RÉPLICAS GUBERNAMENTALES
El acuerdo de paz y el respeto por la democracia

Foto AFP
El Gobierno obró y condujo la negociación con las fuerzas políticas y sociales para asegurar que los esfuerzos para poner fin al conflicto no se frustraran.
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En días recientes algunos columnistas han vuelto a esgrimir la especie de que el Gobierno Nacional desconoció abiertamente los resultados del plebiscito sobre el Acuerdo de paz e incluso alguno atribuyó el que no se hubiera alcanzado un gran Acuerdo Nacional por la paz después del plebiscito de octubre de 2016 a una combinación de soberbia y de apuros del Gobierno por el afán de resolver el tema antes de que el presidente Santos recibiera el Premio Nobel de Paz en Diciembre de ese mismo año.

Nada más contrario a la realidad. Respetando la libertad de interpretar los hechos que tienen todos los actores políticos, creo importante, así sea para la historia, dejar constancia de la forma como el Gobierno obró y condujo la negociación con las fuerzas políticas y sociales y luego la renegociación del nuevo Acuerdo de Paz con las Farc para asegurar que los esfuerzos para poner fin al conflicto no se frustraran.

La misma noche en que se conoció el resultado del plebiscito, el presidente Santos, con humildad, realismo y respeto por la voz de los ciudadanos expresada en las urnas, convocó a los principales voceros del “Sí” y del “No” a un ejercicio de diálogo para identificar propuestas concretas que mejoraran el Acuerdo y que pudieran servir como bitácora para renegociarlo con los voceros de las Farc. Por más de un mes, y de forma ininterrumpida,  se sostuvieron alrededor de 60 reuniones, por cerca de cien horas, de las que resultaron más de 500 propuestas que fueron organizadas en 57 ejes temáticos.

Posteriormente los voceros del Gobierno negociaron durante más de 15 días y noches en La Habana con los delegados de las Farc, discutieron todas las propuestas y las defendieron con lealtad y fidelidad a lo expresado por los diferentes sectores, mantuvieron informados a los principales voceros del “Sí” y del “No” sobre los avances y dificultades de este ejercicio, y acordaron con las Farc ajustes y precisiones en 56 de los 57 ejes temáticos. Sólo en uno de ellos, el de la elegibilidad política, no se logró acordar ninguna modificación.

Se trabajó con intensidad, liderazgo y prontitud como correspondía a la delicada responsabilidad de preservar el orden público y no a supuestos afanes vinculados con el Premio Nobel de la Paz que ya había sido otorgado al presidente Santos. Como lo expresó el Jefe del Estado al anunciar el nuevo Acuerdo: “Era indispensable lograr este acuerdo renovado muy rápido. El cese al fuego es frágil. La incertidumbre genera temores y aumenta los riesgos de echar este inmenso esfuerzo al traste”.

Agrego, para ilustración y consulta de los lectores,  link que permiten acceder a una descripción de los principales ajustes al Acuerdo inicial y a un recuento detallado de todas las propuestas presentadas por los voceros del ‘No’ y de la manera como fueron acogidas en el nuevo Acuerdo Final renegociado con las Farc. Así mismo, dicho link accede a los discursos con los que el presidente Santos y el Jefe del Equipo Negociador del Gobierno dieron cuenta al país con transparencia y buena fe  de lo alcanzado en la renegociación de un nuevo y mejor Acuerdo de Paz.

http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/Prensa/Paginas/2018/Anexos-en-columna-de-Rodrigo-Rivera.aspx

Como salta a la vista, cuando se examina objetivamente y sin pasión política el Acuerdo Final, el proceso de consultas con los voceros del “No” y con quienes lideraron el respaldo al Acuerdo inicial, dio como resultado un mejor acuerdo, que recogió la inmensa mayoría de las propuestas de quienes se opusieron al Acuerdo inicial, sin desvirtuar la columna vertebral del mismo que, en temas sustanciales como el de la Justicia Especial para la Paz y la Participación Política de los excombatientes desarmados y en proceso de reincorporación, constituían la esencia misma de lo pactado entre el Gobierno y las Farc.  

El nuevo Acuerdo Final sería después aprobado con holgada mayoría en el Congreso y declarado ajustado a la Constitución Nacional por la Corte Constitucional, agotando así la plenitud de los instrumentos democráticos necesarios para su implementación.