El dilema ecuatoriano

Difícilmente en la historia reciente ecuatoriana se puede encontrar una cita en las urnas tan determinante como la que tendrá lugar este domingo. No sólo está en juego la elección del nuevo Presidente de la República, sino la posibilidad de un cambio de sistema político, tras 10 años de gobierno del llamado “socialismo del siglo XXI” en cabeza de Rafael Correa.

Las encuestas dan una ventaja de diez puntos porcentuales al candidato del oficialismo, el ex vicepresidente Lenín Moreno, sobre el aspirante opositor y exbanquero Guillermo Lasso, en tanto que dobla a la exdiputada Cynthia Viteri, también contradictora del Ejecutivo. Los pronósticos dan cuenta de que difícilmente alguno de los tres ganará en esta primera vuelta, por lo que todos los escenarios políticos se están planteando hacia abril, cuando se dará el segundo y definitivo pulso electoral.

Desde las toldas gubernamentales se piensa que Moreno sumará sectores del centro del espectro político que si bien han sufrido los rigores de la crisis económica de los últimos años, no consideran que al rumbo del país haya que darle un timonazo hacia la derecha, como ha pasado en otros países latinoamericanos como Brasil o Argentina, en donde la izquierda salió del poder en medio de escándalos y un evidente desgaste del modelo populista. El candidato oficialista ha prometido corregir algunas de las medidas y ejecutorias de su páter político e incluso cifra sus promesas en que la crisis petrolera, principal flanco débil de Correa, ya se está revirtiendo y si bien no se augura una bonanza de divisas como la de años atrás, el fondeo fiscal sí mejoraría sustancialmente. La base de su discurso está basada en que en la última década Ecuador disminuyó en diez puntos los índices de pobreza, modernizó su infraestructura de transporte, incrementó la inversión social directa y duplicó el PIB, entre otros avances que probarían que la izquierda sí sabe gobernar con eficiencia, contrario a lo que pasa, por ejemplo, en Venezuela.

En la oposición las esperanzas están cifradas en que si bien Moreno puede ganar este domingo, luego Lasso y Viteri así como otros aspirantes anticontinuistas pueden concretar una coalición que tendría, en el papel, muchas posibilidades de triunfo en abril. El arsenal argumental contra Correa y compañía es muy amplio, empezando por acusar a su gobierno de haber desperdiciado la bonanza de precios del petróleo de años atrás, por lo que cuando sobrevino la caída de los precios de los hidrocarburos toda la estantería económica se vino al piso y el Gobierno acudió a la salida facilista de aumentar impuestos y barreras arancelarias, en lugar de apretarse el cinturón y disminuir la carga burocrática. Hoy por hoy el desempleo es del 5,2 por ciento, la economía apenas sí creció en 2016 un 1,7 por ciento y la deuda externa aumentó sustancialmente, sobre todo con China.

¿Qué puede pasar? Como se dijo, aunque desde las toldas oficialistas se insiste en que Moreno podría sumar más del 50 por ciento de los votos este domingo y asegurarse de una vez la sucesión de Correa, los analistas replican que es muy improbable ese escenario. La mayor duda está en grandes sectores poblacionales, desde los indígenas y campesinos, hasta habitantes de medianas y pequeñas ciudades que no han exteriorizado por quién se inclinarán a la hora de las urnas. Hay mucha polarización entre quienes defienden un modelo político que le quitó el poder a las clases políticas tradicionales de Ecuador, que en el pasado sumieron al país en los escándalos y la inestabilidad, y los que urgen retornar por los senderos de la democracia de centro y el restablecimiento de un equilibrio de poderes que fue anulado por el saliente Presidente, incluso con medidas restrictivas a los derechos humanos y la libertad de prensa.

Con un cierre de campaña bastante altisonante por el cruce de acusaciones de lado y lado, todo parece listo para que los ecuatorianos tomen este domingo una decisión que marcará el rumbo del país no sólo a corto sino a mediano y largo plazos. Esto porque es seguro que Correa, si asegura la continuidad de su gobierno con Moreno, podría volver a lanzarse en unos años para extender su estela política. Pero si, por el contrario, la oposición vuelve al poder, entonces se trabaría el regreso del “socialismo del siglo XXI”. Un dilema que sólo las urnas dilucidarán, pero que tras lo ocurrido en Brasil y Argentina, en donde la centro derecha desplazó a la izquierda populista, terminará de marcar el rumbo geopolítico del continente.