HISTÓRICOS DECRETOS
El Bolívar ambiental

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He estado revisando cuidadosamente los antecedentes históricos que tiene Colombia en cuanto hace al cuidado de los recursos naturales que posee y para nadie es un misterio que, hoy por hoy, los gobernantes tengan que incluir en sus agendas el tema. Lo realmente curioso es darse cuenta de que para el primer cuarto de siglo, en el siglo XIX, Simón Bolívar ya trataba de proteger dicho patrimonio.

Para diciembre de 1925 el libertador promulgaba desde Bolivia, éste interesante decreto: “Que en todo los puntos en que el terreno prometa hacer próspera una especie de planta mayor cualquiera, se emprenda una plantación a costa del Estado, hasta el número de un millón de árboles, prefiriendo los lugares donde haya más necesidad de ellos”.  Si hoy por hoy algún gobernante de lo que fue “La Gran Colombia” aplicara este decreto quizá no estaríamos sufriendo los desastres naturales causados por la deforestación masiva. Debemos tener en cuenta que para 1825 no existía conciencia de la importancia de las plantas en el equilibrio del planeta, de ahí la importancia del pensamiento de Bolívar; mientras la comunidad internacional tardó hasta 1971 en tomar cartas en el asunto, Bolívar se adelantó con las soluciones para proteger la naturaleza.

Por la época Bolívar también mostraba interés en la defensa del suministro de agua, al respecto promulgó el siguiente decreto: “Como gran parte del territorio carece de agua, que se visiten las vertientes de los ríos, se observe el curso de ellos, y se determinen los lugares por donde puedan conducirse las aguas a los terrenos que estén privados de ella”. De esta manera Bolívar pretendía organizar el suministro de agua y protegerlo para el bienestar de la totalidad de los ciudadanos. Hoy por hoy estamos elaborando planes de manejo y ordenación de cuencas, obedeciendo sin saberlo, un decreto del Libertador que hubiera reducido muchos de los riesgos que hoy existen.

Tuvo también la virtud de adelantarse al “pago por servicios ambientales” y a las “tasas retributivas”, Bolívar expidió un decreto al respecto que decía: “Cualquiera que extraiga de los bosques del Estado, quina, maderas preciosas y de construcción sin la debida licencia, o traspase los límites que se hayan fijado, incurrirá en una multa de veinte y cinco a cien pesos, aplicados a los fondos públicos; además pagará, a justa tasación de peritos, los objetos que haya extraído o deteriorado”. Debo suponer que Bolívar pensó que habría suficiente autoridad y vigilancia para hacer cumplir esta norma.

 

Pero el Libertador no se conformó con proteger la naturaleza, quiso también adelantarse al concepto de “desarrollo sostenible” y promulgó el siguiente decreto al respecto “Decreto fomentar la industria, promoviendo y concediendo premios a los que inventen, perfeccionen o introduzcan cualquier arte o género de industria útil, muy particularmente a los que establezcan las fábricas de papel, paño u otras, a los que mejoren y faciliten la navegación de los ríos y hagan menos dispendiosos, fácil y cómodos los transporte por tierra. Para todos estos objetos, usará de las liberalidades del comercio y agricultores y de las rentas sobrantes de propios de la provincia, poniéndose de acuerdo con los cabildos que cooperarán por su parte de todos modos”.

Habló Bolívar de la protección de los ecosistemas, de la flora, de la fauna, de los ríos, de los lagos, de las minas; habló también del desarrollo como eje del estado y de la producción agropecuaria y minera; logró conjugar estos temas y se adelantó siglo y medio a la preocupación ambiental del planeta. Me quisiera preguntar ¿En donde perdió el rumbo nuestra clase dirigente? Y ¿Cómo exigirle a dicha dirigencia que lo retome, para el bien no solo del país sino del planeta?

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