, Alemania, España, Francia, Grecia, Austria, Turquía y otros es de tal magnitud que, incluso, ayer se abría espacio la posibilidad de crear una especie de "plataformas regionales de desembarco" en altamar, en donde se prestaría auxilio a los inmigrantes ilegales que sean rescatados o interceptados con destino al viejo continente. En estas “plataformas” se distinguiría entre “migrantes económicos" y los que buscan "protección internacional", que tienen tratamientos diferenciales.

Es claro, por el momento, que los 28 gobiernos no han podido lograr acuerdo sobre esa nueva política migratoria, más aún porque se tienen distintas acepciones sobre las políticas a implementar, todas marcadas ampliamente por sus situaciones internas.

En la otra orilla del Atlántico se vive una crisis no menos álgida por cuenta de las políticas migratorias que está implementando el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump. Dicha estrategia quedó en la última semana en el ojo del huracán por cuenta de las denuncias sobre los dramas por la separación de miles de niños inmigrantes del resto de sus familias en la frontera con México.

La Casa Blanca no sólo ha tenido que enfrentar las críticas de la oposición Demócrata, sino incluso conatos de rebelión dentro de su propio partido, el Republicano. La ONU y varios gobiernos latinoamericanos también han alertado sobre la gravedad de la situación, sin que hasta el momento se pueda avizorar una flexibilización por parte de la administración Trump.

"Yo no quiero niños siendo retirados de sus padres. Pero cuando buscamos procesar a los padres por venir aquí ilegalmente, algo que se debe hacer, hay que separar a los niños". Esas son las palabras del presidente Trump que para algunos son muy duras e insensibles, pero para otros realistas y definitivas para frenar de una vez por todas la crisis migratoria.

Para algunos analistas geopolíticos lo que se está evidenciando en estas tres situaciones que se presentan en diferentes zonas del mundo es que falta un nuevo acuerdo de derecho público internacional para regular las oleadas migratorias coyunturales, ya sean motivadas por razones políticas, económicas, bélicas, sociales o por tragedias naturales o fenómenos climáticos extremos y sobrevinientes. Mientras ese estatuto no exista, es claro que seguirán primando las ópticas nacionales en el tratamiento de las diásporas poblacionales. Aunque el principio de la soberanía de las naciones sobre su el territorio es fundamental y nadie propone debilitarlo, también lo es el principio de solidaridad y humanidad con quienes están en peligro inminente y prevenible. Es allí en donde Naciones Unidas tiene que crear un escenario amplio de discusión que lleve a que se formule un nuevo protocolo sobre lo que le está permitido y no a cada país frente a oleadas migratorias. De lo contrario, los dramas humanitarios de los desplazados trasnacionales seguirán a la orden del día.