Catástrofes silenciosas

  • Tragedias que no son casos aislados
  • País debe tomarse un tiempo y reflexionar

 

Las grandes catástrofes se generan, lamentablemente y en no pocas ocasiones, por la sucesión de tragedias que suelen considerarse aisladas pero que, a fuerza de repetirse, terminan convertidas en circunstancias de creciente y extrema gravedad. En medio del agitado acontecer nacional, en donde los hechos relacionados con el desorden público, la corrupción, el accidentado proceso de paz y la maratónica campaña electoral concentran la atención de los medios y la opinión pública, algunas noticias trágicas ponen de presente que hay asuntos de tanto o más importancia que aquellos que copan las primeras planas.

Por ejemplo, ha causado mucho impacto el caso de una joven universitaria bogotana que murió por la combinación fatal de alcohol y éxtasis. La droga, según hipótesis preliminares, le habría sido suministrada en un trago sin su consentimiento. En medio de las múltiples reacciones a esta tragedia, se han conocido estadísticas sobre el alto número de personas que en Colombia se intoxican por esta causa, muchas veces con consecuencias mortales. Los datos del Instituto Nacional de Salud señalan, por ejemplo, que sólo el año pasado casi nueve mil personas resultaron afectadas por ingerir sustancias sicoactivas, siendo la  segunda razón de intoxicaciones en el país, después de la toma anómala de medicamentos. La mayoría de las víctimas son jóvenes.

Tampoco ha sido menor el eco que ha tenido el  accidente que una serie de vehículos de alta gama ocasionaron en la vía Bogotá-Tunja. Más allá de la controversia sobre la responsabilidad en el grave incidente vial, que afortunadamente no dejó víctimas mortales, lo sucedido dio paso a poner en evidencia cómo algunas de las nuevas autopistas y dobles calzadas en todo el país están siendo utilizadas para piques ilegales y desplazamientos de automotores a velocidades temerarias. La cantidad de comparendos por esta causa, igualmente, ha ido en aumento.

De otro lado, esta semana también se dio a conocer un nuevo caso de agresión sexual y asesinato contra una menor de edad en Caquetá. Un hombre de escasos 19 años aceptó haber ultrajado y ultimado a una bebé de 13 meses de nacida. En medio de la indignación nacional y de la petición para que se le aplique la máxima condena, así como del resurgimiento del debate sobre la necesidad de cadena perpetua en Colombia, se conocieron las cifras sobre esta clase de delitos en nuestro país. Sólo el año pasado se denunciaron más de 11 mil casos de violencia contra los menores en el país, registrándose un aumento frente a años anteriores.

De otra parte, un ciclista aficionado murió cuando fue atropellado por una camioneta que se había quedado sin frenos en el sector de La Calera, municipio vecino de Bogotá. Lamentablemente en una ciudad en donde cada vez más personas se movilizan en bicicleta, los niveles de accidentalidad continúan siendo muy altos, como lo prueba el hecho de que en la última década más de medio millar de ciclistas murieron por atropellamiento y 11 mil más resultaron heridos en incidentes de tránsito.

Por otra parte, no hay día en que no se conozcan centenares de casos de robos de teléfonos celulares. Incluso, datos recientes del gremio de las compañías que prestan este servicio de comunicación móvil daban cuenta de que sólo el año pasado fueron hurtados más de 1,3 millones de aparatos y seis millones de ellos fueron bloqueados por reportes de robo y fallas en la homologación, entre otros aspectos. Si bien esta situación no es nueva, impactó esta semana una noticia según la cual más de 840 personas fueron asesinadas en 2017 mientras eran atracadas.

Y así se podría seguir señalando tragedias, irregularidades y casos delictivos que a fuerza de repetirse se han convertido en una verdadera catástrofe silenciosa, con el agravante de que pese a conocerse muchas de sus causas y móviles, no por ello se registra una disminución efectiva en los índices de ocurrencia. Son muchas las circunstancias que juegan en cada caso en particular y serán las autoridades respectivas las encargadas de señalar responsabilidades y culpabilidades, activas y pasivas, en cada hecho. Sin embargo, en medio de la agitada agenda nacional, sería recomendable que todos los colombianos se tomaran un tiempo para analizar cómo y por qué se suceden este tipo de tragedias que, como se dijo al principio, se van convirtiendo poco a poco en catástrofes silenciosas que cobran vidas y causan dolor a muchos.