SEÑALA ONG
En el índice mundial de corrupción se raja Colombia

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En lugar de mejorar, Colombia empeoró en el Índice de Percepción de Corrupción a nivel mundial 2017, que publicó ayer Transparencia Internacional. Con un puntaje de 37 sobre 100, nuestro país ocupó durante el año pasado el puesto 96 entre 180 naciones y bajó seis lugares frente a 2016, aunque conservó el puntaje de ese año.

Transparencia por Colombia señala los resultados de su Índice de Percepción de la Corrupción en el mundo que publica cada año. Colombia mantiene desde hace cuatro años una calificación de 37 sobre 100 puntos; esto indica que no ha cambiado la imagen que grupos de expertos tienen sobre el sector público colombiano en cuanto a corrupción. El país cayó seis puntos desde la última medición pasando del puesto 90 al 96 entre 180 países”.

Agrega que Colombia tiene la misma calificación que Brasil, Panamá y Perú. Y se ubica por encima de países como Salvador, Bolivia, Ecuador y México. En Latinoamérica se destacan Uruguay y Chile con 70 y 67 puntos respectivamente, mientras que las peores calificaciones corresponden a Venezuela y Haití con 18 y 22 puntos. Preocupa especialmente el caso de Venezuela, el peor calificado de la región, pues se ubica en el puesto 169 entre 180 países.

“Las apuestas políticas y los diseños institucionales anticorrupción, que se han planteado en las últimas décadas, se han quedado cortos frente a la gravedad de este abuso del poder. La corrupción en Colombia comparte medios y fines con el crimen organizado y las economías ilegales; por lo tanto las acciones deben estar llenas de decisión, arrojo y valor”, afirmó Andrés Hernández, Director de Transparencia por Colombia.

Por ello, esta ONG en Colombia dijo que el próximo gobierno debe dar el paso  a las reformas importantes y decisivas que requiere el país: transformar el Sistema Político y el ejercicio del poder; recuperar la legitimidad de la justicia y lograr sanciones efectivas; fortalecer los mecanismos de regulación y control de la Rama Ejecutiva; romper con el clientelismo en el empleo público y la contratación.