Voto creyente

Nunca antes en la historia republicana colombiana la fe ha tenido tanta importancia e influencia en la elección presidencial como en esta. El voto creyente se ha convertido en decisorio para elegir al próximo presidente de la República.

Este tema que pareciera no interesarle a los candidatos ha tomado mucho auge a raíz de la secularización de la sociedad, de las nuevas tendencias que afectan a la vida, a la familia, a las religiones y por supuesto a los valores y principios de una tradición que ha sido la responsable de la formación de muchas generaciones.

El surgimiento de movimientos como el de ideología de género, los proabortistas, pro eutanasia, matrimonio de parejas del mismo sexo, adopción de niños por estas parejas, movimientos antirreligiosos, otros satánicos, como nuevas tendencias sobre creencias sincréticas y en fin un numero de grupos con ideas extrañas lejanas de las tradiciones, está amenazando a los niños y jóvenes quienes se están formando sin Dios ni credo.

Pareciera que las redes sociales, el internet, la virtualidad y la digitalización del pensamiento fueran el “gran maestro” de la juventud actual, sumado a esto muchos profesores de primaria, bachillerato y algunos universitarios de tendencia de izquierda afines a esas ideas. Lo anterior ha hecho reaccionar a la inmensa población de fe que conserva sus posiciones religiosas, sus tradiciones y valores, conformando movimientos y grupos en defensa de la vida y la familia.

Colombia Creyente es el resultado de diferentes tendencias homogéneas en estos temas, aunque con disciplinas diferentes. Este grupo ecuménico nacido recientemente como apoyo a la candidatura de Iván Duque y Martha Lucía Ramírez, conformado por personas y grupos de fe católica, cristiana evangélica, judíos y otras confesiones monoteístas, con organizaciones fuertes e influyentes, le brindan el respaldo irrestricto a estos candidatos por considerarlos comprometidos con los valores y principios que se defienden. Más aun cuando la contienda electoral se centra entre dos candidatos bajo ideas y posiciones muy diferentes: Duque y Martha Lucía defensores de la fe, la libertad religiosa, contrarios al aborto, a la ideología de género y sus consecuencias; y Gustavo Petro y Ángela María Robledo librepensadores, quienes apoyan aquellos grupos activistas que promueven estos antivalores, además convencidos que las religiones son inconvenientes al libre desarrollo de la personalidad, sumado a lo anterior promueven el socialismo populista y el estatismo que comprobadamente ha demostrado ser un fracaso político, económico y social.

Por estas razones el voto creyente influyó mucho en la primera vuelta electoral, y será decisivo en la segunda, pues esta inmensa masa electoral consciente de un país mejor, se mueve bajo la premisa de la fe sin necesidad de los intereses políticos de las maquinarias electorales. Ellos por conciencia y compromiso acuden decididamente a las urnas y así esperamos que para el próximo 17 de junio, que su participación sea contundente y abrasadora a un triunfo de la fe sobre el secularismo.

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