PROTECCIONISMO DEL SIGLO XXI
Consecuencias económicas de Trump, conferencias en NY

Foto archivo Agence France Press

Ir a EE.UU. en estos tiempos, tiene un interés especial, para tomar el pulso a lo que sucede en el primer país del mundo por su riqueza y renta  (con China pisándole los talones), en el comienzo del mandato de Donald Trump. En el sentido apuntado, querría dar cuenta a los lectores de La Razón, del viaje que hice a Nueva York, entre el 7 y el 12 de febrero, durante el cual tuve ocasión de pronunciar tres conferencias, invitado por otras tantas entidades.

 

La primera fue en la US/Spain Chamber of Commerce, donde presenté el tema “La Unión Europea y su futuro, en tiempos de turbulencias”; pudiendo comprobar el enorme interés que hay en los medios económicos USA por el futuro de la Unión Europea, en los tiempos de Brexit, siendo mi punto de vista, con base en hechos y tendencias que por el momento no cabe apreciar efectos negativos a causa de la proyectada separación. Con la previsión de que habrá un acuerdo UK/UE para “business as usual”. Quedando claro que con el Brexit –como han puesto de relieve el nuevo Presidente del Parlamento Europeo, Tajani, y el Presidente de Francia, Hollande—, España pasará a situarse en el grupo selecto de los cuatro grandes de la Unión.

 

Mi segunda intervención, en un acto conjunto del Instituto Cervantes y el IE Business School of New York, versó sobre los avatares del cambio climático, preguntándonos si será posible que EE.UU. se retire del Acuerdo del Clima de París de 2015. La conclusión –alcanzada en un coloquio con Juan Verde, Ignacio Olmo y Francisco Chabrán— es que será difícil para EE.UU. salirse de un convenio tan difícilmente logrado, por mucho que Trump reanude los proyectos de grandes oleoductos, y que el Secretario de Estado Rex Tillerson sea el antiguo Presidente de Exxon; y que en la EPA se haya puesto al frente a Scott Pruitt, fiscal general de Oklahoma y defensor a tope de los intereses del carbón y los hidrocarburos. Al final, prevalecerá el efecto Bill Gates (las energías renovables son cada vez más competitivas), y pesarán los informes científicos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC): no hay Plan B, que dijo el propio Obama.

 

Finalmente, tuve un encuentro con la Asociación de Estudiantes de la Universidad de Columbia, sobre las políticas de Trump que están conmoviendo al mundo, con su rechazo de la globalización y de los tratados de libre comercio, que podrían llevar al mundo a una nueva situación recesiva, según el FMI en su asamblea anual de septiembre de 2016: “Las perspectivas económicas globales están cada vez más amenazadas por las políticas aislacionistas, como el proteccionismo, y el estancamiento de las reformas”.

 

Un proteccionismo al que se suma la amenaza de los avances populistas, convertidos en un grave riesgo para el crecimiento global; según los Ministros de Economía del G-20, reunidos en Washington el 7.X.2016. Sesión en la que Lou Jiwei, el ministro de Economía de China, que ocupaba la presidencia rotatoria, consideró preocupante “la actual tendencia de profundo populismo antiglobalización”.

 

Hecha la referencia a los tres encuentros citados y a las opiniones del FMI y del G-20, puedo sintetizar que según la opinión de los ámbitos académicos, el proteccionismo no tiene sentido. Como igualmente han manifestado las grandes empresas exponenciales, del tipo de Amazon, Microsoft, Facebook, Apple, etc., que son las líderes de la tecnología planetaria, en un mundo abierto al comercio sin trabas. Y también la Sra. Janet Yellen, Presidente de la Federal Reserve System, ha enviado un mensaje al propio Trump: desmontar el TLCAN, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de EE.UU. con Canadá y México, no puede aceptarse. Sería un auténtico cataclismo que se confirmaran las actitudes antimexicanas del nuevo Presidente.

 

Contra la política contractiva del comercio internacional se movilizan también importantes instituciones del país, empezando por el Congreso, donde los representantes y senadores del Partido Republicano, el de Trump, pueden mostrar división de opiniones. Y en la misma dirección está la Justicia, dispuesta a parar los pies al Presidente, en lo que concierne al veto a la inmigración. Un tema en el que Trump habrá de recurrir hasta llegar al Tribunal Supremo, que no es una instancia a la cual pueda dar por suya “en propiedad”: incluso el recién nombrado Juez Gorsuch, que en principio le es favorable, ya ha tenido que defender su independencia de la Casa Blanca.

 

Adicionalmente están, muy activas, las administraciones de los cincuenta Estados, con enorme poder en muchas cuestiones. Como lo tiene también el conjunto la sociedad civil, que no va a dejarse ni seducir, ni verse sometida a las órdenes ejecutivas emanadas de la Casa Blanca; en lo que es un chorro continuo de decisiones imposibles de ejecutar por sus contradicciones con el status legal, y por sus posibles efectos negativos en lo económico y social.

 

No se pretende decir que el efecto Trump no vaya a tener cualquier clase de consecuencias perniciosas. Las puede tener, y muchas, pero será difícil que el Presidente consiga traducir en cambios contundentes todo su programa. En tantos aspectos negativo para el interés general de los 7.500 millones de viajeros del Navío Espacial Tierra.