Precampaña agrava crisis de gobierno

Foto archivo El Nuevo Siglo

En medio de la crisis de imagen que arrastran tanto el presidente Santos como su gobierno, son múltiples los análisis que se hacen respecto a cuáles son las causas de semejante debacle.

Las respuestas van desde las razones más obvias a otras de  mayor complejidad y no tan evidentes. Entre las primeras se mencionan el aumento de la polarización política entre el uribismo y el santismo. Se agrega, por igual, la marcada división entre partidarios y contradictores del acuerdo de paz. También se menciona la difícil situación económica agravada por el impacto de la reforma tributaria, la lenta recuperación de los precios del petróleo, el aumento del desempleo, la escalada inflacionaria, la inestabilidad cambiaria y los indicadores negativos en industria, comercio y consumo. A todo lo anterior se suma una tendencia marcada de pesimismo en la opinión pública, traducida en un porcentaje mayoritario de colombianos que considera que el país no va por buen camino. Y, como colofón, hay un alto  sentimiento de indignación ciudadana por cuenta de múltiples escándalos de corrupción al más alto nivel de los últimos gobiernos…

Pero a esta radiografía sobre las causas más evidentes de la rajada del presidente Juan Manuel Santos en las encuestas, con porcentajes de desaprobación que ya se acercan al 80 por ciento, deben sumarse otras motivaciones más complejas y menos perceptibles a primera mano.

Por ejemplo, la estrategia comunicacional del Gobierno sobre los logros de su gestión en distintos campos continúa siendo muy deficiente. No es gratuito que sectores en donde  se han invertido billonarios recursos y los resultados de las políticas son tangibles y positivos, reciban una calificación negativa en las encuestas y sondeos de opinión.

 

¿Funcionarios-candidatos?

Pero hay otra razón de mayor peso en la crisis que atraviesa el Ejecutivo: el factor de inestabilidad que la tempranera campaña presidencial introdujo dentro de la estructura y estabilidad gubernamentales.

No pocos analistas coinciden en que más de un ministro y alto funcionario, y por ende las entidades y funciones a su cargo, se muestran evidentemente distraídos en el cumplimiento de sus metas, ya que sus titulares dedican parte de su tiempo al dilema de seguir en el cargo o a sopesar el terreno para decidir si se lanzan o no a las actividades proselitistas.

Paradójicamente, desde finales del año pasado distintos sectores políticos, económicos, sociales e institucionales, habían advertido a la Casa de Nariño que era urgente definir quiénes se iban a quedar en el Gobierno y quiénes darían un paso al costado para lanzarse al Congreso o a la Presidencia. Se dijo, entonces, que el propio Santos había tratado el tema con el gabinete y otros altos funcionarios, recalcándoles que necesitaba la mayor concentración posible en el cumplimiento de las metas, la implementación del acuerdo de paz y la superación de varias problemáticas coyunturales y estructurales. Por eso les habría pedido a quienes tuvieran expectativas electorales que dieran un paso al costado lo más rápido posible.

Es más, el procurador Fernando Carrillo también dio un campanazo al respecto llamando a los ministros y otros altos cargos para que definieran rápidamente su futuro político y se evitara la a todas luces nociva situación de tener en cargos oficiales a candidatos en ciernes.

“No basta con cumplir el régimen de inhabilidades para aspirar a ocupar cargos de elección popular, definidos por la Constitución, las leyes y la jurisprudencia, sino que se les exige en el Estado Social de Derecho, integridad y pulcritud máximas para prevenir todo tipo de distorsiones que confundan a los ciudadanos o que puedan afectar la función pública”, advirtió el jefe del Ministerio Público.

 

No caló el ejemplo

Sin embargo corriendo ya la segunda quincena del cuarto mes de 2017, es evidente que pocos atendieron ese campanazo. Salvo el Vicepresidente Germán Vargas Lleras y el ministro de Justicia Jorge Eduardo Londoño, que renunciaron a sus cargos y dejaron al presidente Santos con margen de acción para reemplazarlos y enfatizar la línea funcional tanto de la Vicepresidencia como de la cartera judicial, el resto de los eventuales precandidatos o candidatos continúa en sus despachos, pese incluso a que son mencionados en casi todas las encuestas de los últimos meses.

Tal es el caso de varios ministros de los que semana tras semana se afirma que ya tienen lista su carta de renuncia y tomada la decisión de salir a hacer política de manera pública. Sin embargo pasan los días, las semanas y las dimisiones no se concretan.

Además de la natural incertidumbre política, esta situación ha generado un creciente e innegable factor de inestabilidad gubernamental. En varios despachos ministeriales y de otras entidades hay una sensación de interinidad administrativa y  poco se confía en planes a mediano y largo plazos, ya que no se sabe si sus actuales titulares van a continuar en el cargo.

En esta situación se encuentran ministros como los del Interior, Juan Fernando Cristo; de Trabajo, Clara López;  de Agricultura, Aurelio Iragorri; o el mismo embajador de Colombia en Estados Unidos, Juan Carlos Pinzón. En los círculos políticos y partidistas se asegura que casi todos ellos tienen la mira puesta en las presidenciales de 2018 pero que como todavía no están seguros de lanzarse, se aferran a sus cargos hasta el último momento, así ello implique esperar hasta la tercera semana de mayo, cuando empiezan a correr las inhabilidades.

De otros altos funcionarios también se ha mencionado sus posibles inquietudes electorales, como es el caso del ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, o del director de Planeación Nacional, Simón Gaviria. Sin embargo, en los corrillos políticos se afirma que el zar de las finanzas ya descartó cualquier posible candidatura y seguirá en su cargo, en tanto que el hijo del expresidente Gaviria sí dimitiría pero en el segundo semestre para ir a estudiar a Harvard.

Hay casos muy complicados como el de Cristo, a quien en pleno trámite de uno de los proyectos clave de la implementación del acuerdo de paz con las Farc, un grupo de congresistas liberales le pidió renunciar y abocar una precandidatura.

De otro lado, ayer la noticia fue que a la ministra López la expulsaron o ella renunció al Polo, tras lo cual se generaron múltiples hipótesis sobre su inmediato futuro político, hablando de una eventual opción presidencial o vicepresidencial que la llevaría a renunciar en pocos días.

 

Recomponer el ritmo

Visto todo lo anterior, sería ingenuo negar que ese dilema sobre el futuro inmediato de varios ministros y altos funcionarios está afectando el ritmo, credibilidad y funcionalidad del gobierno Santos, cuyos niveles de aprobación ya de por sí son muy críticos.

En el mismo Congreso hay parlamentarios que advierten que esta situación es un lastre para el trámite dela agenda legislativa y que es urgente la recomposición de la nómina ministerial, no sólo para que salgan quienes tienen aspiraciones presidenciales, sino otros titulares ya muy desgastados o de bajos resultados.

¿Qué debería hacer el Presidente?  Para algunos analistas Santos es consciente de las dificultades que la tempranera campaña presidencial le está causando a la gestión y calificación pública sobre el Gobierno, pero que es tal la debilidad política del Ejecutivo en estos momentos, que prefiere mantener a esos ministros antes que forzarlos a dar un paso al costado.

Sin embargo lo que es claro es que el margen de gobernabilidad de la Casa de Nariño es cada día más estrecho. Faltan aún 16 meses para que deje el poder, un lapso muy largo para sobreaguar, sobre todo teniendo niveles de desaprobación tan altos.