La pensión para los muertos | El Nuevo Siglo
Miércoles, 7 de Junio de 2017

Una de las historias más humanas y reales de Gabriel García Márquez, publicada en 1961, “El Coronel no tiene quien le escriba” cuenta la frustración de miles de colombianos que durante toda la vida trabajaron con la ilusión de tener una vejez amable y merecida gracias a la pensión de jubilación, fruto de su dedicación y sacrificio por el servicio público. El final del relato es dramático y ese relato es en la vida  real una infamia.

El tiempo que debe laborar el empleado público y, también el trabajador privado, para tener derecho a ese beneficio,  ha venido incrementándose con el paso del tiempo, de manera que en la actualidad esa prestación suele ganarse cuando quien la recibe esta alistando maletas para salir del planeta.

Este comentario tiene un testimonio cierto que lo respalda, el de un funcionario que habiendo adquirido el derecho a los cincuenta años, decidió no reclamarlo , por librarse de la humillante gestión, de manera que dejando transcurrir 20 años en ultimas resolvió intentarlo y han pasado ya cinco y la UGPP se ha burlado de sus reclamos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), conocida como “club de los países ricos”,  entidad a la cual Colombia desde 2013 viene intrigando para que la admitan, le ha formulado un requerimiento: promover la igualdad en la edad de pensiones entre hombres y mujeres; incrementar rápidamente a mediano plazo, la edad de jubilación.”

Por supuesto que el señor Cárdenas Santamaría, el alcabalero, dilapidador del patrimonio de la nación, respalda la sugerencia, razón que indica que nada de raro tendría que al final de este “gobierno de la paz” el derecho a la pensión solo se adquiera a la edad de sesenta y cinco años, es decir, cuando sus beneficiarios no tengan otra alternativa distinta  a la del coronel:

 “Es un gallo que no puede perder.

 -Pero suponte que pierda.-

Todavía faltan cuarenta y cinco días para empezar a pensar en eso -dijo el coronel-.

La mujer se desesperó. “Y mientras tanto qué comemos”, preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía. -Dime, qué comemos-.

El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder: “Mierda”

La existencia del ser humano en este mundo de hambre  física y espiritual no tiene otra alternativa que sucumbir ante las necesidades básicas insatisfechas; grave error comete la ciencia médica al insistir en prolongar la vida de los pobres, entre otras razones porque a partir de los cuarenta años de edad en el mercado laboral ya no hay empleo para nadie. Cuando a esa etapa de la vida se llega hay que empezar a sufrir la incertidumbre de la economía doméstica. Gracias por la recomendación señores OCDE.