HACEN AGUA LOS INTENTOS EN LA CENTRO-DERECHA Y LA CENTRO-IZQUIERDA
El laberinto de las coaliciones políticas

Foto archivo
Al final parece imponerse la lógica de que con dos vueltas presidenciales, la primera actúa como filtro y señala el mapa definitivo de las adhesiones a uno y otro candidato para el balotaje definitivo. Por ahora, mientras que la de Duque, Ramírez y Ordóñez se convirtió en un pulso político intenso, en donde nadie cede, en la que plantean De la Calle, Petro, López y Caicedo las diferencias de estrategia son muy amplias. Así está el crítico panorama

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A un poco más de cuatro meses para la primera vuelta presidencial, el escenario de las coaliciones interpartidistas parece cada día más enredado, a tal punto que esta semana ya algunos de los candidatos que han sonado para integrarlas amenazaron con irse en solitario a esa cita en las urnas el 27 de mayo.

De ser así, se confirmaría, entonces, la tesis en torno a que el juego de las coaliciones de que tanto se ha hablado en los últimos meses en Colombia como elemento determinador de la puja por la Casa de Nariño, no sería tal.

Por el contrario, todo hace indicar que pareciera que vamos rumbo a la lógica política y electoral de todo país con primera y segunda vuelta en la puja presidencial, en donde la primera actúa como filtro y seleccionador definitivo, para dar lugar, ahí sí, al ajedrez de las adhesiones y la conformación de los dos grandes bloques políticos, electorales e ideológicos de apoyo a uno u otro aspirante que hayan clasificado para el balotaje definitivo.

En ese marco circunstancial, las alianzas que se dan antes de la primera vuelta, así se cataloguen como “coaliciones”, en realidad son movimientos normales de adhesión tempranera de candidatos con pocas o medianas opciones, a otro con más fuerza o ventaja superlativa en las encuestas.

 

¿Qué está pasando?

 

Al decir de algunos analistas la dificultad para construir las coaliciones se debe a que les cogió la tarde a unos y otros. Y es que si bien es natural que en la construcción de toda alianza los pulsos internos y el ‘fuego amigo’ entre los partidos y candidatos que aspiran a conformarla se intensifique a medida que se acerque la hora de las definiciones, en el caso colombiano el principal problema es el factor tiempo.

Es decir, que los promotores de las coaliciones se demoraron demasiado en definir las reglas del juego y las bases de los acuerdos para las respectivas llaves, y ese elemento llevó a que ahora, a cuatro meses de las urnas, cada aspirante esté tratando de acomodar la decisión a sus propios intereses y coyunturas.

Lo cierto es que la semana que cierra fue especialmente caótica para la coalición que intentan construir Iván Duque, el candidato presidencial uribista, con los aspirantes por firmas Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, a tal punto que, como lo dijo un parlamentario, se están dando “más palo” entre ellos que con sus rivales directos.

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Duque, es claro, se muestra cada día más posicionado de su rol como candidato del Centro Democrático. En menos de un mes, tras su escogencia al final de las encuestas eliminatorias internas, ha subido en las encuestas y considera que a medida que vaya visitando más regiones, siempre al lado del expresidente Uribe, sus números seguirán creciendo.

En ese orden de ideas lo que Duque necesita es, primordialmente, tiempo. De allí que considere que lo más conveniente para él sea una consulta popular interpartidista y abierta el 11 de marzo, ya que tendría a su favor no sólo dos meses más de campaña regional intensa y mayor foco mediático, sino el arrastre electoral del expresidente, que encabeza la lista para repetir Senado, así como de un partido que tiene una maquinaria respaldada hoy en 39 parlamentarios, 60 aspirantes a la cámara alta, un número superior a la baja, 33 diputados y más de 570 concejales.

Para Ramírez el factor tiempo también es clave pero, a diferencia de Duque, lejos de necesitar más para que se concrete el mecanismo de escogencia del candidato de la coalición de centro derecha, lo que requiere es acortarlo lo más posible. De allí que lleve dos semanas no solo urgiendo que se definan ya las reglas del juego -siendo evidente que le gustaría más una encuesta ahora y no esperar a la consulta en marzo-, sino en un claro pulso con la bancada uribista, que el lunes pasado llegó al extremo de proponer que Duque fuera ungido como el candidato presidencial y que entre Ramírez y Ordóñez se definiera el segundo a bordo, es decir la fórmula vicepresidencial.

Para no pocos analistas y estrategas políticos Ramírez,  experimentada dirigente política y excandidata presidencial que en 2014 sumó dos millones de votos en la primera vuelta presidencial, le podría ganar a Duque (muy nuevo en las lides electorales de grandes ligas y con un nivel bajo en materia de reconocimiento por parte de la opinión pública) en una encuesta, un riesgo que los uribistas no están dispuestos a correr.

Ramírez, que rechazó la propuesta de ‘bajarse’ a la candidatura presidencial y optar por la Vicepresidencia, si bien tiene el respaldo del expresidente Andrés Pastrana, sabe que éste no tiene la suficiente fuerza política para forzar o imponerle a Uribe el mecanismo de la encuesta. De allí que, por ahora, su principal ‘arma’ para acelerar la escogencia y evitar la consulta, sea el argumento de que para el 11 de marzo ya la campaña presidencial estará muy avanzada y otras coaliciones y candidatos podrían tener una ventaja difícil de descontar en dos meses y medio.

 

Ordóñez bajo presión

Para el tercero en discordia en el proceso de construcción de la coalición, el exprocurador Ordóñez, el factor del tiempo ya parece que empezó a quedar en un segundo plano. Y es que si bien es partidario de ir a la consulta del 11 de marzo, las movidas del pastranismo por sacarlo de la alianza ya lo llevaron esta semana a advertir que si la situación continuaba así, entonces no tendría inconveniente en irse como candidato independiente a la primera vuelta.

“Si quieren sacarme de taquito de la coalición pues yo me voy y sigo aspirando a la Presidencia. Estaré en el tarjetón. No me interesa la politiquería, me interesa seguir defendiendo mis principios y los de millones de colombianos”, dijo Ordóñez esta semana en radio.

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La molestia de Ordóñez fue mayor esta semana cuando circuló un rumor según el cual los compromisarios designados por Uribe y Pastrana habían decidido que no podría ser candidato quien tuviera investigaciones en curso o hubiera sido sancionado o inhabilitado por alguna causa. Obviamente la primera reacción de muchos sectores y analistas era que se trataba de una movida para sacar al exprocurador del camino, dado que tiene varios procesos pendientes y en 2015 su reelección como jefe del Ministerio Público fue anulada por el Consejo de Estado.

A ello se suma que desde las toldas pastranistas se le apuntó a Ordóñez, acusándolo de estar buscando el apoyo del Partido Conservador pero también pidiendo pista en la alianza Ramírez-Duque.

Si bien es cierto que los compromisarios de la coalición tienen plazo hasta el 20 de enero para definir el mecanismo de escogencia del candidato de la coalición, dos días después deben informar a la Registraduría si van o no a la consulta interpartidista del 11 de marzo. Pero ello será difícil mientras continúen en una especie de ‘torre de Babel’ en la que hay ‘fuego amigo’ día tras día.

¿Qué pasará esta semana? Nadie lo sabe, así como todo el pleito se puede resolver de un momento a otro, si Pastrana y Uribe se ponen al frente, también podría complicarse aún más, y dejar a los tres aspirantes ante la disyuntiva de irse directo a la primera vuelta, con el riesgo que implica que tendrían que enfrentarse no solo a candidatos tan fuertes como Germán Vargas Lleras o Sergio Fajardo, sino que también deberían medir fuerzas con otra coalición que, sin embargo, también está en obra gris y amenaza, incluso, derrumbe.

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La otra coalición

Pero si en la alianza de centro derecha hay problemas de fondo para poder confeccionar la coalición, en la centro-izquierda el panorama no parece ser mejor.

Los intentos de los aspirantes Clara López, Gustavo Petro, Carlos Caicedo y Humberto de la Calle por formar una alianza que les permita competir con mayor oportunidad en mayo para pasar a la segunda vuelta son cada día más difíciles de llevar a buen puerto.

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El ajedrez está así: De la Calle no quiere nada con Petro. Mientras que en las toldas liberales se asegura que su candidato no puede construir una coalición con un dirigente tan polémico y polarizante como el exalcalde de Bogotá, en círculos cercanos a este se afirma que la verdadera razón de esa reticencia es que el exjefe negociador con las Farc teme que el dirigente de izquierda le gane en una consulta interpartidista o una encuesta, pues ese ha sido el común denominador de los últimos meses en todos los sondeos de opinión.

De la Calle, en cambio, sí quiere hacer una alianza con Fajardo, pero este ha dicho ya que se va directo para la primera vuelta y que tiene construida su “Coalición Colombia”, de la que también hacen parte los excandidatos presidenciales Jorge Enrique Robledo, del Polo Democrático, y Claudia López, de la Alianza Verde.

Clara López, por su parte, es la aspirante que se muestra más insistente en la necesidad de la coalición. Pero si bien es cierto que ha hablado con todos los aspirantes y considera que todavía hay margen de acción para concretar la alianza y optar por una consulta interpartidista el 11 de marzo, esta semana también dejó abierta la posibilidad de irse directo a la primera vuelta y jugársela sola en las urnas.

Petro, a su turno, sabe que los liberales no quieren nada con él, aduciendo grandes diferencias políticas e ideológicas, pero considera que podría ser viable una coalición así sea solo con López y Caicedo, que son dos perfiles atractivos en materia política y electoral.

“… Lo que pasa es muy sencillo: bajo la bandera general de la continuidad y defensa del acuerdo de paz, Petro quiere una coalición con De la Calle, Clara, Caicedo e incluso Piedad Córdoba… Pero sobre la base de que él termine siendo el candidato, ya que les gana en las encuestas a todos ellos y apenas si es superado por Fajardo… Pero De la Calle quiere a Fajardo, López, Caicedo y Córdoba, sin Petro… Fajardo no quiere más coaliciones porque aspira a ganar en la primera vuelta o a que antes varios de esos candidatos se adhieran a él, sin necesidad de ‘negociar’ obligatoriamente la fórmula vicepresidencial… Y Clara quiere una coalición amplia que garantice el paso a la segunda vuelta, bajo la tesis de que el otro cupo lo disputarían entre Vargas Lleras y el aspirante de la coalición uribista”, precisó un reconocido estratega político.

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Así como López, De la Calle también considera que si no logra un acuerdo sobre alianzas, entonces se iría también directo a la primera vuelta, lo que significaría, entonces, que esta coalición no se concretaría y la centro-izquierda llegaría al 27 de mayo atomizada en 5 aspiraciones.

 

¿Entonces?

Visto todo lo anterior, es claro que las coaliciones de centro derecha y de centro izquierda no han podido concretarse porque la mayoría de los candidatos ponen primero en juego sus respectivas estrategias e intereses de campaña, antes que la fortaleza misma de la alianza

En otras palabras, que si bien se habla de coaliciones, en realidad lo que se está viendo es un juego de adhesiones en el que cada aspirante, sobre todo los más fuertes o aquellos que tienen detrás maquinarias partidistas fuertes o franjas de votos de opinión, quiere que el resto lo apoyen, sea cual sea el mecanismo de escogencia al que se acuda: consulta, encuesta o consenso.

Por ahora, es claro que la semana que viene será la definitiva para decidir el futuro de las coaliciones. Aunque el plazo para informar a la Registraduría si habrá o no consultas interpartidistas vence el 22 de enero, es evidente que se podría desistir de ir a las urnas y definir otro mecanismo de escogencia como encuestas o alguna fórmula de consenso interno, a concretarse en lo que reste de este mes y parte de febrero.

Ahora, si no hay coaliciones, entonces habría que esperar al mapa político que dejen las elecciones parlamentarias, y a partir de este entrar en la segunda etapa de alianzas, fracasada en parte la primera. Una etapa en donde dos de los grandes partidos que no tienen hoy aspirante propio, como son La U y el conservatismo, sean los que tomen las decisiones clave sobre a cuál aspirante apoyan. Estas adhesiones, por obvias razones, tendrían en ese marco circunstancial una importancia superlativa ya que podrían inclinar la balanza frente a quiénes serían los dos candidatos que pasarían al balotaje definitivo.

Así las cosas, las coaliciones se encuentran en obra gris y algunas ya presentan tantas grietas que bien podrían romperse antes de terminar de construirse.

 

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