ATANDO CABOS
El avispero de Siria y Turquía

Foto AFP
Un acuerdo de paro temporal de hostilidades puede ser útil para definir escenarios de mínima convivencia en la región y detener de alguna forma la matanza de inocentes

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Fuerzas militares turcas han atacado en estos días de mediados de febrero, posiciones sirias en las cuales se encontraban rebeldes kurdos.  Las informaciones iniciales son confusas en cuanto al número de bajas –Winston Churchill acostumbraba decir que en una guerra la primera víctima era la verdad-.  No obstante, se habla que hay entre 180 y 350 muertos, unos 50 de ellos, niños.  De manera que las bajas no sólo son de combatientes sino también un importante número de civiles.

Este ataque es un elemento significativo de escalonamiento de las acciones militares que han tenido como centro a Siria y a Iraq.  Para comprender todo esto, se requiere cierto análisis. Veamos.  Uno de los actores clave es el gobierno sirio de Bashar Al-Asad (1965 -) quien enfrenta un auténtico levantamiento civil desde marzo de 2011, es decir hace ya casi 7 años.  Se han contabilizado al menos unos 230,000 muertos, de los cuales se estima que 70,000 son civiles incluyendo unos 12,000 niños. 

Los problemas alrededor de este conflicto conforman un auténtico avispero.  Al menos hay ocho diferentes grupos luchando en Siria, se trata de una auténtica guerra de posiciones, la cual se desarrolla en un escenario en donde el ejército sirio no tiene una posición hegemónica clara y contundente.  Además se ubica en el polvorín de Medio Oriente en donde el problema palestino-judío deja un reguero histórico de sangre, en donde priman más los intereses de las grandes potencias que la escaza gobernabilidad que puede brindar la Organización de Naciones Unidas.

Es de notar cómo en esta situación, de manera similar a como ocurre con otros conflictos regionales, son relativamente pequeños países los que se enfrentan, pero los mismos cuentan con los respaldos de otras potencias.  Muchas veces estas últimas no arriesgan a hombres en terreno, salvo que esto sea el extremo requerido.  De esto último, por ejemplo, dan cuenta las operaciones de Estados Unidos en Vietnam (1965-1973) o bien en Afganistán (iniciadas en 2001) o Iraq (2003 -). 

Esta conformación de bloques se hace particularmente evidente en el caso de Siria.  Las milicias kurdas han jugado un papel muy importante en el derrota de ISIS en Iraq y luchan contra el gobierno de Al-Asad en Siria.  Tienen el respaldo de Estados Unidos.  Pero no es de olvidar la historia que hay detrás, y por qué, desde los intereses turcos, esas milicias son combatidas desde el país de la antigua Anatolia.

Es relacionado con esto último que conviene tener presente que el pueblo kurdo, en función de su identidad cultural, se quedó sin territorio propio y ocupa un área que ahora quedó compartida entre Irán, Iraq, Turquía –especialmente- Siria, Azerbaijan y Armenia; siendo esto dos últimos países, integrantes de lo que anteriormente fue la Unión Soviética.  De manera análoga a lo que ocurrió con los judíos y actualmente con los palestinos, se trata de un pueblo que lucha por reconocimiento y territorio.

Fue a partir del Tratado de Sevres, de 1920, que se fijaron límites para delimitar el Kurdistán, pero esto no se llevó a la práctica.  De nuevo la analogía, algo así como los tratados de Oslo y de Washington, estos últimos firmados en la capital estadounidense el 20 de agosto de 1993, que creaba el Estado Palestino a partir de 2000.  Como se sabe, el firmante Isaac Ravin, siendo Primer Ministro de Israel, fue asesinado por un judío extremo, la  noche del 4 de noviembre de 1995.

En todo caso, la situación del pueblo kurdo es la de luchar por un reconocimiento, quizá una autonomía, especialmente en el territorio turco. Es a raíz de esos vientos que se formaron tempestades y producto de las mismas, los lodazales que ahora son parte de los factores que ensangrientan Siria desde 2011.  Aumentando con ello las ventas de armas, por cierto de Estados Unidos y países europeos.

Apoyos externos

El problema se percibe más claramente al reconocer que Estados Unidos ha apoyado a las milicias kurdas, mismas que tienen un abierto enfrentamiento con Turquía.  Esto hace que el nudo se complique, dado que Washington apoya también a Turquía.  Es de tener presente que junto con Israel, los turcos son quienes reciben más apoyo financiero por parte de Washington.  En esto priman los intereses de mantener un escenario de estabilidad en la región.

Desde luego que esos intereses de estabilidad se relacionan con elementos económicos.  La zona tiene una importantísima y estratégica reserva mundial de petróleo.  En ello también operan otros actores tales como Arabia Saudita, Irán, Israel, Jordania, Kuwait, Yemen y Países Árabes Unidos.  De tal suerte que Estados Unidos no puede abandonar Turquía, pero también se ve obligado a apoyar a los kurdos en su lucha contra el régimen sirio.

Por otra parte surge el actor ruso. Vladimir Putin (1952 -) da muestras por demás claras de estar aprovechando el vacío internacional y más en particular en esa región, que deja Estados Unidos.  Washington maneja sus posiciones de manera rápida, intempestiva, pero a la vez de forma contradictoria y errática. Esto resta coherencia a la política internacional, lo que es aprovechado por Putin.  Una prueba de ello fue la conferencia regional que sobre el problema de Iraq y Siria se tuvo convocada por Moscú, con los principales actores regionales, excluyendo a Estados Unidos.

Moscú prevalece con los intereses estratégicos en Irán, se une a occidente en la lucha contra Isis en Iraq, pero defiende al régimen de Al-Asad en Siria.  En esto las posiciones con Washington son de avance, estabilidad y retrocesos.  De allí que el bombardeo turco contra las milicias kurdas se presenta con un componente que demanda definiciones en el corto plazo, respecto al conflicto regional.

También es de considerar las posiciones turcas y estadounidenses en la OTAN. Allí los intereses y la dinámica de los acuerdos se muestran convergentes entre esos dos actores.  También estarían en la misma línea las acciones de Turquía y de Washington por quitar del poder a Al-Asad, pero de nuevo véase que Moscú respalda a este mandatario y no se tiene a la vista, el reconocimiento y acatamiento de una tregua en la sangrienta tragedia que vive Siria.

Es evidente que las soluciones deben corresponder a un tratado general de paz y convivencia regional.  Pero Siria, con todas las ventajas y desventajas que eso pueda representar, constituye un pasaje estratégico asentado en Medio Oriente, entre África y Asia, una zona relacionada con importantes fuentes energéticas y con una condicionante de fondo que es el problema palestino-judío.  Los procesos demuestran una dinámica notable.  Al menos un acuerdo de paro temporal de hostilidades puede ser útil para definir escenarios de mínima convivencia en la región y detener de alguna forma el sufrimiento y la matanza de inocentes.

*Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard.  Profesor, Facultad de Administración de la Universidad del Rosario. El contenido de este artículo es de entera responsabilidad del autor por lo que no compromete a entidad o institución alguna.