El desafío terrorista

*Tres graves atentados en 24 horas
*Crece percepción de inseguridad

 

Se esperaba que con la desmovilización de las Farc y de otros grupos armados retornara paulatinamente la convivencia y el sosiego a Colombia, lo mismo que el imperio de la ley. Así, no siempre los anhelos de la sociedad corresponden a la realidad, puesto que persisten fuerzas disolventes en el país de diversa índole que tienen la capacidad de desafiar a las autoridades policiales en las ciudades, sea por cuenta de grupos armados o de simples delincuentes comunes.  La estructura de violencia que por tanto tiempo carcomió las instituciones y produjo tantos muertos, se mantiene dispersa por diversas regiones no solo selváticas y aisladas, como una amenaza permanente contra el orden.

Lo mismo que en las ciudades la percepción de inseguridad agobia a los habitantes, siendo esta la obsesiva preocupación de la población en todos los estamentos. Estudios de la Cámara de Comercio revelan que más del 52% de la población urbana se siente desamparada. Y los temores de la sociedad se acrecientan cuando se difunden las noticias gordas de tres gravísimos atentados terroristas en el Atlántico y en Bolívar. El primer ataque con explosivos se produjo en el barrio San José en Barranquilla y dejó cinco uniformados muertos y 41 más heridos. El segundo en el municipio de Soledad, dejó seis heridos y enormes estragos materiales. La explosión de un artefacto contra la estación de Policía del municipio de Santa Rosa del Sur en Bolívar fue perpetrado la noche del sábado, a las 11 y 50. Dos agentes murieron y uno quedó herido. Al conocer del primer atentado algunos funcionarios de entes gubernamentales lo asociaron al asalto de un transporte de valores que fue atacado en Barranquilla, en lo que sería una maniobra de distracción. La serie de atentados en serie desvirtuó esa hipótesis. Por la sevicia y potencia de los atentados, destinados a eliminar y herir a numerosos policías, se estima que podrían estar implicados avezados subversivos.

Puesto que el crimen organizado en diversas regiones se lucra de dineros provenientes de toda suerte de delitos, que se siguen cometiendo a los largo y ancho del territorio nacional. Lo mismo que a los violentos se les facilita realizar sus crímenes y depredaciones, dado que cuentan con fondos para sobornar y financiar sus atentados.

Los informes pertinentes de organismos internacionales muestran que en extensas zonas de la geografía nacional no impera la ley, en tanto se mantienen bien armados y amenazantes poderosos grupos delictivos, a veces bajo el disfraz de defender utopías políticas. En otras zonas, las fuerzas disidentes de la subversión en alianza con bandidos en armas, desafían la autoridad y mediante la barbarie de sus procedimientos aterrorizan el medio rural. En esas regiones predominan los cultivos de coca que se han multiplicado en los últimos tiempos.

La ONU y otros organismos especializados sostienen que los cultivos de coca en el 2016 crecieron un 52%, hasta alcanzar las 146.000 hectáreas. Al desmovilizarse gran parte de las Farc, que en buena medida se financiaba mediante ese negocio ilícito, esto supone que el margen de utilidad de las mafias aumentó de manera considerable. En Washington el gobierno de Donald Trump, corrobora las anteriores cifras y manifiesta su honda preocupación. Según los expertos esa situación irregular explica el rearme de esos actores violentos, al mismo tiempo que se investiga la denuncia de la Fundación Redes de Venezuela de la desaparición de miles de armas y explosivos de las Fuerzas Armadas que con apoyo oficial podrían haber ido a parar a manos de los violentos de Colombia.

El Gobierno nacional ha movilizado miles de soldados al sur del país, con la misión de combatir las bandas armadas. Hasta ahora no se conocen los resultados de tales operaciones y se anuncia que se establecerán nuevos puestos de control en varias zonas estratégicas por las cuales se movilizan las drogas y los subversivos. Entre las hipótesis no se descarta que, como algunos efectivos son soldados bisoños y se trata de penetrar selvas peligrosas, las operaciones avanzan con precaución y adelante van los más veteranos, todo lo cual resiente a los mandos subversivos. Así que expertos en la guerra de guerrillas, manifiestan que los atentados terroristas pueden ser la respuesta urbana a la escalada militar en el sur del país. Lo mismo que un intento de los halcones del ELN, por doblegar al gobierno en la mesa de negociaciones de Quito.