¿Y la reingeniería policial?

La reforma a la Policía Nacional se viene estudiando desde hace más de dos años e incluso el Gobierno creó una comisión especial con ex ministros de Defensa y expertos para sentar las bases de las modificaciones estructurales y funcionales de esa Institución. Sin embargo, terminó el 2016 y el informe de esa instancia no se oficializó al menos públicamente. Ahora sí, desde distintos sectores se viene urgiendo que se abra una discusión profunda alrededor del tema, más aún ahora que el debate en torno al llamado posconflicto ya pasó de la parte teórica a la real, dado que ya se firmó el acuerdo de paz con las Farc y el Congreso inició el respectivo proceso de implementación normativa de lo pactado, bajo el mecanismo de la llamada vía rápida legislativa o fast track. Aunque el Gobierno insiste en que la estructura, presupuesto y misión funcional de la Fuerza Pública no fue tocada dentro de lo acordado con la guerrilla, es claro que tienen que adoptarse medidas respecto al rol que debe cumplir ésta ahora que la principal guerrilla está en proceso de desarme y desmovilización, en tanto que toman fuerza otros actores generadores de violencia como las bandas criminales, los carteles y microcarteles del narcotráfico y otros fenómenos de delincuencia común y organizada que medran alrededor de flagelos como la minería ilegal y el contrabando.

Es claro que el rol de la Fuerza Pública debe adoptarse a estas nuevas circunstancias y que dentro de ese escenario una de las urgencias mayores tiene que ver con la estrategia para atacar la inseguridad urbana y los delitos de alto impacto que, como el microtráfico, el robo de celulares, el atraco callejero y otras conductas criminales que azotan el día a día de todos los colombianos, requieren replantarse.

No se trata en modo alguno de plantear una reducción en el pie de fuerza policial. Todo lo contrario, en repetidas ocasiones hemos advertido desde estas páginas que los estándares de uniformados por cada 100 mil habitantes en Colombia son más bajos que el promedio de muchos otros países que no tienen los problemas de seguridad urbana así como de delincuencia común y organizada que afectan a nuestro país. Es más, uno de los puntos clave de la reingeniería policial debe ser un compromiso del Estado para aumentar el pie de fuerza de la Policía a nivel nacional, redistribuyendo no solo personal que sea sacado de la función típica de orden público, sino aumentando la profesionalización y especialización de los uniformados.

Así mismo es evidente que se requiere de una mayor coordinación y articulación entre el día a día de la actividad policial con la capacidad de la justicia para procesar a los capturados en flagrancia. De nada serviría aumentar el pie de fuerza policial, si los presuntos delincuentes que son detenidos, como se dice popularmente, con las manos en la masa, terminan volviendo a las calles en cuestión de horas, días o pocas semanas  debido a la flexibilidad de la legislación penal y contravencional.

Otro de los elementos sustanciales de la reforma a esta institución armada, tiene que ver no solo con una mayor capacidad de inteligencia y de operación preventiva del delito, sino la mejor relación con la comunidad. En este tema lo clave, al menos en el corto plazo, es la aplicación del Nuevo Código Nacional de Policía aprobado a mitad del año pasado por el Congreso, tras más de 40 años de no reformar esta normatividad clave para las reglas de convivencia ciudadana. El Código comienza a regir precisamente este mes y se sabe que todo el pie de fuerza de la Institución lleva varios meses interiorizando los alcances de la normatividad, pero no así ha pasado con la población en general, que en un gran porcentaje no conoce los cambios que trae la nueva ley, pues su proceso de socialización ha sido bastante deficiente. Este, sin duda, podría ser un problema en el inmediato plazo porque seguramente va a generar roces entre la ciudadanía y los uniformados cuando comiencen a aplicar las nuevas reglas del juego.

Lo importante, como se dijo es que la reingeniería policial comience a aterrizarse en el corto plazo. Pero para que ello sea posible se requiere, como principal elemento, que el debate se abra de una vez por todas y la discusión se aterrice a temas concretos y puntuales. 2017 es el año para ello.